lunes, 29 de abril de 2013

Con la amenza del viento

Después de lo mal que anduve ayer, me he despertado con muy pocas ganas de salir con la “flaca”. Estaba dando vueltas en la cama, un tanto desorientado, cuando ha sonado el teléfono, era el amigo Juanjo que, con voz de llevar mucho tiempo despierto, me ha terminado de espabilar; el cielo estaba bastante despejado y, mirándolo desde el abrigo de la sala, no había más remedio que salir a entrenar. Ahora sólo faltaba no fallar con el vestuario: ¿culotte largo o corto? ¿zamarra ligera o de invierno? ¿camiseta de manga larga o corta? La elección con la ayuda de Maldonado tenía que ser sencilla, así que vamos a consultar “el tiempo en Pamplona” y un problema menos: cada fuente de información contenía datos diferentes, iban desde verdaderamente fríos hasta casi primaverales y en la calle la gente con abrigo. ¡Mira, mira!, vamos a dejarnos de tonterías, mejor que sobre a que falte, me visto con ropa de invierno y asunto arreglado.
A las 9,15 estábamos enfilando por Cordovilla rumbo a Noain con el aire soplando con fuerza y a favor ¡qué bien! Sabíamos que en Campanas, al torcer hacia Urroz, comenzaríamos el calvario de 40 kilómetros con Eolo en la cara pero, por causa de esos misterios que tiene la madre Tierra con sus puntos magnéticos que echan al garete todos los cálculos, no ha sido así, al contrario, la marcha era muy fácil y nos hemos puesto al día de todas las posibilidades que tiene la Real de jugar la próxima Champions, de que se salve Osasuna del descenso y de que mañana el Real Madrid remontará, en una de esas noches mágicas de Juanito, su eliminatoria con el Borussia.
Al llegar a Urroz la situación ha cambiado y hemos tenido que dejar de hablar para poder respirar más fluídamente. Ha sido en el kilómetro 4 cuando nos ha alcanzado un tractor con remolque y… ¡zas! “ciclismo tras moto” hasta donde sea; el buen hombre nos ha llevado con el automático puesto a 27,5 kms/hora hasta un poco más allá de Urricelqui, 8 kilómetros que nos han sabido a gloria.
El puerto de Erro lo hemos subido a buen ritmo y, como siempre que pasamos por Zubiri, café en el Gau Txori.
Ya he contado en otras ocasiones que la carretera hasta Pamplona resulta una tentación muy grande como para no dejarla escapar, los días de viento norte hay que aprovecharlos para que reluzcan por el uso las coronas pequeñas, con las excepciones de las cuestas de Antxóriz y Zabaldica que las hemos subido a 32 y 41 kms/hora, respectivamente. En ésta, el “escalador” ha querido dejar las cosas claritas y, poniéndose de pie, ha coronado el pueblo a cuarentaytantos kilómetros por hora, llevando al centroeuropeo pegado a su rueda trasera. ¡Ha estado muy bien toda la vuelta! El, aún ha ampliado por Aranguren y yo derecho a casa.
El GARMIN señalaba 85 kilómetros. No quiero terminar esta crónica sin darle públicamente las gracias a Luis (Vidales). Tú ya sabes por qué.
Hasta pronto. Bs.

