martes, 28 de mayo de 2013

En memoria de un ciclista


            Definitivamente lo mejor que podemos hacer es no darle vueltas a la cabeza y, cuando el tiempo lo permita, andaremos con la flaca. Hoy, animado por Karlos, he dado una vueltita de apenas 25 kms. por los caminos fluviales, me ha servido para desentumecer las piernas y para ensuciar la ropa; la bicicleta ya estaba sucia de antes.

            Con estos antecedentes, comprenderéis que no hay material suficiente para escribir una crónica y mucho menos marciana ciclista. Así que he decidido hablar de un chaval que se llama Miguel.

            Miguel es hijo de Ignacio y falleció hace 9 años, un 6 de julio, al inicio de los “sanfermines”.

            Era ciclista de los buenos, alto, delgado, simpático, guapo, siempre sonriente, conquistador. Cogió lo mejor de los genes de los Uriz y de los Jaurrieta.

            El primer recuerdo que tengo de él se remonta a un día de la década de los 90 en que fuimos a Larrau un grupo en el que el más revoltoso era Miguel; estábamos, además de él: Ignacio y Ana, Iñigo, Alfonso, José Antonio y yo, ¿me olvido de alguien? El recorrido consistió en subir Belagua, luego Larrau y por Lazar regresar a Isaba. Cada vez que parábamos por cualquier motivo, Miguel aprovechaba para mangar la bicicleta de uno o de otro, no tenía escrúpulos, todas le venían bien, se escapaba un rato y terminaba el juego. El chavalillo gordico entregaba la bicicleta robada y ya estaba pensando en la próxima.

            Fue creciendo y su afición al ciclismo también. No tengo recuerdos de su época de “cadete” pero sí de la de “juvenil”. El chaval de Larrau se transformó en un junco presumido que, con la ayuda de su abuela, consiguió ser el ciclista que llevaba el maillot más ajustado y elegante de todo el pelotón. Creo que un día tuvo un disgustillo a causa de ello pero nada importante. Más tarde dio el salto a la categoría de “aficionados” y no lo hizo nada mal, el chaval tenía madera y todos soñábamos en ir un día a los Campos Eliseos a chulear a su costa, abrazando a un campeón ciclista de Pamplona: Miguel.

            Tuvo algún desengaño deportivo, no le gustaron algunas cosas que veía y decidió dejarlo. Buen gesto el suyo.

            ¿Sabéis, después de lo que he contado, qué es lo que más me gustaba de Miguel? Nunca rehuyó un saludo si te veía por la calle, no tuvo ningún problema en alternar con los amigos de su padre andando en bicicleta, ¡jodé, cuanto le gustaban los bollos con nata de Irurzun!

            Pues bien, como todos los años por estas fechas, en la Cendea de Galar se celebra una carrera ciclista para juveniles que lleva su nombre. El próximo domingo desayunaremos un grupo de amigos en Eskíroz y después ayudaremos en lo que nos diga Ignacio. Ese domingo no os acompañaremos por el puerto de Sorogáin, estaremos por las rampas de Biurrun, por el El Perdón en una carrera de juveniles en memoria de un gran ciclista: Miguel Uriz.

            Hasta luego. Bs.

lunes, 27 de mayo de 2013

Fin de la Tierra


¡Qué cosas tiene la vida! Acabo de regresar de vacaciones, he pasado una semana en Galicia.
El lunes pasado aparecí en Villafranca del Bierzo, lugar muy cercano geográficamente a la provincia de Lugo pero con un pequeño inconveniente para llegar a ella: hay que subir O Cebreiro.
Durante los días previos a mi partida las noticias no eran halagüeñas en cuanto al tiempo meteorológico, por TV asomaban los peregrinos de Santiago como sombras debajo de los copos de nieve; yo tuve mucha suerte, no vi la nieve y, en su lugar, no ha habido otra cosa que sol. ¡Sí, en Galicia! Sol y más sol. ¡Joder! Ya no sabía que forma tenía, era redondo, amarillo, daba luz, tenía alegría el jodido, encima su calor no era atosigante ¿qué más podía pedir?

El objetivo principal de la tournée era conocer Finisterre (allí no lo nombran así, se dice Fisterra). Una vez en Santiago de Compostela comencé el "camino" hacia el Fin de la Tierra.








