lunes, 28 de octubre de 2013

Comienza la temporada invernal


Sabía que se trataba de un espejismo y, aún así, seguí creyendo en él. Todos íbamos vestidos con nuestras mejores galas de piel de cordero; Felipe nos acompañaba con una “gorda” impresentable y nadie se lo recriminaba; resultaba fácil seguir el ritmo de los primeros y aprovechábamos la ocasión para hablar. Andrés llegó a creer que sus entrenamientos con bicicleta de spinning y que sus huidizas salidas de fin de semana por el monte daban sus frutos. ¡Todos éramos muy felices!

Acaso fue un presentimiento o una leve sensación, pero me pareció que, en cuanto dejábamos atrás Urroz, hubo un ligero movimiento hacia arriba en la velocidad de crucero y, otra vez, miraba a las grietas del camino con más insistencia que a cualquier otra cosa. Giramos hacia Artaiz y estoy seguro de que el pensamiento de todos nosotros coincidía en que teníamos que solucionar un problema:

-          1ª estación.- Subidita hasta el kilómetro 4 adornada de cortísimas bajadas e inapreciables territorios llanos. Algunos no dejamos que bajase la cadena del plato grande. Todos poníamos mucho interés en que la próxima cuestecilla fuese la última pero era inútil: si no has llegado al kilómetro 4, todavía tendrás que subir alguna que otra chorradita y, como digo, en plato grande y a “tutta la oxtia”.

-          2ª estación.- Una vez superado ese hito, los “gigantes de la ruta” sienten unas ganas tremendas de demostrar su poderío y nos acercan hasta Iriso. Este pueblito tiene una pequeña trampa en forma de falso llano. Esto significa que el llano es muy falso, es decir, que tienes que subir una cuesta rápidamente. Alguno sé que lo pasó bastante mal aunque después cazó al grupo en la cuesta abajo.

-          3ª estación.- Llegamos a un tramo en el que es fácil rodar, no tiene ninguna dificultad. Por mucho que se esfuercen los de cabeza nadie se queda, al contrario, todos tenemos ganas de asomar el morro. Recuerdo que José Antonio me dio una idea para alardear en la crónica cuando me dijo: -“luego pondrás que has ido todo el rato tirando a costa de estos metros que has ido el primero”- ¡Qué cabrito el Arambillet, cómo me conoce! De todas las maneras, tengo que reconocer que, desde que formo parte del cuarto poder, observo un cierto interés en el personal en salir bien parado en las marcianas crónicas.

-          4ª estación.- Cuanto más corramos, antes llegaremos al inicio de la cuesta de Tabar y esto significa otro sofocón si quieres no perder comba. Se trata de un repecho de alrededor de un kilómetro. Desde el helicóptero de TV se observaba que todos queríamos tomar una buena posición para empezar el calvario con garantías. Se formó un pequeño tapón al ocupar todo el ancho de la carretera y yo hice un pequeño alarde que no era tal, sencillamente no quería frenar y perder la velocidad que traía. Desde el lado izquierdo crucé al derecho y ahí estaba la susodicha. Como decía hace mucho tiempo, el peligro de la bala lo acarrea su velocidad. El peligro de la cuesta lo trae la velocidad con la que se sube y el engaño de pensar que al final del tramo que se ve desde abajo, se acaba; no, no se acaba, sigue doscientos o trescientos metros más y esto suele resultar fatídico para más de un olvidadizo.

-          5ª estación.- Bajamos hacia Lumbier sin contemplaciones. El 11, el 12 y unos pocos el 13 se sacan a relucir y ya no se quitan. Los pájaros a motor se animan a competir con nosotros y, al cabo de un rato, veo que llevamos a un maromo metiendo ruido a nuestra izquierda con la misma pinta que llevaría otro jicho montado en una lambretta pretendiendo poner la postura más aerodinámica posible y pasarnos. Al final logró remontarnos por encima de las cabezas. En ese punto José Antonio dio un ataque seco, pensé que sería el definitivo porque se llevó detrás a dos rodadores de los buenos y tres son muchos para lo poco que queda para el café. Opté por mantener la velocidad, al fin y al cabo no corren en el Movistar y si tu equipo no es el número uno mundial, no eres tan bueno. Si mantengo la velocidad os cogeremos. Así fue, con una pequeña trampa de por medio, llegué el primero al Irubide.

-          6ª estación.- En cuanto hube acabado de repostar, noté como sendas contracturas, una por cada pierna, se apoderaban de mis muslos. ¡Qué bien! ¡Vais a ver cómo subo el puerto de Loiti! Una maravilla con Luis y Pedro, buen ritmo y las contracturas que comienzan a evaporarse.

-          7ª estación.- Ponemos rumbo a Pamplona. Carretera sin obstáculos, viento de sillín y cantidad de voluntarios para “tirar del carro”. Las rotondas son una buena excusa para comprobar el agarre de los neumáticos a la carretera y así seguimos hasta que nos entró la célebre cordura navarra y atemperamos la velocidad un poco.

-          8ª estación. Toma de decisión: ¿ampliamos la vuelta por Aranguren o vamos hacia casa? Pues eso, unos para la derecha y otros para la izquierda, ¡natural!

-          9ª estación.- Andrés y yo decidimos bebernos a cada cerveza en la terraza del “Tip Top”. ¡Muy buena idea, oye!

-          10ª estación.- Se llega a casa y el GARMIN apenas señala  90 kilómetros.

Amén. Hasta pronto. Bs.

 

sábado, 26 de octubre de 2013

¡Viva el consumismo!





