sábado, 11 de noviembre de 2017

Como pollos correteando sin cabeza



Dicen que cuando a un pollo se le corta la cabeza, éste puede corretear durante un tiempo sin necesidad de llevarla pegada al cuerpo. Yo no he visto semejante fenómeno en mi vida, pero como lo he oído tantas veces, mil o más, he terminado por creerme tal mentira.

Pues sí, después de una sequía que nos ha enseñado las termas de Tiermas abajo, muy debajo de la carretera; que nos ha mostrado la profundidad del río Arga en la cola del pantano de Eugui; las isletas del mismo río a su paso por Pamplona; la miseria del Ultzama y la sequedad de los arroyos que, en otros tiempos, iban rebosantes de agua ¡por fin! Sí, por fin llueve en mi tierra.

No seré yo quien se queje ante esta noticia, al contrario, me gusta que llueva y que muestre la ciudad en su estado natural: de color verde. Que en la Vuelta del Castillo se juegue a snooker y nadie se queje; que poco a poco las aguas vuelvan a sus cauces y que los chubasqueros sean el pan nuestro de cada día.

Pero tenemos muy mala memoria y enseguida nos acostumbramos a lo “malo”. Somos capaces de maldecir a los días nublados y emulamos sin vergüenza a los que emigran a Benidorm: ¡vivan los culottes y maillots de verano aunque estemos en noviembre! 

Y así estamos estos días en los que ha aparecido el agua, parecemos pollos a los que les hayan cortado la cabeza: correteamos raudos a descorrer las cortinas de la sala para mirar al Este y al Oeste, cuán cargadas vienen las nubes; si antes o después de Ezkaba la cosa está chunga; no se divisa Alzuza; “¿qué tal está El Perdón?”; “ni se os ocurra ir hacia Goñi, la lluvia viene de la Barranca”… Resignados volvemos a la butaca hasta que un ligero rayo de sol ilumine la casa de enfrente, ¡vana ilusión! Ha sido un nubarrón al que no le ha dado tiempo de juntarse con el anterior y, por el hueco, se ha escapado un mísero haz de luz que ha iluminado la mojada fachada de los que, como nosotros, miran en su caso hacia el Sur.

El WhatsApp echa humo y todos nos atrevemos a vaticinar que mañana a las nueve “deja”. El de la aplicación más avanzada replica que “de eso nada, que hasta las 9,30 no se podrá salir”. Como vulgares vendedores de mercadillo, llegamos al acuerdo de juntarnos a las 9,15, “ni pa ti ni pa mí”. Todos nos vamos a la cama y, al levantarnos, nuestra primera visita es al ventanal para ver cómo ha maniobrado la noche. La noche no se ha aliado con nuestros deseos y, al contrario, el camión de riego de la Mancomunidad ha hecho su trabajo, dejando las calles como si hubiera pasado la tormenta perfecta.

Ante esta visión no queda otra que retirarse y volver unas cuantas veces más, correteando, a la ventana con la esperanza de que la aplicación más mísera haya tenido razón y se pueda salir en bicicleta a las 9,45; tal vez a las 10,00, o quizás a las 10,30.

¡Me rindo! Adiós mundo cruel bicicletero; no he de romperme la cabeza con tanto ir y venir nunca más; una vez tomada la decisión, prometo no volver a tocar las cortinas ¡se acabó! Me voy a la piscina, a tomar un café, a juntarme con los del grupo, a lo que sea, pero no quiero que nadie me confunda con un pollo.




Hasta pronto. Bs.

martes, 24 de octubre de 2017

Almuerzo UCN "Fin de temporada 2017"



Alguien colgó en Facebook unas cuantas fotografías del almuerzo que los amigos de Unión Ciclista Navarra tuvieron en Uterga para terminar la temporada del 2017.

Les eché una ojeada y me apenó ver que había un buen número de jichos a los que no tenía el gusto de conocer y, aquellos que reconocí, lo hice a duras penas, tuve que escudriñar entre sus calvas o sus greñas plateadas y sus caras aviejadas por el rigor implacable del tiempo vivido.

Yo también he apoyado mi bicicleta en esa pared mientras almorzaba en el Albergue Camino del Perdón y, al terminar, he formado parte del pelotón que se apiñaba para “salir” en la foto. Muchas veces me he acordado de aquella señora que se empeñó en unirse a nuestro grupo para fotografiarse agarrada a una de nuestras bicicletas. ¿Lo recordáis?
 