Delante de mi tenía 88 kilómetros por recorrer y de los que no tenía la menor idea de cómo serían. La guía del camino decía que, cada nada, había algo: un alto, una venta, un monte (y otro), un pueblo, una fuente, bosques de eucaliptus. Si alguien se ha perdido, volvemos a empezar: un alto, una venta, un monte, ... Esta diversidad ayudaba mucho para alcanzar la meta que estaba bastante lejos o, al menos, me lo pareció.
En esta crónica de hoy es mucho más importante lo que se ve que lo que lo que se lee, así que os pido disculpas y cambio la tecla por el archivo de fotografías que hice viendo el Fin de la Tierra.









Se tiene la costumbre de quemar el calzado que te ha ayudado a llegar hasta allí. Existen unas "barbacoas" para la quema y, la verdad, no todos queman zapatos, he visto calcetines, calzoncillos, en fin, lo que tenían a mano. En esta fotografía de al lado veo el disco de un freno ¿véis? lo que tenía a mano el peregrino.






¡Qué cosas tiene la vida! He regresado a mi tierra desde Fisterra, había oído que por allí las cosas eran duras, muy duras. Miro por la ventana y, si no fuera por el green de la Vuelta del Castillo, pensaría que el Fin de la Tierra está aquí.
Hasta pronto Bs.


jueves, 16 de mayo de 2013

Siguiendo los consejos de un campeón.

      Ayer estuve hablando un rato con José Lorenzo Esteban, campeón de España de ciclo cross, creo que se dice master 40; mi opinión es que José Lorenzo, a nada de que se lo "creyera", podría ponérselo muy duro a más de un madelman, pero el chaval es así: modesto y buena persona, lo mismo que su padre y sus hermanos, todos ellos relacionados con el ciclismo desde "siempre".
 
      Me decía que el tontódromo (carretera de Zubiri) hacía mucho tiempo que no lo pisaba, que él elegía otros lugares más exigentes y me nombró varios recorridos que me dejaron asustado, ¡claro, así luego anda lo que anda! Algo se me debió de quedar grabado en el subsconsiente porque, ante la insinuación de vuelta que han propuesto "Los Dos de Castilla", no he dicho ni mu.
 
      El día ha amanecido con un hueco en el cielo que tenía fecha de caducidad, las 13 horas, eso decían todas las Apps. metereológicas de las que dispongo. Enseguida nos hemos movilizado y a las 9,30, con las MTB, ya estábamos en Cizur comprobando que todo seguía en orden. A las faldas del Perdón se llega atravesando Gazólaz, Muru Astráin y Astráin. Aunque se quiera subir despacio el puertito, no importa, siempre habrá que apretar el culo y anhelar llegar a esa cima que desde hace un buen rato la vemos pero que no hay manera de alcanzarla; si no fuera por el GARMIN pensaría que estoy parado, que el mundo se ha detenido. La escalada ha tenido su recompensa en forma de bajada (73 kms/hora)y llaneo hasta Puente la Reina (no os voy a contar que hemos tomado un café en La Conrada, chisss).
 
      Enfilando hacia Artazu, el aire norte pegaba fuerte pero hemos pasado de él contándonos las noticias ciclistas y futboleras de las que nos hemos enterado recientemente. En Orendáin viramos hacia la izquierda y subimos Guirguillano: ¡atención! en poco tiempo tendremos la carretera como antes o mejor, trabajan sin descanso. Pasamos por encima del Río Salado y aparecemos en el km 29 del puerto de Echauri. El "escalador" nos ha puesto un ritmillo acobais y otra vez ha sido una delicia ver como llegábamos al km 20 y mucho mejor la bajada hasta el 13. Cuando subíamos la cuesta de Gazólaz, daba miedo mirar hacia Irurzun. Ignacio dice que Pamplona es Mordor, negra como ella sola, pues bien, la Cendea de Olza quería anexionarse a Iruña y estaba rellenando los papeles (de color negro): daba miedo ver lo que se acercaba por el oeste, hemos vuelto a apretar el culillo y, justo justo, he llegado a casa; al mirar por la ventana las primeras gotas ya mojaban los cristales ¡por poco!
 