Hace pocos días, no recuerdo en donde, vi una fotografía de un antepasado nuestro; muy bien podría tratarse de un familiar de cualquiera de nosotros, pongamos que de un abuelo. De él recuerdo dos cosas: tenía la cara y las manos de cuero arrugado; su ropaje, apenas pantalón y camisa, tenía muy poco de su versión primitiva;  la mayor parte de su superficie original había desaparecido o servía de entramado para soportar los sucesivos petachos que a lo largo de los años habían sido añadidos.
En tan poco espacio de tiempo, apenas 50 años, se han ido apoderando de nosotros unas necesidades de consumir que, como diría aquel, no nos conoce ni la madre que nos parió. El comercio es el rey del cotarro, el asunto se sustenta en el consumo y, en cuanto has consumido, ya no eres interesante, las miradas se fijan en el siguiente.
Durante mi vida laboral ocupé gran parte de mi tiempo en implantar nuevos y sucesivos métodos de trabajo que duraban apenas un año. Enseguida se acababa el ciclo y comenzaba otro nuevo que mejoraba el anterior. Los compañeros de trabajo se quejaban en cuanto me veían aparecer por la puerta de entrada a las oficinas; justamente cuando empezaban a dominar el viejo sistema, yo traía otro bajo el brazo mejorando lo inmejorable.
¿Os habéis fijado que vivimos bajo el yugo del consumismo ciclista? Enumeremos, por favor:
-          Bicicletas montadas desde la fábrica.
-          Normalmente no estamos conformes con el equipamiento que traen y procuramos adecuarlo a nuestro gusto.
-          Sucesivas mejoras a lo largo del tiempo hasta que compramos otra bicicleta.
-          Zapatillas.
-          Vestimenta adecuada a la moda que marcan las tendencias. Ahora se lleva el color negro, muy propio para soportar los rigores del verano y para pasar desapercibido en la carretera.
-          Cascos. Elementos muy útiles para cuando te caes de cabeza pero inútiles en muchísimas otras ocasiones, por ejemplo cuando te caes con la cadera, de rodillas, con las manos por delante, de morros. No importa, ahora los hacen de kevlar, muy resistentes y sus diseños cada vez más modernos. Este año se han empezado a ver en las grandes pruebas unos muy parecidos a los orinales, sin apenas aireación  pero que van muy bien para los sprints.
-          Prendas antifrío, antiviento (windstopper), antiagua.
-          Gafas.
-          Aparatos de medición de velocidad, revoluciones, temperatura, localización.
¿Sabéis una cosa? Todo esto no nos sirve para nada, bueno, para nada no, acaso para calmar nuestras “ganicas” insaciables, alimentadas por el boca a boca de nosotros. Insisto ¡para nada! Todo lo que compremos hoy, será superado mañana o esta misma tarde. La bicicleta nueva mañana es vieja y lo cojonudo es que, tanto la “vieja” como la “nueva”, son igual de buenas: responden a la primera, pesan nada y corren todas mucho (o poco, según).
¿Os imagináis a nuestro abuelo, el del primer párrafo de esta crónica, siguiendo los dictados de la moda? ¡En fin! No me hagáis caso, si no de qué iban a vivir tantos fabricantes y currelas del automóvil, por ejemplo, si siguiéramos utilizando el primer coche que tuvimos y que tanto humo echaba.
Lo dicho: ¡sigamos consumiendo!
 

jueves, 24 de octubre de 2013

¿Nos aliamos con el viento?


Después de unos días revueltos con el viento muy presente y la lluvia a la vuelta de la próxima curva, ayer, los “tres” enseguida nos pusimos de acuerdo. No fue necesario quitar muchos minutos al partido de la jornada.

Las App’s  pronosticadoras del tiempo, los maldonados, los florenci rey, todos decían lo mismo: -“temperaturas suaves propiciadas por el aire recalentado procedente del SE”-

Si queremos volver con el aire pegando con fuerza en el sillín, la solución es muy sencilla, sólo tenemos que orientarnos hacia cualquiera de los “sures” de Pamplona. Al principio nos preguntaremos de quién fue la idea de airearnos tanto y cuanto, pero después, todos nos apuntaremos a levantar el dedo diciendo: ¡yo! ¡yo! ¡yo he sido el listo! cuando disfrutemos de los platos gordos y las coronas pequeñas y se nos acerquen las imágenes de Iruña por cualquiera de los accesos de “abajo”.

Bien, la cita, para no perder la costumbre, en Cizur. Se nota que el año camina hacia el invierno y nuestros eternos amigos los peregrinos de Santiago ya no son tantos; apenas dos orientales y tres o cuatro desparramados de producción nacional. Sin duda que hemos aprendido a introducirnos en la bocanada del viento y, tras unas cuantas miradas al negro del pavimento y a las escolleras de potasa, nos hemos encaramado en el alto de Subiza. En Campanas hemos tenido que compartir ruta con los habituales de la general, ya se sabe: camiones, furgonetas y automóviles haciendo “el calamar”. Luego dicen que es malo fumar ¡peor resultan los tubos de escape que, sin descanso, acompañan hasta el cruce de Artajona!

El viejo campamento del Carrascal casi ni mirar; el culpable era el viento: ya no nos pegaba de cara o de costado, empezaba a acariciarnos el jopo y, con su suave roce, hacía que por Olcoz se adivinase que la subidita siguiente iba a ser movida. Así, con alguna que otra bronca de algún que otro “bocas”, hemos bajado la Txapela y ya en Artajona el aire era un amigo del alma, un querido amigo de los de toda la vida, un amigo como Dios manda.

En Puente la Reina, justo en La Conrada, la Federación Navarra de Ciclismo acaba de abrir otra delegación para atender a los numerosos ciclistas que se acercan a comer los pintxos que, tan amablemente, te sirven en la terraza del bar.

