miércoles, 29 de marzo de 2017

¿Ciclistas suicidas? ¡Sí, pero menos!



Todavía no estábamos en el horario de verano, no recuerdo qué hora era de la tarde; los coches llevaban las luces encendidas desde hacía rato y yo circulaba rumbo a la Clínica de Ubarmin escuchando a Willy DeVille. Algo me llamó la atención en el lado izquierdo de la carretera, presté más atención y enseguida adiviné de qué se trataba: era un ciclista al que la noche se le vino encima antes de tiempo. El pobre, tal vez, quiso dar la vuelta a la Montaña y su estado de forma le gastó una mala pasada: llegaba a Pamplona con las luces apagadas y vestido de negro. ¡Se me pusieron los pelos de punta!

No sé cómo adjetivar al ciclista: ¿Inconsciente? ¿Ignorante? ¡Nada bueno! Si no ponemos algo de nuestra parte, estamos dando más oportunidades a los conductores de vehículos para que, cuando ya no haya remedio, te suelten: -“Lo siento, no te he visto”-

Ese mismo día, al regresar a casa por la Variante Este, me fijé en la cantidad de dinero que el Gobierno de Navarra había tirado a la basura al instalar el alumbrado de la autovía. Por lo que deduje, alguien consideró conveniente dotar a esta vía de un sistema de alumbrado basado en unas farolas de doble brazo. Nadie previó que una “crisis mundial” estaba próxima a aterrizar en el mundo y se hizo necesario un plan de actuación que aliviara el consumo eléctrico en las carreteras navarras. El maromo de turno presentó una serie de actuaciones y fue elegida por tremenda mayoría una que consistía en apagar, alternativamente, la luz del brazo derecho en esta farola y la luz del brazo izquierdo de la siguiente. Todo el mundo alabó semejante solución y pasamos de tener una iluminación de X a (-50% de X) es decir, la mitad de lo que se había considerado oportuno cuando se organizó una carrera ciclista para inaugurar la fastuosa Ronda de Pamplona con la participación de Fignon y de Induráin.

Lo malo de las farolas es que las bombillas se funden ¡sí! se funden de una manera aleatoria: unas veces son las del lado derecho y otras, sin saber nadie por qué, las del lado izquierdo. Así que ahora tenemos huecos de luces apagadas y tramos con el diseño modificado de zig-zag iniciado por culpa de la “crisis”. 

Me vino una mala idea al pensar: ¿Por qué no apagan todas las luces de las farolas y así ahorramos más? Total todos los vehículos están obligados a circular con el sistema de iluminación en perfecto estado; si no lo saben, no se les ocurra pasar por la ITV con una bombilla fundida… tendrán que reponerla a la mayor brevedad ¡lógico! ¡En fin! No divaguemos, la obligatoriedad de llevar el automóvil como un pimpollo reside en los dueños de los vehículos; la obligatoriedad de tener las carreteras de Navarra como antaño es de… ¿nadie?

¡Estoy lanzado! Ya tenemos en este escrito a un ciclista que circula de noche sin luces y vestido de negro, variantes con >50% de su posible iluminación apagada; ¡bien! ¿Alguien sabría decirme cómo tenemos que circular en bicicleta por los túneles de las carreteras? ¡Perfectamente visibles! Con luz blanca delantera y luz roja trasera. Sí señor, y si no lo hacemos así, corremos el riesgo de tener que pasar por taquilla si al otro lado del túnel estuviera esperándonos algún recaudador de impuestos indirectos-directos. ¿Os habéis fijado en la porquería de iluminación que los túneles de la carretera de Aoiz a Burguete mantienen constantemente? Ganan por goleada las bombillas apagadas al equipo de bombillas encendidas. La diferencia estriba en que los ciclistas no tenemos todavía el título de “recaudador de impuestos”.




Esto es lo que hay: algún descerebrado regresando a casa con el culo prieto, vestido de luto, con sensibles errores de cálculo y la administración manteniendo una posición de superioridad respaldada en la famosa “crisis mundial” que empezó allá por el año 2007 y que terminará nunca.

Estoy por proponer que el diseño de las nuevas autopistas, autovías, variantes, carreteras y demás, no lleven ni una sola farola y, si la llevasen, que las pongan de un solo brazo, que ese brazo esté orientado unas veces hacia la derecha y otras hacia la izquierda, que las espacien: en lugar de 50 metros de separación, las planten con 100 metros unas de otras, y que, conforme se vayan fundiendo, no las repongan, que sean los coches quienes iluminen el camino como toda la vida ha sido en esta tierra y que, si algún día, un automóvil atropella a un ciclista por llegar tarde a casa, que toda la culpa recaiga en él por idiota, nunca en los que no reponen las bombillas ni, muchísimo menos, en los que –“nunca nos ven”- somos invisibles.

Hasta pronto. Bs.

domingo, 19 de marzo de 2017

Las mujeres, el ciclismo y Landa



Si tengo que ser sincero, diré que no tengo ni idea, no recuerdo si ha tenido eco o lo han mandado a tomarporsaco.


No, no desvarío, lo que ocurre es que me ha dado por pensar qué suerte habría tenido aquel comentario de Míkel Landa respecto a la costumbre de dar a los vencedores de las carreras ciclistas un trofeo, un muñeco de peluche, un ramo de flores y un par de besos.


¡Claro que sí! este es el protocolo con el que acaban todas las carreras ciclistas que se celebran en el mundo. Lo malo de este acto, según Míkel, es que toda la parafernalia del reparto de premios tiene dos protagonistas: el ciclista y las azafatas, y éstas -“sobran, no son objetos”-


Yo, en cambio, opino que las azafatas no sobran, tienen su cometido y ayudan a que el acto final de las carreras no se convierta en “no saber qué puñetas hacer” con cada una de las prendas que se imponen, los ramos de flores que se entregan a los vencedores, en definitiva a ayudar a todo el personal que sube al escenario a cumplir con el protocolo establecido. Tengamos en cuenta que las autoridades que se encargan de participar de la fiesta no tienen que saber el programa y la etiqueta que se exige.


Ocurre que las azafatas en cuestión acostumbran a ser guapas a rabiar, tienen una estatura muy superior a la mayoría de los ciclistas y, por qué no decirlo, pueden robar el protagonismo a los corredores sin que ellas se lo propongan.


En otros deportes las mujeres espectaculares son requeridas por su físico para realizar tareas que, bajo mi criterio, son tratadas como vulgares objetos; en esto, el mundo del motor se lleva la palma: las paragüeras son el mejor de los exponentes. En el mundo del ciclismo, que yo sepa, no hay mujeres objeto, sino unas personas que tienen un cometido y que, para realizarlo, se visten, se presentan y actúan con una exquisitez que es la admiración de todos los que asisten a los actos de final de etapa o de prueba ciclista. Los que no lo vean de esa manera considero que tienen un problema y, lo que son las cosas, desde hace un rato revolotea por mi cabeza la palabra talibán. 


Acabo de echar una ojeada en Google y veo que el ciclista alavés no está solo en este asunto: en Australia han penalizado a los organizadores que sigan manteniendo a las azafatas en los actos protocolarios; en Noruega, en Bélgica y en algún otro lugar se cuenta con chicos para estos menesteres (mientras sean chicos, no serán chicos objeto; las chicas sí, las chicas son “mujeres objeto”).


Todo esto desprende un tufillo de moralina, de hipocresía, de volver al pasado, de confesor dominico, de querer ser más que el que más… de talibán, ¡vaya!


Hasta pronto. Bs.