      Creo que no he dicho las cifras del GARMIN: distancia 75 kms., media de 22 kms/hora y la velocidad máxima ya os la he puesto dos párrafos más arriba. A la vista de estos datos creo que la vuelta de hoy ha sido corta y exigente así que, amigo José Lorenzo, te hemos hecho caso.
 
      Hasta otra. Bs.

martes, 14 de mayo de 2013

Descanso activo


    Hace unos cuantos años la cuestión biomecánica no existía, al menos no había llegado a la sofisticación que actualmente nos ofrecen los expertos. Todos somos un poco "biomecánicos", a todo hijo de vecino le preocupa ir lo más cómodo posible en su bicicleta, para ello subimos o bajamos el sillín, alargamos o recortamos la longitud de la máquina, todo ello con la talla más apropiada a nuestra morfología.
    Sospecho que entrenar de acuerdo a "sensaciones" y basándonos en lo que hemos oído que es bueno y que hace "uno que sabe" es lo que ha predominado en el pueblo llano.    
    Luego están los profesionales del ramo, los que han estudiado y han montado un gabinete con máquinas muy sofisticadas que nos dicen en qué baremos nos movemos, cuales son nuestros niveles y en qué punto estamos fallando (o no).
    Personalmente, todo esto me parece rizar el rizo, no quiero criticar a quienes siguen estos métodos "a pie juntillas", sus motivos tendrán, su tiempo y su dinero. Soy de los que andan por sensaciones, de los que corren cuando ven que pueden hacerlo, de los que van despacio cuando procede, de los que se aburren andando en bici y de los que lo pasan de maravilla subidos en una de ellas.
    Todo esto que acabáis de leer parece una escusa para entender lo que voy a escribir, tal vez sea así, pero ahí va: ayer dimos la vuelta que os describí por Echauri, Lezaun, Lizarraga y Sakana, 115 kms. que tienen su nivel de exigencia y que, a más de uno, invita a que el día siguiente sea de "descanso activo". Unos se refugian en hacer gestiones o encargos dentro de los horarios comerciales de la mañana y otros en llamar a "amigos de siempre" y largarse hasta Zubiri, tomar un pintxo de tortilla y volver por el paseo fluvial. Resultan 50 kms. de lo más placenteros, tienes prohibido picarte con los que te adelantan, puedes hablar con Toño un rato, despotricar del jebo del Sky que te ha adelantado sin decirte "burro qué haces ahí", contar mil anécdotas en el Gau Txori después de saludar a Germán y a Jon (Astigarraga), ambos antiguos compañeros de UCN, ¡en fin! una verdadera delicia compartir dos horas y pico con José Antonio y con Ignacio, sofocarte lo justo y descansar actívamente.
    Hasta pronto. Bs.

 

lunes, 13 de mayo de 2013

Reencuentro con la carretera.

Hola amigos: después de tanto tiempo, tenía ganas de volver a coger la "flaca" y de contaros cómo me ha ido con ella, bueno, con Los Tres de Castilla también.