 

Desde el pueblo de mi padre, subiendo a Orendáin, nos dirigimos a casa. Resulta una ruta muy amistosa, abrigada y con la justa medida para dejar pasar el airecillo necesario para que mires con orgullo el GARMIN y veas que los dígitos de la velocidad serían la envidia de Míkel Azparren en su Camino de Santiago del pasado mes de Agosto.

Hemos intentado subir la cuesta de Arguiñáriz pero, cuando apenas llevábamos un kilómetro de carretera descarnada y un rebaño numeroso de ovejas a nuestro lado, ha empezado a lloviznar: amiguitos ¿nos piramos de aquí?

No ha hecho falta preguntar otra vez, hemos vuelto a nuestra velocidad de crucero y, por el Oeste (Mendebaldea) nos han visto entrar los aficionados al ciclismo, los otros ¡no!, esos no nos han hecho mucho caso.

¡Oye, buena vuelta! 85 kilómetros dan mucho para contar pero ahí queda resumido.

Hasta pronto. Bs.

 

 

domingo, 20 de octubre de 2013

Y llegó la última.


Tenía la esperanza de que hoy haríamos la marcha a ritmo tranquilo. Se trataba de la última oficial del año y, de la misma manera que en las “grandes vueltas”, la dernier etapa sirve  para conocer la cara sonriente de los compañeros de profesión. Hoy acudía a la “autoescuela” con esa inocente ilusión.

En la Avda. de Bayona hemos parado en el semáforo que puso Maya para ayudar a cruzar la calzada a los bailarines del Marengo: -“esto marcha, he pensado, sólo nos falta la copa de Mainegra para parecernos al bueno de Horner”-

La cosa se ha empezado a poner seria cuando circulábamos por la variante east: Luis (Garde) llevaba a su lado a Jesús (el Maestro) y se contaban sus cosas. Ninguno de los dos se daba cuenta de la situación porque son unos fenómenos, pero los círculos magnéticos de Navarra comenzaban a manifestarse y por la Papelera del Carmen, camino de la cuesta de Mendióroz, pensaba en “¿¡quién coño me ha mandado venir aquí, a esta etapa tranquila de fin de temporada, con lo bien que estaba en la piltra!?”

Siempre sucede lo mismo, en cuanto dejamos atrás la cuestecilla, se sienten unas ganas irreprimibles de comprobar si el plato grande funciona. A los demás les ocurre igual pues enseguida te sientes acompañado, arropado, al menos en espíritu, para acercarte a la cuesta de Lerruz.
 Camino de Urroz ya todos, o casi todos, hemos probado la “gracia de dios” y nos sentimos los reyes del mambo.

Del tramo de Izagaondoa que nos sube la cuesta de Unciti no me preguntéis muchas cosas. Normalmente lo hago como puedo, mirando al suelo y con la vana esperanza de terminarlo sin contratiempos. Creo que podría describir mucho mejor los baches y las grietas de la calzada que los cultivos de los campos de Artaiz. Al llegar arriba me ha parecido que la velocidad tendía a apaciguarse y eso, queridos amigos, no está bien: las cuestas arriba hay que subirlas despacio y las que miran hacia abajo a “tutta la oxtia” ¿d’acord?

De esta manera hemos alcanzado el Cruce de Monreal y ha sonado la hora de Russell. El cabronazo del escocés ha sentido la llamada de su instinto celta y nos ha llevado rumbo a Campanas a velocidades más propias de las primeras etapas de nuestra “gran prueba” que de la última. Ignacio gritaba: -“¡no le déis el relevo!” ¡jajaja! ¡Toma, un relevo y otro, y otro, y otro! Así hasta el Carrascal.

Si alguien quería ir despacio, sin duda, se ha equivocado de día. Además la ruta de Obanos, camino de Eunate, todos sabemos que no es muy aconsejable tomarla a ritmo cansino, ¡no se puede, es imposible! Nos encontramos en otro de los famosos lugares magnéticos de los que tantas veces os hablo. Estos círculos atraen irremediablemente hacia abajo, la fuerza de la gravedad se multiplica y los platos grandes se alían con las coronas pekeñikas haciendo que el tiempo se acorte y lo que normalmente se tarda en recorrer una hora, ahora resulte suficiente con media. ¡Qué curioso resulta esto de la física!

Se me ha ocurrido que podía ser una buena ocasión para comprobar cuánto tiempo sacaba al pelotón si tomaba un atajo. Se trata de un tramo que forma parte de lo que Ignacio llama “la vuelta de las Tres Cimas del Lavaredo”. Así que, en lugar de enfilar hacia Puente, he seguido rumbo a Muruzábal subiendo una cuestika que el GARMIN ha señalado con el 20%.

Los perros del pueblo se han sorprendido al verme aparecer por la retaguardia, lo mismo les ha ocurrido a las buenas personas que iban a misa de 11. En esas estaba cuando he desembocado en la carretera que conduce a Uterga: ¿qué es aquello? ¡La furgoneta! ¡Joder, si van delante de mí! ¡Menudo atajo he tomado! En fin, que vayan preparando la mesa.
 

 

La fatiga de la mañana ha desaparecido de manera rápida, las sonrisas afloraban fácilmente y la única botella de clarete que había encima de la mesa era la mía ¡buen provecho!

Desde aquí en adelante, después del parón del almuerzo de confraternización, no tiene grandes cosas para relatar. La subida del Perdón, siempre arisca, hoy me ha dado lo mismo, no le he hecho ni caso. Para que lo sepáis, la he realizado hablando con Joaquín desde la ventanilla de su bólido. Me ha dejado en la cima del puerto y pronto ha llegado el final de esta temporada ciclista. Con ésta he logrado completar la número 37 desde que allá, por el año 77 (siglo XX), comencé a conocer gente pirada por el ciclismo, sin duda ¡buena gente!

Hasta pronto. Bs.

 


jueves, 17 de octubre de 2013

¿Qué fue de aquellos...?


