Donde esté una buena recta con su correspondiente repecho, que se quite un puerto. Con esto no quiero decir que sea alérgico a las subidas, pero casi.
En esta tierra que me ha tocado vivir, resulta fácil contentar a todos los gustos; estamos rodeados de puertos amables y, salvo el corajudo Echauri, Artesiaga en su parte final de ambas vertientes y las arribadas desde el norte, los demás son tachuelitas puestas para dar gusto al personal y hacernos creer que hasta los culogordos podemos alardear en las cuestas arriba.
Con estos antecedentes digo bien alto que vivo en un lugar privilegiado para practicar el ciclismo pese a los contínuos sobresaltos que nos da el tráfico.
Este año he tenido la voluntad muy débil; me he dejado convencer demasiadas veces y he abandonado mis preferencias a costa de sufrir. Comprendo que todo en esta vida resulta relativo y lo que para mí es un suplicio para otros es una delicia. Cuestión muy curiosa: "el humano y sus preferencias".
A principios de temporada me enredé probando mi nueva bicicleta y no opuse resistencia alguna para acudir a Artesiaga. Un poco más tarde quise manchar la bici mientras escalaba Sorogáin. Animado por el resultado, bajé al Baztán y subí desde Santesteban a Saldías. Con Echauri intenté llevarme bien, pero sólo le hice alguna visita. Resulta conveniente y hasta imprescindible no olvidarse de los buenos amigos y es por eso que nunca abandoné los alrededores de casa: Markaláin, Imotz, Basaburua, Ultzama, Egozkue, Urkiaga, Oskia, Madoz, Beruete, Erro, Lumbier, Mezquíriz, Loiti, Tafalla, Puente, Artazu, etc., etc., etc. En definitiva, ese imaginario círculo de 50 kilómetros a la redonda de Pamplona que la hacen tan atractiva.
Dicen que "no sólo de pan vive el hombre", así que hice una breve escapada a Burgos y monté en la bicicleta de monte. Ya se sabe: subida va, subida viene, camino de polvo, camino de piedra y, claro, tarde o temprano tenía que llegar una cuesta de las de verdad; y llegó. Menospeciamos todo lo anterior y nos fuimos hacia el repetidor de Tejada. ¡Subida importante, sí señor!
El amigo Pedro Delgado nos picó la curiosidad y caímos en la tentación de redescubrir la subida al Santuario de San Miguel de Aralar. El reto cumbre de mi temporada consistió en recordar la Larra-Larrau: mejor olvidarla. Me pareció que seguía siendo durísima.
Esta semana, en compañía de mi amigo Ignacio, volvimos a Aizarotz. Preguntamos por el camino que lleva a Beruete y, siguiendo las instrucciones de un incrédulo aldeano, subimos 1.500 metros de apretada musculatura. En tan poco recorrido apenas se baja del 10% de desnivel. Diría que la subida tiene tres tramos que se diferencian unos de otros muy poco. Los tres se ven llegar sin contemplaciones; la pista de cemento está rayada con profundas hendiduras (tal vez para aliviar el desagüe) que dificultan el ascenso. Durante nuestra escalada los dígitos subieron sin contemplaciones y alcanzaron el 20%, salvo en el tercer tramo que, quizás por haberse roto el Polar, los porcentajes subieron sin piedad hasta que se cansaron en el 24%.
Bajada espectacular hasta Beruete y, con bochorno de cara, vuelta a casa.
Ėstas son las subidas que he realizado este año. Para un culogorden como yo, considero que no está nada mal y además, ¡qué carajo!, si no me gusta subir; si lo mío es sacar brillo al 52 con el 11.
Hasta pronto. Bs.