¡En fin! Estuve ahí treinta y tantos años y ahora, si volviera, no me reconocerían ni los conocidos. ¡Qué pena!


Hasta pronto. Bs.


















!Y Viva la Vida!


domingo, 8 de octubre de 2017

Deberían obligarnos a utilizar el "Carril-Bici"


¿Alguno de vosotros se cerciora de que lo que os dicen es verdad o simplemente os lo creéis y pasáis a engrosar la lista de voceros?


Yo siempre he oído que los ciclistas no estamos obligados a circular por los “carriles-bici” y que podemos discurrir plácidamente por la calzada como un vehículo más, aunque a nuestra derecha hayan construido un CB y sea muchísimo más seguro para nuestra integridad física que la concurridísima carretera. Esta “verdad”, como pregunto en el primer párrafo de este escrito, nunca me he preocupado en investigar si es cierta o no, pero reconozco que, en más de una ocasión, me ha servido para discutir con algún airado conductor que me ha señalado que dejara de ocupar su sitio y me fuera al mío.


En un acto mísero de humildad, reconozco que no comprendo que exista tal posibilidad, la encuentro ilógica; podría describir múltiples ejemplos de situaciones sorprendentes y estoy seguro de que muchos de vosotros las aceptaríais. ¿Cómo es posible que prefiramos andar en bicicleta por la calzada de Ripagaina o Mendillorri en lugar de hacerlo por el CB que hay, con más o menos acierto, en ambos lados de la avenida? ¿Por qué apenas se utiliza el intrincado CB que va desde la Rochapea hasta el final de Berriozar? No quiero seguir porque, tal vez, conozco las respuestas: son unos vulgares trazados que no están en consonancia con los madelmanes de mi querida Pamplona, ¡sí! preferimos jugarnos el pellejo y salir de la ciudad como los “buenos”, que nadie nos confunda con esos vulgares tipos que van a trabajar en baratas y viejas bicicletas de segunda mano ¡no! Nosotros somos casi-profesionales con barba sin afeitar desde hace unos cuantos días, sin guantes, con grupo inalámbrico, cubiertas de 25”, vestimos de negro y, si pudiéramos, hace tiempo que habríamos mandado el casco al baúl de los recuerdos y nos encasquetaríamos una gorra de las que ahora vemos en Eurosport ¡Somos la oxtia! Preferimos fardar a evitar durante un trayecto más o menos largo el riesgo de un accidente bajo el pretexto de que “la ley nos ampara”.


Este mea culpa viene a cuento de la amabilización que ha emprendido el Ayuntamiento de Pamplona. Como esto prospere no la va a reconocer ni la madre que la parió: se va a descongestionar de tráfico el “Centro” de la ciudad, se potenciarán los servicios de transporte público, las bicicletas podrán circular por CB anchos y bellos que lleven a “alguna parte”, la avenida de Pío XII pasará de ser una amplia vía de entrada y salida de la ciudad a un estrecho y complicado laberinto de “villavesas” movidas de sitio, árboles talados, viajeros desubicados, ambulancias pidiendo socorro para llevar las urgencias a los hospitales y un montón de comerciantes quejándose de la brillante idea de un iluminado, apoyado por ignorantes que dejan hacer a los que saben.


¿Sabéis que toda esta amabilización, en lo concerniente a los ciclistas puede no servir para nada? Si no tenemos ninguna obligación de pedalear por los CB, podemos seguir evitándolos como hasta ahora: sin compartir nuestro carbono con los menesterosos de las bicicletas plegables y discutiendo con los ignorantes conductores de vehículos que nos dicen no sé qué de circular por el CB. ¿Alguien se ha fijado en la cantidad de tipos que andan en bicicleta por los caminos de la Vuelta del Castillo sin utilizar el magnífico carril periférico que une la Plaza de los Fueros con Pío XII? ¿Alguien ha visto un policía municipal recomendando que modifiquen esta situación? ¡Lo sé, como no está prohibido, nadie puede obligarles a recluirlos en el CB! 


Pues aquí radica mi confusión: ¿para qué gastarnos dinero en algo que no se utiliza? ¿Se puede cambiar la norma? ¿Se puede poner un policía recomendando su uso? Y nosotros ¿Cuándo dejaremos nuestra madelmanía de lado y apostaremos por nuestra seguridad?


Hasta pronto. Bs.