Todos sabemos que el ciclismo es un deporte muy celoso. No le gusta compartir protagonismo con ninguna otra actividad deportiva y, a lo sumo, ha permitido que lo anuncien en el mismo cartel junto con la natación y el pedrestrismo, hablo del triatlón. He querido retar a mi deporte jugando a albañil y lo he pagado caro: me encuentro más encorvado que el Jorobado de Notre Dame.

Entre papeleta y papeleta de antiinflamatorio, periódicos y tablets, he caído en un pensamiento recurrente: el ciclismo vintage. No sé a vosotros, pero ¿os dáis cuenta  que, de una manera natural, aquellos ciclistas que durante años leemos sus nombres en los diarios, los oímos nombrar en la TV y, algo menos, en las emisoras de radio, de repente se esfuman y los olvidamos? La pescadilla comienza a rodar y a morderse la cola; conforme desaparecen unos,  van apareciendo otros y estos, a su vez… ¡en fin! El ciclo de la vida.

Sucede que, un día, haciendo sitio en el trastero, decidimos tirar al contenedor de “papel y cartón” unos cuantos metros cúbicos de antiguos Miroir de Cyclisme y los más actuales ejemplares de Ciclismo a Fondo. El remordimiento se apodera de nosotros y, con el fin de descargar la conciencia, antes de arrojarlos al ciclo de la pasta de papel, echamos una última ojeada a nuestro olvidado tesoro ciclista. Nos damos cuenta de la evolución que han  tenido los componentes de las bicicletas, lo delgaditas que eran entonces y lo gordas que se han puesto ahora. Casi nadie llevaba casco, a lo sumo chichonera de cuero. Todos los ciclistas tenían su propia fisonomía, ¡ya no! ahora presumen de cara uniformada, encuadrada por el casco y sus agresivas gafas. Me viene un pasaje de una canción de Franco Battiato que dice: 
     -“Hay quien se pone unas gafas de sol por tener más carisma y sintomático misterio”-

En esas estaba cuando he cogido un montón de ejemplares de los años 93 y 94 (siglo XX). El número uno del ciclismo mundial era un muchacho que nació en mi tierra, en Navarra. Tengo la impresión de que no le hubiera importado demasiado haber nacido en cualquier otro lugar del mundo pero, sus características personales y su educación, son inequívocamente de aquí; se nota que su entorno familiar y geográfico es de Navarra. Hablo de Miguel Induráin.

Por aquella época había un buen número de ciclistas rusos y, entre tantos, lo lógico era que saliera algún sargento, teniente o capitán del ejército soviético dispuesto a ponerle las cosas tiesas al bueno de Miguel. Me acuerdo de Ugrumov y de los locutores de la SER rezando en directo para que Piotre no se pusiera de líder en el Giro del 93 desbancando al de Villava. Al año siguiente le tocó el turno a Eugeny Berzyn, se llevó el Giro de calle y truncó la racha de mi paisano en Italia. Por cierto, en los foros de internet a los más osados les gusta preguntarse cuando le tocará a Miguel Induráin aparecer en algún escándalo de doping. Son gente ruin, cainitas los llamo yo, personas con el colmillo retorcido y perteneciente a la familia de los suidos (cerdos). No nos desviemos del tema, Berzyn; ¿dónde estás Eugenio? ¿qué tomaste aquel año? ¿se acabó la pócima? ¡pobre!

Hubo más exsoviéticos por aquellas fechas: Konyshev, Tchemil, Poulnikov. ¿Qué fue de ellos? La inexorable pescadilla seguía rodando y poco a poco fueron engullidos por su propia boca.

Todo eso ha venido a mi memoria cuando hoy hacia sitio en las estanterías del trastero.

Hasta pronto. Bs.

martes, 15 de octubre de 2013

Negrura centroeuropea


A punto de sonar el despertador, a eso de las siete de la mañana, la negrura del cielo invita a quedarse en la cama,  mandar al carajo las intenciones de la noche anterior y dejar para el verano próximo las vueltas en bicicleta. Decido dar otra oportunidad al del telón negro y desayuno tranquilo mientras leo el “diario”. Poco a poco llegan las ocho y todo sigue igual: oscuro.

La normalidad comienza a apoderarse de la ventana y las nubes dejan a regañadientes su color nocturno. Ignacio no está tranquilo, me avisa de que en Esquíroz está lloviendo y sospecha que sucede lo mismo en todo el lejano perímetro que rodea su casa. Juanjo está valiente y no le asusta el panorama, sólo propone cambiar la bicicleta de carretera por la de monte. A las 9,30 horas en Cizur con las “gordas”

No sé qué pasará de mañana en adelante pero hoy la Ruta de Santiago estaba igual de transitada que siempre. No importa que sea otoño, quiera llover o que avisen bajada de temperaturas;  la edad no supone ningún obstáculo, tampoco que estén gordos; unos llevan un bastón, otros dos y otros… ninguno. Pantalones largos, cortos, con gorros unos y con pañuelo en la cabeza los demás. ¡Ánimo, sólo os quedan 750 kilómetros!

Salimos camino del polideportivo de Cizur y ascendemos hasta situarnos en el alto que domina la Cendea. Al frente tenemos el Cabezón de Echauri y a la derecha la Cendea de Olza. El cielo sigue a lo suyo e Ignacio ha decidido visitar, levemente, el suelo.

Bajamos hacia Gazólaz y acortamos por el viejo camino del cementerio para pedalear rumbo a Ibero. Apenas tenemos contacto con los humanos. Desde el pueblo de Irujo tomamos dirección hacia la “Chopera de Asiáin”. Bordeamos las instalaciones del C.D. Pamplona y nos metemos en el laberinto de caminos que martirizan el campo. La intuición ha trabajado bien y llegamos a Aldaba; no se ve a nadie por las calles, si alguien nos mira es a través de los visillos; tampoco hay perros, están en la cocina dormitando. El frontón podría acoger a cualquier partido de postín televisado y las casas son dignas de las revistas especializadas en pueblos elegantes.