domingo, 28 de abril de 2013

Vuelve el invierno

No quiero pensar que los ciclistas somos únicos en el mundo. Seguramente todos los que practican un deporte que les guste, estarán tan pirados como nosotros: los futbolistas jugando a primeras horas de la mañana con más ilusión que muchísimos profesionales de cualquier liga europea, los golfistas, los montañeros, los que se bañan en La Concha, los que nadan en la piscina cubierta sin posibilidad de hablar con nadie, los que recorren la Cuenca de Pamplona buscando un frontón en el que poder jugar unos partidos de pala, los maratonianos, los éstos y los otros, todos. Ocurre que cada vez tengo menos experiencia en otros deportes porque el ciclismo es muy absorbente y exige dedicación casi plena pero, bien mirado, los ciclistas somos unos masoquistas. Veamos, estamos a últimos del mes de abril, con poco acierto por mi parte hemos hecho unas cuantas salidas vistiendo culotte corto y, más de uno, de manga corta; pensábamos que la ropa de invierno ya no la íbamos a utilizar hasta el próximo mes de octubre cuando, al mirar por las ventanas, hemos descubierto los montes de los alrededores de Pamplona teñidos de color blanco otra vez. Si tuviéramos un poco de sentido común, soy de la opinión de que no tendríamos que haber salido rumbo a Irurita y subir Artesiaga. En días como el de hoy nuestra actividad deportiva tendría que reducirse a dar vueltas por debajo de las mantas de la cama y pensar: ¡qué locos están los UCN! ¿quién les mandará subir el puerto de Markaláin, Guelbenzu, Velate y Artesiaga? Lo cierto es que mi cuerpo no se ha despertado como a mí me hubiera gustado: no he cogido ritmo de respiración ni de piernas. Si hubiera competido contra mí mismo en la bicicleta de MTB, cuando el otro día alcancé al longilineo, me habría sacado varios minutos de ventaja. Con estas premisas, no me ha extrañado nada que, en el cruce de Arraiz, Ignacio y yo hayamos decidido subir Egozkue y encarar hacia casa. Este puerto resulta muy abrigado y el viento apenas nos ha castigado. Espero que no os hayáis mojado por el Baztán, lo cierto es que hemos hecho un trecho con otros compañeros que venían de Artesiaga y nos han dicho que la cosa estaba muy “húmeda”. Mi cuñado Maxi solía decir que “-cuando el día está de piojos, mejor que no te mudes-”, así que, después de tomar un café en el Gau txori, hemos dado rienda suelta a nuestros más bajos instintos de llaneadores y hemos ido recogiendo cuantos “cadáveres” aparecían al alcance de nuestra vista; ha sido el único momento del día, ciclísticamente hablando, en el que lo hemos pasado bien. Todo ese despliegue para que el GARMIN señalara, tan solo, 75 kilómetros. ¿Os dáis cuenta de que tengo razón cuando digo que los ciclistas somos unos pirados? Javier, el casco del Sky te sienta muy bien… Bs.

sábado, 27 de abril de 2013

Tráfico y ciclistas

Todos sabemos que el ciclismo es un deporte de riesgo, para ubicarlo en esta definición, nos vienen a la cabeza gran cantidad de peligros que acechan a los que lo practicamos. El más recurrente podría ser el de las “caídas”, mas de éste no nos tenemos que preocupar ya que la DGT vela por nosotros y nos obliga a llevar un casco, todo solucionado. Aprovecho la ocasión para darles varias ideas y que, próximamente, en otra nueva ley, se acuerden de nuestras rodillas (rodilleras), manos (guantes), caderas (fajas), ojos (gafas), orejas (orejeras), piel (cremas protectoras solares) etc. Que conste que en este comentario no hay ni asomo de sorna por mi parte, puestos a velar por nuestras seguridad, fijaos la cantidad de zonas de nuestro cuerpo que están expuestas a peligros y la DGT no hace nada por obligarnos a solucionarlo. Sin embargo, el peligro número uno es el tráfico. Por culpa de nuestros compañeros de viaje en calles y carreteras, éste es el verdadero campeón de campeones de todos los peligros. Ante él da igual que lleves casco o te pongas crema en los brazos, si te pilla un automóvil o un camión, cuando vayas por los aires, reza lo que sepas para que solamente se quede la cuestión en un desplazamiento muy brusco y luego no te pase por encima, que el golpe no te rompa en cachitos y tengas que vivir el resto de tu vida en una silla de ruedas, eso sí, participando en todos los campeonatos de paralímpicos que se anuncien en internet. Si has rezado poco o nada por no haberte dado tiempo, es muy probable que mueras tal y como ocurrió a un paisano nuestro la semana pasada en Mont-Roig del Camp (Tarragona). Efectivamente, amigo Karlos, hemos andado muchos kilómetros por esas carreteras catalanas y es una verdadera delicia llanear, subir, bajar y tomarnos unas cuantas birras en donde convenga. Lo mismo pensó el jubilado de Azagra y, por culpa de un drogado, ahora su tumba está llena de flores. ¿Por qué cuento todo esto? Todas las semanas salgo a andar en bicicleta un promedio de 5 días. La rutina es similar para todos ellos: hay que callejear por Pamplona disputando el sitio a los padres que llevan sus hijos al colegio, individuos con cara muy seria, cara del que sabe, “madelmanes” de la calzada que van al trabajo y para los que el ciclista es un estorbo. Cuando Pamplona queda atrás, normalmente hay un tramo de autovía o variante en el que los profesionales del transporte te pasan, a poder ser, a menos de 1,50 metros de distancia de tu bicicleta. Da igual que sean españoles, portugueses o de Europa del Este, las madres de todos ellos sienten unos pitidos en los oídos y piensan –“qué coño estará haciendo el hijoputa de mi hijo por Navarra”- Esto lo tienen muy asimilado y, al regresar a sus casas, los castigan a mirar contra la pared. Ahí queda la anécdota en el mejor de los casos, en otros tendrían que traerles tabaco a la cárcel de Pamplona por hijoputa temerario. En la parte central de la marcha diaria podríamos decir que los peligros del tráfico se diluyen, pasan un poco más desapercibidos, nos encargamos de escaquearnos por carreteras secundarias y ahí, salvo algún que otro mastodonte que por evitarse un rodeo discurre por carreteras comarcales con camiones de gran tonelaje, la cosa se tranquiliza. Por último queda la vuelta a casa y, en menor medida, discutir con los taxistas, transpaqueteros y demás sabihondos de la vieja Iruña. Ha pasado otro día y mañana nos toca más de lo mismo indefectiblemente. A la tarde, mientras por las televisiones no retransmiten ninguna carrera ciclista, leeré en la sección de “cartas de los lectores” del Diario de Navarra que las bicicletas son un peligro para todos: peatones, circulación rodada, para los padres, para el que sabe, para la comida del hospital, para los hijos de puta de un poco más arriba, para nosotros mismos y que la DGT anda pensando en poner en práctica alguna de las ideas que he escrito al principio de mi crónica, por tonto, y así eliminar todos los peligros que nos acechan. Lo dicho, los culpables son los atropellados y los muertos ¡que nos jodamos! Hasta pronto. Bs.

