Ahora mismo pocas cosas hay tan importantes como la marcha cicloturista
que acabo de terminar. Ni el partido del Osasuna contra el Levante que se juega
en estos momentos, ni el de ayer por la noche entre los dos madriles. Espero que
a eso de las dos de la tarde los
Mundiales de Ciclismo, en Italia, desplacen definitivamente nuestra carrera y
veamos una de las de verdad, la buena, la de los buenos, los mejores, ¡todos!
Durante esta pasada semana ha
habido muy pocas noticias que comentar. Las vueltas han sido vueltitas, ligeros
entrenamientos para matar el gusanillo pero sin sustancia de la que gustar.
Acaso podría escribir que “el Escalador” ha mordido el polvo; en el sentido
literal de la frase Juanjo probó el escozor que acarrea limpiar con las caderas
la ladera de “la balsa de Zolina”. Por lo que veo se ha recuperado
perfectamente: en bicicleta se desplaza como de costumbre y le sobran fuerzas
para hablar
acaloradamente con alguno del pelotón.
Ha pasado una semana desde el
último domingo y otra vez hemos sido fieles a la cita con el club. Había buenas
caras esta mañana en “Arizcuren” y no teníamos preocupación por el viento sur y
tampoco de las nubes azulencas.
Ayer, cuando los participantes en
la “I Marcha Cicloturista Huarte-Itaroa” nos alcanzaron a la altura de Zubiri,
me quedé un tanto sorprendido e indeciso en cuanto a qué actitud tenía que
tomar: ¿introducirme en el pelotón? ¡No! Esa no era mi carrera, no estaba
inscrito y la velocidad que llevaban tampoco era la mía; lo mío estaba en el
domingo con UCN. Hago este comentario porque lo de hoy ha estado muy movido y
similar a la Marcha de Huarte-Itaroa. Desde el primer momento se ha obviado el
viento de cara y hemos atravesado todo lo atravesable con la seriedad del que
pone mucho esmero en su trabajo: Noáin, Beriáin, El Carrascal, cuesta de
Mendívil, llaneo hasta la Venta del Maño en el más puro estilo madelman. Para
llegar a Olleta es necesario discurrir por una carreterita estrecha y, como
dicen los que entienden, se llama falso
llano. Son 10 kilómetros de una subida continua, muy falsa ella, muy
poco llana ella, de ahí le viene su nombre. Si alguien lo duda, le invito a que
haga el trayecto en sentido contrario, entonces verá que se trata de una verdadera
bajada.
Luis, Saúl, Luis V., Pedro,
Carlos y yo hemos formado un grupo para subir el Alto de Lerga y, junto a
Fernando, llegar a San Martín de Unx de una manera bastante decente.
Hacía mucho tiempo que no nos
poníamos los chubasqueros y precisamente ha sido en el territorio que
normalmente podría servirnos de refugio en los días de lluvia: camino de
Tafalla. Últimamente los 35 kilómetros que separan el Cidacos del Arga los
hacemos a ritmo profesional, sin tapujos, contando mentalmente todas las
cuestas que faltan para llegar a casa; algunas de ellas ni se tienen en
consideración, son accidentes geográficos veniales. En mi caso, la que me
impone preocupación mental es la que lleva al Mirador de Barasoain. Los
primeros metros se hacen manteniendo la figura en perfecta armonía pero, cuando
llevo un rato en plan figurín, levanto la cabeza y observo la curvatura de la
Tierra ¡sí! Por esta jodida cuesta pasa la famosa curva de nuestro planeta y,
como todos sabéis, ésta no tiene fin. Además se sube con desparpajo, en plato
grande y, en nuestro afán de acabarla cuanto antes, ¡de pie!. Después viene
otra cuestecilla que no se atraganta demasiado pero hay que dejar las risas
para más adelante, si se te ocurre reír un poco, te quedas: se trata la que
salva la vía del tren y que comienza nada más acabar de bajar la cuesta de
Mendívil.
Una vez que alcanzamos ese punto,
mi futuro se suele mostrar despejado, no me preocupa lo más mínimo el trecho
que queda hasta Iturrama. Ya sé que he comentado en más de una ocasión que, en
ciertos lugares de Navarra, hay puntos magnéticos especiales, algo parecido al
Triángulo de las Bermúdas pero con la diferencia de que, en este caso, los
objetos no desaparecen, sólo corren más deprisa ¿os habéis fijado en lo que
digo?
Ha sido sin querer, me he visto
obligado a ponerme en cabeza al llegar a Campanas y así hemos llegado al cruce
de Urroz. Ahí llevaba a mi lado a Juan Cruz y me ha venido a la memoria la
caída que tuvieron Carlos y Juan Luis el primero de mayo.
Camino de Beriáin no importa que
la carretera se empine, siempre se va a velocidades más propias del llano que
de la cuesta arriba. En esas estaba cuando, creo recordar, me ha pasado por la
cabeza algo del nuevo Código de Circulación referente a las velocidades máximas
que podemos llevar los ciclistas. En un apartado dice así:
-
Los ciclistas están obligados a circular a
“tutta la oxtia” siempre. El que no pueda que lo deje, que se dedique a otra
actividad, por ejemplo la pesca.
La cuesta de Noáin ha sido algo
parecido al famoso Rosario de la Aurora,
todos la hemos subido siguiendo las indicaciones del Código de Circulación pero
cada uno por su cuenta, completamente desperdigados. La reunificación del
pelotón ha venido más tarde, cuando estábamos bastante tocados (¿de la cabeza?)
Esta crónica la he terminado una
vez que han acabado los Mundiales de Ciclismo. Sé perfectamente que a todos
vosotros pensaréis de manera parecida a la mía: la última vuelta al circuito ha sido
de lo mejor que se ha visto últimamente en TV. Muy pocos partidos de fútbol
superan el espectáculo que han dado Nibali, Rui Costa, Valverde y, muy
especialmente, Joaquín “cigarro puro”
Rodríguez. Estos cuatro ciclistas han estado toda la temporada metidos en todas
las batallas, chupando cámara como el que más y han acabado el año haciendo un
mundial para enseñar en las escuelas de ciclismo. Me quedo pasmado de la
fortaleza física y mental de Nibali, de la labor de equipo que ha hecho
Valverde, de la zorrería de Rui Costa durante todo el año y de lo bueno que es
Joaquín Rodríguez. Una persona que en estos tiempos ha perdido en el último
instante dos de las “grandes” y siempre ha dado una imagen sonriente, elegante
y alabando las virtudes del ganador, como hoy.
Subcampeón mundial de ciclismo 2013: Joaquín “cigarro puro” Rodríguez
Hasta pronto. Bs.