Enfilamos hacia Zuasti y, cosa extraña, en la empinada cuesta que comienza en el túnel se nos queda “el escalador”. Llegamos al Area de Servicio y nos atracan: - café con leche a 1,80€; el café cortado resulta un poco más barato, sólo cobran 1,70€ ¡qué locura!

Seguimos insistiendo por los caminos que llevan a Añézcar y nos situamos en la antigua vía del Plazaola. Por el pueblo de Berriozar nos introducimos en La Rochapea y miramos al GARMIN: son las 12 del mediodía y aparecen en un recuadro pequeñito dos cifras: 45.

Los kilómetros resultan pocos pero son como “Pancho López”: Chiquito pero matón.

Hasta otra. Bs.

 

 

domingo, 13 de octubre de 2013

La penúltima de la temporada, ¡en serio!


Una cosa es pronosticarlo y otra muy distinta  sufrirlo. De acuerdo, nos habían dicho no sé qué de una bajada vertiginosa de las temperaturas ¡lo reconozco! pero, pese a todo, considero que la caló se nos ha ido de la noche a la mañana a lo “traidor”.

Ayer me acerqué a la “autoescuela” con miedo de haberme equivocado en la vestimenta y, en cuanto hube andado 100 metros, me dije: -“Víctor, la cagaste Burt Lancaster”- Me vestí con cullotte de invierno y maillot de entretiempo, ¿alguien podría aclararme para qué sirven las prendas que llamamos de entretiempo? Debe de tratarse para uno o dos días que existen en el calendario y, pasados los cuales, no valen para gran cosa: si la temperatura es fresquita tirando a buena, a la larga vas a sudar. Por el contrario, si la cosa está tirando a fría, no lo dudes, te vas a helar.

Hoy he salido decidido a no sufrir lo de ayer, helarme, así que he atacado con dos collons: maillot de invierno “etxeondo” y a ver qué pasa. Inmediatamente fuera de mi piel sentía que hacía frío pero, inmediatamente dentro de ella, iba de cojón de mico: ¡premio!

En cuanto hemos dejado atrás el barrio de San Jorge, el pelotón ha echado a andar con garbo. La cuesta de Orcoyen la hemos subido con estilo y las rectas de Arazuri a “paso ligero”. Por ahí llevaba a mi lado al madelman Arambillet y se quejaba de la parsimonia del grupo en el llano y que luego en las cuestas, seguramente echaríamos el bofe. El mundo al revés. No me he atrevido a contradecirle porque todo es muy subjetivo y seguramente tendría su razón; yo, en cambio, pensaba: ¡jodé! menudo trote llevamos.

Mientras nos acercábamos a Irurzun ni me he fijado en lo pesada que se hace la cuesta del cruce de Anoz ni la de Atondo; mi mente tenía otras metas más serias, por ejemplo el alto de Aizcorbe. ¡Sí! Ya sé que alguno a mi lado iba hablando, era pura fachada, seguramente esta pasada noche habrán estado entrenándose para subir una cuesta de más de un kilómetro de largo a veintitantos kilómetros por hora, si no ¿de qué? Yo la he subido en silencio como los buenos, escondido, sin hacer alardes, sin chulería.

Ahora quedaba el alto de Cía, otra pequeña encerrona de 3 kilómetros. Al frente del carro se han puesto a tirar los fraternos Braco, a su alrededor se han ido acercando todos los aspirantes al “premio menor de la vuelta”: la montaña. Yo subía bastante bien pero el subsconciente empezaba a avisarme de que faltaban 2 kilómetros para coronar y de que, antes o después, iba a tener que claudicar. He echado mano de la poca cordura que me queda y he subido a mi ritmo con el nuevo del maillot de Leiza. Por detrás venía Ignacio y, con todas sus fuerzas, nos silbaba para que le esperáramos. Porque eres uno del “trío”, que si no te espera Arambillet.

A punto de llegar a Echalecu, hemos alcanzado a mi compañero de profesión Javi, ¡felicidades¡ y nos hemos lanzado en pos de uno de azul que divisábamos a lo lejos. Por el cruce de Garzaron le hemos echado el guante y ha resultado ser la nueva promesa de las letras y de la fotografía navarra: Carlitos.

No hemos repostado en Auza, teníamos cosas más importantes que hacer, por ejemplo atrapar al de “siempre”, José Salvador, y llegar a casa antes de las 12.

Esto ha sido todo por hoy, bueno, se me olvidaba decir algo: cansado, ¿eh? No creáis que todo eso se hace mirando al tendido como hacía El Litri, ¡no! ha hecho falta poner mucho empeño y tragarnos el cansancio para que el público nos aplaudiera al subir la cuesta de Beloso.

Hasta pronto. Bs.

 

miércoles, 9 de octubre de 2013

Entrenamientos revoltosos


Es una semana revoltosa, variada. El lunes tenía querencia hacia el Camino de Santiago, disponía de poco tiempo y el buen recuerdo del reciente estreno hizo que “el escalador” y yo subiéramos sin remedio hasta El Perdón. Llevar al lado a un especialista de la MTB tiene un efecto motivador, por lo que adelantamos a un buen número de peregrinos que tuvieron prisa en madrugar. En algo menos de dos horas ya estábamos en casa.
 

“Los Tres de Castilla” han vuelto a unirse con más fuerza que nunca, es un grupo indestructible, no hay fisuras; los insultos revolotean sin cesar en un trayecto de ida y vuelta sin hacer mella en el destinatario.