miércoles, 24 de abril de 2013

Entrenamiento reposado.

No me gustaría que Luis (Vidales) tuviera razón y me pasara de entrenamiento, así que, aprovechando que “Los Tres de Castilla” hoy se han quedado apenas con el vocalista, he decidido que era un buen día para tomarse las cosas con tranquilidad. La elegida ha sido la MTB, para vuestro conocimiento, os diré que se trata de una Cannondale-Flash, de carbono, bastante ligera y con la que acostumbro a salir sin echar de menos a las de carretera. A eso de las nueve menos cuarto ya enfilaba por la Rochapea rumbo a la Vía del Plazaola. En Berriosuso he salido a la carretera y… ¡vamos para la Ulzama!. Poco antes de llegar a Ollacarizqueta me ha pasado un “madelman”, un tío longilineo, vestido con ropa comprada en Larequi y con una bicicleta de carrera marca Trek. Siguiendo la norma instaurada por los ciclistas rusos de Pamplona y aceptada por la mayoría de mis paisanos, no me ha dicho ni oxtias, mi madre diría “ni burro qué haces ahí”. En fin, como no es cosa de maquinar contra la corriente imperante, he pensado: ¡que te den!. He seguido con mis cosas y, al rato, me he fijado que “el longilineo” no se había distanciado demasiado de mí. Desde ese mismo momento sabía que su suerte estaba echada: ¡voy a por ti!. En el kilómetro 7 ya podía verle el número de sus zapatillas, pero no ha sido hasta la cima de Markaláin cuando le he cogido. Allí, aprovechando la lección que me había dado más abajo, me he portado como un ruso más: ni burro, qué haces ahí. Me ha seguido hasta el cruce de Lizaso pero no me ha pasado. Ha estado bien la cosa. A esas horas el viento todavía no se había despertado del todo, se adivinaba que quería soplar del sur pero no molestaba. Al pasar por el cruce de Ciáurriz me ha venido al pensamiento mi viejo maestro en el arte de la fotografía Karloti y he decidido inmortalizar su nombre en el Facebook. Básicamente esto ha sido todo por hoy, ya sabéis, en Ostiz salida a la N-121 y en Sorauren escapada al camino fluvial huyendo del tráfico. Luis, ¿te he hecho caso? Hasta mañana. Bs.

martes, 23 de abril de 2013

Descanso y entrenamiento (22 y 23 de Abril)