Esta es la imagen que veo, normalmente, durante 15 minutos mientas espero a los otros dos cantantes: la sequoia, la iglesia de Cizur, mi bicicleta, los peregrinos, los que saben, las estudiantes, todo lo que cabe en 15 minutos de mi vida.
"El escalador" no ha aparecido, así que Ignacio y yo nos hemos encaminado dirección a Echauri pasando por Otazu; ¡buen repecho para llegar al pueblo! ¡jodé con la cuestica!, te limpias las telarañas para el resto de la mañana. Al acceder a la carretera ha pasado un madelman que, según todas las trazas, quería batir su record de subida al puerto.
Bajo mi humilde criterio, los dos primeros kilómetros de Echauri son los peores pero, a causa de esos campos magnéticos que inexplicablemente atraviesan Navarra, son los que más deprisa hemos subido. El tramo que lleva a la curva del 17 es monótono "hasta decir basta", así que me he evadido mirando el sillín de la bici de Ignacio que, no sé por qué, se ha empeñado en subir más deprisa que yo. Al cambiar de dirección rumbo al kilómetro 18 el puerto ya es otra cosa mucho más fácil, te hace coger carrerilla y te ayuda a alcanzar la casa del kilómetro 19, el monstruo podemos decir que ha caído, sólo queda el último tramo y las ganas de acabar hacen que el mirador llegue sin querer.
Ignacio, ¿has cogido tiempo? -"no"-, no te apures, yo sí, -"¿cuanto?"-, 27'30". Alguno de vosotros se sentirá aliviado cuando lea esta marca y pensará: "¡uff! estos son peores que yo (subiendo)" pero si tenemos en cuenta que se trataba de dos culogordos, la cosa cambia.
Prosigons, sospecho que habéis adivinado que el próximo problema se llama Lezáun, un puerto aparentemente fácil pero, ¡error! en este mundo no hay puerto fácil, ni la cuesta de Chapitela se sube sin esfuerzo, así que no seáis fantasmas.
Cruce de la carretera de Estella y, poco a poco, alcanzamos la cima del Puerto de Lizarraga; subida un tanto pestosilla, como todas las que tienen el "futuro" muy abierto y te enseña el camino que te falta por recorrer.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
Sí, ya se que las fotografías están hechas a contraluz y ¿qué? Las siluetas de esos dos ciclistas es lo que menos pinta en las fotos. ¿Véis la imagen de San Donato, el monumento que tenemos detrás? Eso es lo interesante.
La bajada hasta Arbizu nos ha hecho soñar, suplantando la personalidad de cualquier profesional del pelotón del Giro, elegid el que queráis: ¿ese? Nos vale, ese éramos nosotros.
Estábamos en el bar donde ayer tomasteis los cafés y, ¡jodé, si aparece "el escalador"! Uno más para caminar rumbo a casa, nos ha puesto de "hoja de perejil" y todavía no sé por qué, ¡en fin!
¿Subimos a San Miguel?
 
 
 
 

Juanjo se ha rajau y los llaneadores hemos emprendido la subida; cuando llevábamos un rato, hemos oído unas voces por encima de los ruidos de las bicicletas y, ahí, sí, en esa mole de piedra, estaban dos pirados de la escalada. Si atraéis la imagen y tenéis algo de suerte, se divisa a los interfectos. Entre una cosa y otra se nos han ido las ganas de llegar al Santuario, así que hemos cambiado el sofoco de la subida por el de alcanzar al "escalador" y lo hemos conseguido, ha sido a la altura de la Ermita de la Virgen de Oskía. No quiero cansaros más porque la ruta que falta todos la conocemos: Asiáin, Ororbia, Paternáin, Cizur y a comer.
Noticias del GARMIN: Total 115 kms., media de la marcha 27 kms/hora y velocidad máxima 59 kms/hora.
¿Os ha gustado? A nosotros mucho. Hasta pronto.
Bs.