El martes es un buen día para comprobar que la carretera hacia Irurzun sigue exactamente igual que siempre y es hollada sin piedad cada uno por su surco. Estoy seguro de que, si dispusiéramos de esos adelantos técnicos en los que se sigue la disputa que cada nadador tiene con el récord mundial de su distancia, veríamos que todos nosotros tendemos a discurrir siempre por nuestro lugar, sin apenas variación. Sin saberlo, estamos haciendo el recorrido de la próxima marcha, ¡sí! Subimos Aizcorbe y no hacemos caso del templo budista. Atravesamos Cía por el centro, no hay más remedio. Da pena ensuciar la negrura de su recién estrenado asfalto. La subida del puertecillo ofrece algo de resistencia por culpa del viento y comienzan las divergencias: ¿procede del NE o del NNE? Yo creo que se trata de un viento con tufillo castellano (O) pues recorre todo el Valle de Ulzama desembocando en Ostiz y de eso, los del pueblo, saben. Desde Jaunsarás hasta la N-121 cuando sopla el viento que digo, si yo tuviera algo que ver con el cobro de tasas e impuestos, pondría uno bien gordo a todos los profesionales que circulan por esos lugares tan acobais. Se pasa tan bien que creo que llega a ser pecado, en serio. La Look no gruñe, es una máquina de precisión; al GARMIN hace rato que no le hago caso, no hace falta que me diga un “electrónico” que voy por encima de los 50 kms/hora, ¡lo siento! Tampoco tengo tiempo de acordarme de los escaladores, esos especialistas a los que les gusta andar tanto y tan despacio. Este recorrido pertenece a esa especie de rutas que, cuando terminas, piensas que has andado por encima del centenar de kilómetros pero… ná de ná: 85.

A las 9,30 en “la chimenea”. ¡jodé, qué puntualidad! Los “Tres” hemos aparecido para “y veinte”. La ruta elegida ha sido la célebre “Vuelta a Erro” atacada por el lado de Urroz. Ayer recibí una serie de sabios consejos procedentes del amigo Albéniz y, entre ellos, me decía que –“no hay que luchar contra el viento, hay que saberlo tratar, introducirse en su bocanada”-

Hemos tenido ocasión de poner en práctica su lección pues, rumbo a Erro, el viento soplaba de cara. No me preguntéis si venía del N, del NE, del NNE o era “castellano”, era de cara. Nos hemos introducido en su bocanada en porciones de un kilómetro por profesional y, pese a los lamentos del “escalador”, el puerto no se ha hecho esperar.

En el Gau Txori es muy probable que se instale próximamente la Federación Navarra de Ciclismo: estábamos todos; bueno, todos no, Toño y su amigo Javi han llegado un poco más tarde.

Otra vez, cada uno por su surco, nos acercamos a tutta la oxtia a la cuesta de Anchóriz y con el impulso coronamos la de Zabaldica. Lo dicho: con el tiempo tendremos que pagar por pasarlo tan bien, ¡ojo al dato!

Hasta pronto. Bs.

 

 

lunes, 7 de octubre de 2013

Giro de Lombardia



Veía el programa FRONTÓN en Nitro y el expelotari Jokin Errasti quería explicar lo difícil que resulta el juego de la pelota; los pelotaris lo hacen fácil, son capaces de atrasar la pelota hasta la pared del “rebote” pero, para la mayoría de los espectadores, sería imposible llegar al “frontis”. Contaba que en una ocasión jugó un partido de fútbol con el equipo de su pueblo, de regional, y los futbolistas le parecían verdaderos “fenómenos”. ¿¡Qué pasaría si llegara a jugar con el Barcelona!? (Pongo por caso para que no se me note que soy del Madrid).
En mi época de “palista” solía aparecer por el frontón de Burguete; jugaba con pelota de cuero y, la mayoría de las veces, con pelota de goma. No lo hacía muy mal, así que un día un muchacho, Cilveti, que más tarde debutó como “profesional” de pala en el Deportivo de Bilbao, se puso a jugar un partido con nosotros. Él hizo todos los tantos, los suyos y los nuestros; pegaba tan descomunales palazos que no sabíamos otra cosa que abrir la boca. En dos ocasiones mandó la pelota por encima de la pared del rebote y, claro, fueron tantos para nosotros.
En los años 60 del siglo XX, Miguel Angel Irañeta, compañero de clase en los Maristas, creo recordar que fue el primer nadador navarro en bajar del minuto en la prueba de los 100 metros libres. En aquella época nadé en 1:20,00 la misma distancia. El récord mundial lo tiene César Cielo en 46,91.
Así podría repasar todas las especialidades deportivas que en el mundo existen y nos quedaríamos asombrados de lo qué es capaz de hacer el ser humano, bueno algún ser humano; otros nos contentamos con admirar lo que realizan nuestros congéneres, como por ejemplo los ciclistas que corrieron ayer el Giro de Lombardía.
Como la mayoría de los ciclistas navarros, soy muy limitado. Digamos la puritita verdad: aquí no ha habido más que uno que se haya salido del tiesto, Miguel Induráin. Los demás, por muy buenos que nos creamos, somos medianos tirando a malos. No obstante, también tenemos nuestro corazoncito y solemos acercarnos a lugares tiranos para el ciclista y así poder sacar en las conversaciones de los madelmanes recorridos, pendientes, marcas, hazañas…
Lo más tirano que conozco de las rutas navarras está en un camino que conduce desde Arraiz hasta el Puerto de Velate por el monte. Después de un recorrido siempre ascendente con ligera pendiente, justo al dejar la tierra, ésta se convierte en cemento y la amable cuestecilla se transforma en una pared del 27%. Cuando esto sucede, en mi humilde corpachón de ciclista navarro sólo existe una idea, bueno dos: -“¿cuándo cojones acabará esto?”- y -“¡pues yo no me bajo aunque me caiga!”-
 