Crónicas Marcianas ciclistas. 23-04-2013 Desde el domingo no levanto cabeza: comenzó la Look pinchando al bajar el puerto de Guirguillano, continué ayer lunes con otro en la MTB, justo cuando más duele, en el momento de empezar y, hoy, al salir del bar de Jaunsarás, ¡zas! la rueda en el suelo, en esta ocasión la agraciada ha sido la Rossin. ¡Ah! Mi coche tampoco se ha librado del gafe, está muy raro. Como he dicho en alguna ocasión, esta mala racha no tiene que servir para que nos cabreemos, seguro que se acaba, además lo mejor que les puede ocurrir a nuestras bicicletas es que se desgasten, que se rompan, eso significa que las usamos. Ayer, por culpa del inoportuno pinchazo, llegué algo tarde a la cita con “Los Tres de Castilla” en Cizur. Uno de ellos, el escalador, se despistó y tuvimos que cantar a duo toda la mañana. Enfilamos hacia Puente la Reina y el viento del norte nos ayudó a subir El Perdón, seguramente para congraciarse con nosotros después del mal rato que nos hizo pasar el día anterior cuando lo subimos en sentido contrario. Ya sabéis, en La Conrada pintxo de tortilla, zurito y vuelta. Con el fin de evitarnos en lo posible el viento de cara, nos metimos por el Camino de Santiago que viene de Sangüesa y aparecimos en Muruarte de Reta, después, por algún que otro camino, enseguida nos plantamos en casa. En resumen, etapa de recuperación disfrutando del paisaje y del viento. Hoy sí, hoy hemos vuelto a ser un trío como Dios manda. La ruta ya estaba decidida desde ayer, así que nos hemos encaminado hacia Irurzun por la Virgen de Oskía, subida a los túneles y, en Latasa, giro a la derecha para circular por una carretera que da gusto verla: tranquila, con una ligera inclinación y rodeada de verde hasta arriba. Luego Echalecu y más tarde Jaunsarás con el consabido pinchazo que os he dicho en el primer párrafo. Ahí he empezado a relamerme: ligero viento a favor y carretera llana. ¿Conocéis alguna cosa, dentro del ciclismo ¿eh?, que sea más placentera que mover el plato grande con alguna de las coronas pequeñas y que aquello funcione? Me sorprende cuando a alguno de vosotros os oigo decir que “habéis subido tal o cual puerto y que es precioso” ¿Precioso? Será para subirlo en coche porque todavía no conozco un puerto precioso en bicicleta. En todas las cuestas el primer deseo que se tiene es acabarlas, unos más pronto que otros, pero lo de la “preciosidad” sigo sin encontrarla. En cambio, cuando el POLAR te enseña velocidades superiores a 40 kms/hora es la demostración de que aquello funciona: el paisaje, el negro de la carretera, todo se convierte en precioso, ¡eso sí, no lo otro! Por si no ha quedado claro, el trayecto que va desde Jaunsarás a Pamplona ha sido precioso y bien que se ha aprovechado el escalador. Hasta pronto. Bs.