jueves, 9 de mayo de 2013

Ella y nosotros

Se había convertido en una cuestión personal, ella se sabía más fuerte que nosotros y no lo podía permitir.
Estoy seguro de que todo lo que os cuente os sonará a conocido, es natural; al fin y al cabo vivimos en Pamplona y nuestro radio de acción siempre gira alrededor de Iruña ¡no puede ser de otra manera! El día que traslademos nuestra residencia a Ochagavía subiremos a la Virgen de las Nieves mucho más frecuentemente de lo que lo hacemos ahora, es natural.
Empiezo: Los Tres de Castilla, como un clavo a las 9 de la mañana en Cizur ¿lo recordáis? Peregrinos, madres que llevan los hijos a clase, gente con “cara del que sabe” al trabajo, niñas con minifalda a cuadros al colegio de Miravalles, la sequoia que tenía un color rojizo y va tomando un tono verdoso que inspira confianza, en fin, nada fuera del orden establecido.
El escalador ha querido mostrarnos su poderío en el llano y nos ha llevado al cruce de Anoz a buen ritmo, algo menos que cuando lo hizo Rufino, pero se le ha acercado mucho. En la cuesta se me ha ocurrido continuar con el ritmo que traíamos y, en Irurzun, me han echado una bronca “que dios tirita”: chulo, alardes, fascista (están llenos de complejos). Me han engañado y, de buenas a primeras, me he visto subiendo el Puerto de Madoz; reconozco que ha sido una verdadera delicia hacerlo y, mucho más, bajarlo rumbo a Lecumberri. Lo que sigue todos lo conocéis: Ventas de Urriza, fotos en la subida y café en Jaunsarás. Todo se ajusta a la costumbre, todo el lugar está enclavado de lleno en una zona magnética que hace imposible que el GARMIN señale en las cuestas arriba menos de 33 kms/hora y en el llano 45; es una verdadera locura muy agradable de vivir: la “catalina” suena con rabia, estamos listos para sortear los baches, el relevo llega pronto y, así, alcanzamos el cruce de Ciáurriz.
Ahí estaba ella, sabía que estábamos a su merced y no lo ha desaprovechado, primero nos ha obligado a ponernos el chubasquero y por Sorauren hubiera sido necesario el traje de buceo. No hacía demasiado frío y la venganza no ha sido completa. Llevábamos tres días sorteándola pero hoy lo ha conseguido: calados y la bicicleta llena de porquería. A veces, por ejemplo hoy, pienso que andar bajo la lluvia no resulta tan malo como parece y estoy decidido a hacerle un corte de mangas a esa prepotente: ¡ya no haces tanto daño como en el invierno! estamos en primavera y eres necesaria para mantener el verdor del campo ¡nada más, aquí y en Benabarre!. Nos ha faltado un poco para alcanzar los 100 kilómetros de recorrido, 27 kms/hora de media y, otra vez, velocidad máxima de 72 kms/hora bajando el Alto de San Migueltxo. Nada nuevo bajo el sol. Toño, tomo nota y sopesaré la idea de cambiar la tortilla francesa por la txistorra de Larrasoaña.
 Hasta pronto. Bs.

martes, 7 de mayo de 2013

Mejor no decir NADA

Hoy no quiero mortificaros con mis cuentos, no me apetece relataros la ruta que hemos hecho, tendría muy poco tacto si os dijera que a las 9, como un clavo, estábamos en Cizur “Los Tres de Castilla” más un cuarto hombre, Oscar.
Sería muy poco elegante por mi parte si os dijera que nos hemos encaminado hacia Campanas, que el Alto de Subiza ni me acuerdo si lo hemos pasado, que los peregrinos a Santiago se empeñan en seguir esa ruta ¡vaya Ud. A saber por qué! Que Artajona está muy cerca de Pamplona o, al menos, se llega muy fácilmente aunque el viento pegue del sur. Demostraría mucha prepotencia si os recomendara circular por la carretera que llega desde Artajona hasta el cruce de la Tafalla-Estella, cada uno va por donde le apetece. Me gustaría deciros que, a nada que el viento ayude un poco, Villatuerta se presenta a tiro de piedra y que, a orilla de la carretera, hay un bar que sirven unos pintxos de tortilla con “caña” y café que demuestran que no hemos estado equivocados en tomar esa ruta. No me gustaría avergonzarme si os contara que el puerto de Grocin no es para tanto, que Zurucuain ¡ay, Zurucuain, Zurucuain! ni lo hemos “dicado”. Que al llegar al cruce de Murugarren ¡qué botxorno! hemos visto con buenos ojos dirigirnos hacia Echauri, subirlo al ritmo de ciertos escaladores y que, por las bodegas de Otazu, enseguida hemos alcanzado Paternáin y luego, otra vez, hemos retornado a Cizur. Tanto rato andando para nada: salida de Cizur y llegada a Cizur, kilómetros del GARMIN 111, media de 25 kms/hora y velocidad máxima 72 kms/hora.
 Como creo que tengo un mínimo de vergüeza, me vais a permitir que no os diga nada de cuanto hemos hecho esta mañana, somos un grupo de personas que, por circunstancias de la vida, hemos alcanzado un status que nos permite andar en bicicleta mientras la mayoría de los mortales sueña con poderlo hacer por la tarde ¡mala hora!
Me gustaría contar con vuestro permiso para que, otro día, con más tiempo os relate el entrenamiento que hayamos hecho con todo lujo de detalles; hoy no, hoy, como os he dicho, demostraría muy poca caballerosidad si os relatara con datos técnicos y no tan técnicos lo bien que lo hemos pasado esta mañana. Bueno, amigos, hasta la próxima.
Hoy no os he contado nada. Bs.

lunes, 6 de mayo de 2013

Marcha hacia Santesteban (Doneztebe)