 
Todo lo anterior viene obligado por lo que ayer recorrieron nuestros compañeros con licencia UCI Pro Tour en Italia. Me he quedado asombrado de lo que hicieron los muy brutos. En los 240 kilómetros de recorrido, tuvieron tiempo de subir una buena ración de puertos de montaña, de los tiranos tirando a otra cosa más gorda. Leo lo siguiente:
-          Muro de Sormano.- Distancia 1,920 kms. Pendiente media al 15,8% con puntas al 25/27%
-          Madonna del Ghisallo.- Distancia 8,58 kms. Pendiente media al 6,2%. Pendiente máxima del 14%.
-          Salita di Ello.- Distancia 3,28 kms. Pendiente media al 7,4%. Pendiente máxima del 15%.
Después de todo eso y bastante más, en la última cuesta del día, Villa Vergano, al bueno de Rodríguez se le ocurrió escaparse a tutta la oxtia. Lo mismo le ocurrió a Valverde pero llegó  17” más tarde que su compañero de selección española.
Pregunta ¿conocéis a algún profesional navarro que sea capaz de hacer esto? De los que corrieron ayer la prueba, ninguno de los cuatro logró acabarla. ¿Alguno más se anima? Yo no, ya os he dicho cuales son mis pensamientos cuando afronto la cuestecilla de Velate; creo que no podría continuar como los 56 ciclistas que terminaron la prueba.
Lo dicho, me asombro de lo que son capaces de hacer los humanos (algunos)
Hasta pronto. Bs.
 
 
 
 
 

domingo, 6 de octubre de 2013

La alternativa al invierno de Pamplona


Las circunstancias me han obligado a tener poquísima actividad ciclista durante esta última semana.

El pasado miércoles noté cómo, poco a poco, una idea se instalaba en mi cabeza. Al principio pasó casi de puntillas, pero fueron demasiadas las veces  que esto ocurrió y, claro, no tuve más remedio que fijarme en ella.  A eso de las dos de la tarde, antes de comer, atravesé el barrio de Iturrama y, como en tantas otras ocasiones a lo largo de este curso, me encaramé a lo alto de Cizur. Fue muy fácil, me había convertido en un peregrino jacobeo.

Hace aproximadamente veinte años tenía por costumbre coger alguna de mis bicicletas de monte, la que tuviera entonces, y unas veces antes y otras después de comer, subía por el Camino de Santiago hasta llegar al cruce de la maltratada carretera que va desde el Alto del Perdón hasta las antenas. Fue conveniente dejar aquello de lado porque se estaba convirtiendo en una obsesión de irremediable destino: el fracaso. Los quince kilómetros que suma este trayecto se cronometraron una y otra vez. Siempre conseguía rebajar la marca de la ocasión anterior y, una vez arriba, regresaba a casa totalmente machacado pero contento. Esta situación no se podía mantener eternamente, nunca lo conseguiría, así que me pareció buena idea dejarla de lado y descubrir otros lugares en donde pasar las tardes.

El Camino de Santiago, después de Zariquiegui y antes de llegar a la Fuente de Erreniega, fue maltratado por las lluvias y corrimientos de tierras, por lo que los propios peregrinos fueron trazando otro recorrido que resultaba imposible realizarlo en bicicleta. Con esta prevención me acerqué el día 2 al fatídico lugar y ¡jodé, está arreglado! Lo han solucionado de manera sencilla y resulta facilísimo salvar el tramo que antaño era tan complicado. Si el tiempo no se muestra esquivo, esta ruta  me va a ver con frecuencia durante el otoño. Apenas tiene treinta kilómetros que son intensos y diversos. Y además ya no tengo la “obligación” de batir ningún récord, ¡qué descanso!

 

Cuando escribo sobre los lugares por donde transito, procuro no ser muy minucioso al estilo del “todólogo” García Alix ya que esto no es ninguna guía del Camino de Santiago; mi intención es que abandonéis por un tiempo las negras carreteras y os introduzcáis por los caminos cercanos a Pamplona. Sí, ya sé que esto tiene el inconveniente del barro pero, por algo más de un euro, las bicicletas vuelven a estar tan limpias como antes.  Es una actividad que no requiere tanto tiempo como la ruta y eso, teniendo por delante el largo y gélido invierno de Iruña, es una ventaja muy grande ahora que las tardes son tan cortas.

Hasta pronto. Bs.