Siempre he sido un admirador de Joan Manuel Serrat; cuando tenía 14 años lo descubrí en un programa de radio y me conquistó; desde entonces el mundo ha dado muchas vueltas y pienso que su momento hace tiempo que ha pasado, que haría bien, si no lo ha hecho ya, en retirarse y dejar de dar pena. Que nadie piense que esto que acabo de escribir tiene analogía con alguna otra parcela de la vida, al menos no lo pretendo; no estoy haciendo una comparación entre la música y la bicicleta, ni mucho menos entre Serrat y yo, simplemente estaba escuchando una canción del artista y he pensado: qué bueno era y cuanto me gustaba, en cambio ahora que poca gracia me hace. Bueno, a lo nuestro, el ciclismo. Ayer la marcha de la semana nos llevó hacia Oroquieta y, tras una bajada hacia Santesteban que me encantó, me encaminé solo rumbo a Pamplona subiendo el puerto de Velate.
Hacía tiempo que no subía este puerto y el hacerlo sirvió para congraciarme con él. Me habían dicho que estaba deshecho, que había mucho tráfico por culpa del desprendimiento que hace unos días hubo a la salida de uno de los túneles y que hacía desviarlo, como tantas otras veces, por la carretera vieja. Ante la alternativa que se ofrecía, subir el puerto de Artesiaga, decidí continuar la marcha por el lugar señalado en el calendario y probar fortuna.
Hasta Almándoz conté los vehículos que me pasaron, fueron cinco, era una auténtica gozada disponer de toda la anchura de la carretera para mí solo y el firme de la calzada sin problema alguno; a partir de entonces tuve que compartir la marcha con camiones y coches pero nada del otro mundo, además, obligados por la necesidad, desde la Consejería de Fomento, o como se diga, del Gobierno de Navarra han ido arreglando la carretera con grandes parches de firme fino y esto hacía que la subida no fuera tan atosigante como me la había presentado. Enseguida terminé los 15 kilómetros de Velate y, eso sí, después de una bajada criminal decidí desviarme hacia Ulzama.
A la altura del Campo de Golf alcancé al amigo de Julio Sainz y juntos nos presentamos en Pamplona. El GARMIN señalaba 127 kilómetros, los últimos 50 los hice solo salvo los que nos acompañamos Julio y yo.
 ¿Sabéis cual es el sentimiento que me asalta últimamente? Soy el primero en reconocer que menos es nada. Que el grupo de los madelman espere al resto al finalizar los puertos es un verdadero triunfo, no lo dudo, pero como todo tiene un pequeño defecto y es que, cuando llegas abajo, inmediatamente el bloque se pone en circulación dejando sin descanso a los que llegan. Los buenos han descansado y los menos buenos, hala, otra vez a correr. Cuando llegué a Santesteban, no hacía mucho tiempo que lo había hecho los “escaladores”, sin embargo la sensación que tuve fue la de “sálvese quien pueda”: unos no pararon, otros ya iniciaban la partida, los de más allá comían la tortilla deprisa y corriendo… estaba seguro de que, al salir de WC, me iba a encontrar solo con Joaquín, no fue así pero casi; esto fue lo que me decidió subir Velate: buscar la tranquilidad.
Hasta otra. Bs.

sábado, 4 de mayo de 2013

Lluvia y verde en Pamplona

El verde es exigente, el color que ahora tiene Pamplona no se da gratuitamente, cuanto más encapotado está el día, el tono verdoso de los parques de la ciudad se enseñorea de ella y, como dirían los locos de la “escalada”, se pone preciosa, ¡eso sí! Empleemos el léxico con propiedad y llamemos a las cosas por su nombre: Pamplona verde=preciosa, subida a un puerto=cualquier cosa menos preciosa ¿ok?
He de reconocer que la exigencia del verde es egoísta, impide o, por lo menos, dificulta las salidas a la carretera de los profesionales de la bicicleta; hace que miremos desde las ventanas de la casa oteando sin descanso el horizonte y busquemos una esperanza de cielo despejado por el este, tal vez por mendebaldea, acaso por the west o tendremos que pirarnos hacia los mares del sur. ¡Todo en vano! desde que una pequeña tregua nos permitió visitar Carcastillo, llevamos dos días a régimen severo de lluvia; como mucho tenemos permiso para pasar el trapo por la cadena o sacar el brillo al barniz del cuadro.
Hasta el día de hoy, sabía que 7 magníficos tenían la idea de dar una vuelta exigente, llegando hasta Saint Jean De Pied De Port y volver a casa después de haber subido “no sé cuantos puertos a cual más precioso”; el día ha amanecido bastante txungo, a las siete de la mañana he visto que el verde exigía su tributo en forma de lluvia abundante y he pensado -“seguro que alguno de se ha animado y nos cuenta que, quitando cuatro gotas en Mezquíriz, no nos hemos mojado”- ojalá haya sido así y estéis plenos de forma para el próximo domingo. Por cierto ¿vamos a subir Velate?
Desde hace un tiempo he tenido la sensatez de no arriesgar demasiado en esto del ojeo por la ventana y, en cuanto adivino que el recaudador de impuestos merodea por Iruña, me visto con el ternua y me harto del verdor de mi pueblo: ¡precioso!
Hasta pronto. Bs.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Fiesta del 1º de mayo

Definitivamente el grupo crea decisión y fuerza; no me imagino dando la marcha de hoy solo, tal y como estaba el cielo y la pinta que tenía Loiti, por mi gusto me hubiera dado media vuelta y a Pamplona, pero, al menos nadie ha dicho nada, os he visto tan decididos que he pensado: no seas un cagao, si estos jichos pueden yo también, si estos maromos no se dan la vuelta yo tampoco, si en lugar de ir por Sangüesa que parece que está mejor, vamos por Aibar que parece la boca del lobo… vamos ¡qué coño!
Hace muchos años la ruta de hoy la solíamos incluir en el calendario sin darle el boato de ahora, la hacíamos como si de una marcha más del calendario se tratara, si bien, tengo que reconocer que los ciclistas de entonces eramos muchísimo mejor que los de ahora, valga un ejemplo estos nombres: Pedro Canarias, Emilio Calvo, Ceferino y Cristóbal Ocaña, Javier y Mary Urtasun, Alfredo Blasco, José Salvador, Félix Hernando, J.C. Ibarrola, Carlos Argente, yo, etc. ¡En fin! También he de reconocer que las cuestas de entonces me parecían unas tachuelas de nada y las de hoy han sido puertos de primera. ¡Venga, venga! No nos pongamos nostálgicos y apechuguemos con lo que tenemos.
Como diría José María García: -“etapa eminentemente llana, etapa para rodadores, etapa de transición”-. ¡Un huevo!, ni llana ni para rodadores, hasta Carcastillo ha tenido sus dificultades y me he hartado de ver vuestros sillines, los he visto todos, que conste.
El almuerzo ha estado bien: buen ambiente, las tortillas cojonudas, los comensales unos impresentables y, además, feos.
La suerte se ha aliado con nosotros en forma de “viento a favor” y la vuelta hacia casa la hemos hecho en plan madelman, todo el rato con el plato grande puesto y sin miedo a los repechos. A la altura del Carrascal había muchos centroeuropeos a mi alrededor, todos estábamos dispuestos a no claudicar y llegar a meta disputando un sprint masivo, lo malo ha sido que, al más puro estilo Tour de France, ha habido una caída en el cruce de Urroz. Detrás de mi he oído un ruido que acojona ¡hay que ver lo mal que suenan las bicicletas al caerse al suelo con estrépito! Me han dado mucha pena Juan Luis y Carlos; Ibarrola venía contándome lo bien que lo han pasado recientemente en el Polo Norte, experimentando toda suerte de cosas raras para uno de la Cuenca y ahora se acababa de meter una galleta haciendo lo que más y mejor acostumbra a hacer. A Carlos le he visto que, poco a poco, recuperaba una cierta sonrisilla y me ha tranquilizado. Bien por la enfermera que inmediatamente ha parado para auxiliarles y por Pedro y Angel. A partir de entonces la vuelta se ha acabado, no había ánimos para disputar la etapa.
El GARMIN señalaba 144 kilómetros y en casa se han extrañado de lo pronto que he llegado a comer. Está visto que vamos a tener que programar vueltas de mayor calado.
Bs.