miércoles, 2 de octubre de 2013

A vueltas con el Mundial de Ciclismo


No tengo ni idea de cuantos son,  sólo percibo que son muchos a los que, en este país en el que habito, se les podía calificar como cainitas. Hace mucho tiempo leí que España era un lugar plagado de señores bajitos, calvos, con bigote y con mucha mala leche en sus venas. ¡Y ahí estamos!
Poco a poco, y sólo en algunos deportes, España ha ido despuntado, tanto a título individual como en actividades de grupo. Nunca han faltado las críticas desde el extranjero achacando los triunfos y medallas a las ayudas que proporciona en doping. Bajo mi punto de vista, estas críticas han llegado plagadas de hipocresía y queriendo tapar la mierda que escondían o esconden debajo de sus propias alfombras.
Hace unos pocos años, España en cuestión ciclista era un desierto salpicado por algún que otro oasis. Con la llegada del equipo Reynolds la cuestión fue evolucionando y nos instalamos en un nivel más que presentable. Se pasó de hacer décimos puestos en el Tour de Francia a ganarlos. Conforme la afición al ciclismo crecía, los “enterados” lo hacían al mismo ritmo. Los periodistas se reciclaron y, de la noche a la mañana, los expertos en fútbol pasaron a serlo del ciclismo. Un señor bajito, medio calvo y sin bigote pero con mucha mala oxtia en sus venas, puso especial interés en meterse con “el equipo de Navarra” y la gente le seguía como a nuevo mesías, el único que decía la verdad.
Pues bien, el pasado domingo en los Campeonatos Mundiales de Ciclismo celebrados en Florencia, el pódium fue ocupado por un portugués, Rui Costa del equipo Movistar (¿de Pamplona?) que se llevó la medalla de oro; un catalán, residente en Andorra y descendiente de españoles, que se ganó la medalla de plata; y un murciano que se llevó la de bronce. Al cuarto, Nibali, no le dieron ninguna medalla pero, bajo mi punto de vista, se mereció todas ellas.
Según pude escuchar, Alejandro Valverde lo hizo peor que mal, fiel a su estilo de ignorante y que ya ha patentado un término que sirve para definir sus fallos y sus fracasos, me estoy refiriendo a palabro “Valverdada”.
Como decía al principio, España es un país de cainitas. En la última vuelta del “mundial” atacó el “cigarro puro” Rodríguez y todo el mundo se levantó de sus butacas al más puro estilo de los años 90 cuando Induráin ganaba todo lo ganable. Los locutores de RTVE animaban a Joaquín y le empujaban para que acabasen cuanto antes los kilómetros que faltaban para ganar el mundial de ciclismo. Mientras, atrás, Valverde hacía de “secante” de Nibali y Costa; realizaba labor de equipo, igual que Induráin en el mundial que ganó Olano y que, a partir de aquél día , ese advenedizo de guipuzcoano pasó a llamarse Abraham Olano “el traidor hijo de puta”.
Ocurrió que a Nibali no le dolieron lo bastante las dos caídas que había tenido y, él solito sin ayuda de nadie, llevando a Valverde y Costa a rueda, alcanzó a Rodríguez. El del Movistar, que fue quien en esa escapada menos “palos al agua” había dado, atacó en un lugar propicio cuando Rodríguez, otra vez, se había escapado y Valverde, obstaculizado por Nibali, no pudo alcanzar al portugués. El desenlace todos lo conocemos. ¡Una pena!
Lo que no aguanto, lo que no trago es lo que vino después: todos los periodistas sabían en donde estuvo el fallo, todos sabían que Valverde es un ciclista propenso a este tipo de “valverdadas”. Uno de los mejores ciclistas de todos los tiempos que han nacido en España es un majadero ignorante. El seleccionador español, sargento chuskero Mínguez, también se sumó al coro de sabihondos y aclaró que “Valverde tenía que haber saltado para abortar hasta los ataques de las motos que pululaban por la carrera”. No tengo nada clara la labor de Mínguez en este mundial: ¿seleccionar a nueve ciclistas profesionales? Con ligeras modificaciones, el núcleo principal es el que es y, lógicamente, la selección tenía que girar alrededor de los hombres que fueron.  En esta prueba, sin pinganillos, pocas instrucciones podía dar el bueno de Mínguez; en realidad ya las dio antes de salir advirtiendo que “todo aquél que no cumpliese con su cometido, si él seguía el próximo año, no sería convocado”.
Alejandro Valverde “Balaverde”, el año próximo no serás convocado, no hiciste caso de las órdenes de Mínguez. No fuiste a por las motos, tampoco arrancaste detrás del malvado Rui Costa, ese compañero tuyo en el Movistar, portugués como Cristiano. Las órdenes del sargento, ese señor que vio la carrera al abrigo de un automóvil mientras vosotros os poníais como un “cristo”.
Si analizásemos la carrera veríamos que varias selecciones se fueron al carajo en tropel: USA y Gran Bretaña con sus Froome, Cagüendiez, Wiggins, por ejemplo. Bélgica no pudo hacer otra cosa que, bajo un tiempo infernal, llevar la carrera en las dos últimas vueltas a favor de Gilbert; Colombia lo estaba haciendo bien con Urán pero… se cayó. El superfavorito Sagan no sé si estuvo de lo bien que corrió escondido y descolgado en alguna fase de la carrera. Mi admirado Cancellara se olvidó del motor eléctrico o se le mojó, no lo tengo nada claro. Los italianos trabajaron a destajo, chuparon cámara como el que más pero, Nibali sólo pudo ser cuarto. ¡Pues bien! Los de aquí fueron segundo y tercero y el del Movistar primero y no se oye otra cosa que declaraciones fuera de lugar y lloriqueos. Nos hemos instalado en el “estado del bienestar” y ser primero, segundo y tercero nos parece un solemne fracaso. ¿Fracaso? ¿Y los demás que hicieron, triunfar?
Ya sé que no es lo mismo, pero el ciclismo por selecciones, no logro entenderlo muy bien. Cuando Cristiano marca un gol en el Real Madrid, los madridistas lo festejamos aunque sea portugués. Cuando Rui Costa se harta de ganar carreras con el Movistar los aficionados al ciclismo lo celebramos, no importa que sea portugués. Cuando gana un mundial de ciclismo por selecciones nacionales, es un zorro de un “solo tiro” y algún mal pensado opina que Valverde no quiso ir a por él porque es de su mismo equipo. ¡Asco!
Lo dicho, España país de cainitas, enterados, instalados en la envidia, en la altanería de los nuevos ricos y que no sabemos reconocer lo bueno que tenemos y nos gusta hacer como el cerdo: revolcarnos en la mierda.
¡Ah! Para el próximo año pido el puesto de seleccionador nacional de ciclismo. Todos sabemos cuáles son los nueve mejores ciclistas españoles del momento, yo también; al principio de la carrera sabré dar las instrucciones claras y precisas para que todo salga de acuerdo a lo previsto, no llevaré pinganillo por lo que tampoco podré dar instrucciones, luego la culpa será de Valverde y tal, y tal, y tal, y tal.
Hasta pronto. Bs.