domingo, 21 de abril de 2013

Marcha del 21 de Abril, primera de montaña

La cuestión no está en la bala, el problema radica en la velocidad que trae la jodida. Mi madre diría que hoy hacía un aire pelado, no había muchas nubes en el cielo y el viento pegaba de cara. Me he vuelto a equivocar en el vestuario, hubiera necesitado un poco más de ropa, tal vez culotte largo en lugar del corto; he confiado en que, conforme avanzara la mañana, mejoraría la temperatura pero… ¡na! En esas estaba cuando el amigo Rufino ha sentido la necesidad de enseñarnos el culo, ese culogordo que la sabia naturaleza le ha otorgado. A la altura de las instalaciones del CD Pamplona, donde la chopera de Moriones, ha empezado a mover las piernas con algo más de salero del que yo hubiera deseado y hemos alcanzado el cruce de Goñi en un santiamén. Entonces me he dado cuenta que mi problema principal no era el frío, sino seguir la fila que comandaba Rufino. En las primeras rampas del puerto de Ulzurrun el “jodido” se ha apartado como si de un gregario de lujo se tratara después de realizar la labor encomendada por el director del equipo. ¡Hala, que os den! (me imagino que habrá pensado). Voy a volver al primer párrafo de este escrito, a la bala. En esos momentos los proyectiles viajaban a 20 kms/hora y he pensado que podían hacerme mucho daño, he bajado a 16, luego a 14 y, en algunos momentos, a 12. No he querido reducir más la velocidad porque para entonces ya los podía coger con la mano sin temor a que me la atravesaran. Por fin he coronado el alto de Ulzurrun en compañía de Pablo y de un corredor de la “Once”. Nos hemos tirado hacia Urdánoz y, desde allí, se divisaba que los primeros del grupo estaban próximos a terminar de subir la cuesta de Munárriz. En todo ese tramo me he encontrado bastante recuperado y he subido hasta el alto de Guembe con muchas ganas. En el pueblo me he juntado con Javi y Fernando y enseguida hemos llegado al cruce de Guirguillano donde estaba la gente esperando ¡buen detalle! Espero que algún día pueda corresponderos. Después del invierno que hemos pasado, las carreteras de Navarra están destrozadas: agrietadas, con desprendimientos, llenas de tierra, en obras, semáforos, etc. Llevaba el pensamiento de no quedarme subiendo el alto de Guirguillano y lo estaba consiguiendo, hasta que hemos pasado, sucesivamente, dos zanjas tapadas con tierra, en la primera me he quedado, he tirado un poco para alcanzar al grupo y, enseguida, ha llegado la segunda, otra vez me he vuelto a quedar y, como diría Fernando Fernán Gómez, he pensado ¡a la mierda!, ya os cogeré bajando. La carretera que lleva hacia Puente estaba similar a la que habíamos subido y, en un bache muy parecido al foso de las murallas de Pamplona, la rueda trasera se ha quedado sin aire en 0 segundos ¡paff! ¿Joaquín, majo, ven por favor! Algunos problemillas he tenido para arreglar la rueda pero por fin lo he conseguido en Puente. Karloti estarás contento, entre una cosa y otra hoy no he tomado café, ni pincho, ni zurito, ni na. He salido hacia El Perdón solo y en el cruce de Uterga he coincidido con los “Ibarrola” otros mariconazos que te dicen “vamos despacico” y para cuando te das cuenta te han sacado medio kilómetro y tienes que acortar el camino subiendo ese puertaco con viento de cara. Hoy hemos entrado a Pamplona por Ororbia y la Variante Norte nos ha visto pasar ¡por fin! a tutta la oxtia. Tarde pero lo he conseguido, he corrido como los centroeuropeos resarciéndome del daño que me han hecho los escaladores: ¡culogordos, unámonos! Demos por saco a los escaladores y gente de mal vivir. Bs.

viernes, 19 de abril de 2013

Crónicas Marcianas solidarias.

Hoy no ha habido actividad ciclista, lo siento, así que no puedo hablar de ciclismo. Desde hace un tiempo vengo dándole vueltas a un asunto que no logro “parirlo”, me preocupa pero no se darle forma; en estos pensamientos se me amontonan cuestiones tales como: el egoísmo del personal, el cambio climático, la hipocresía de los políticos, la imposibilidad de llevar a cabo proyectos teóricamente atractivos, etc. ¿Habéis oído hablar de Compensar CO2 plantando árboles? Pues si estáis interesados, informaros en internet que hay abundantes entradas al respecto. Esto me parece un proyecto teóricamente atractivo pero, según leo noticias relacionadas con el medio ambiente, totalmente inviables, al menos en Navarra. ¿Quien se va a embarcar en proyecto de “compensación de CO2” cuando se va a eliminar la vigilancia de los incendios desde los “cuatro observatorios” que tenemos para evitarse el pago de algo menos de 35.000€ al año en salarios?. El otro día veía por TV un documental en el que, por algo que nosotros tiramos por el sumidero de los lavabos y duchas o por los retretes, muchas personas tienen que excavar en la tierra para encontrar un poco de ¡agua! Y beberla. No digo para lavarse las axilas, bañarse en un lecho de rosas, limpiarse el culo o enjuagarse la boca y tirarla, ¡no! Digo para beberla. ¡No tenemos vergüenza! Nos quejamos por todo y vivimos en la opulencia, ¡sí! Cualquiera de los desarrapados del mundo se sentiría la persona más feliz del universo si pudiera beber un vaso de agua. Si con sólo acercarse a un grifo pudiera ver aparecer un poco de agua, ese elemento que nosotros dejamos correr sumidero abajo, mientras nos cepillamos los dientes o, después de haber hecho un poco de deporte necesitamos para recuperarnos del esfuerzo realizado con una ducha, poniendo cara y gesto de “madelman”, pensarían que se trata de otro milagro de Lourdes. No sé qué podemos hacer desde aquí al respecto: ¿cooperar con ONG’s que tengan infraestructuras montadas para procurarla? El domingo cuando nos juntemos para dar la consabida marcha cicloturista programada, tendremos toda el agua que queramos en cualquiera de las fuentes de los pueblos por los que pasemos y, si me apuráis un poco, por las acequias de las carreteras y caminos, muchos no haremos ni caso a la superabundancia de agua que este año el invierno nos ha dejado en Navarra, la maldeciremos por los corrimientos de tierras, hundimientos de carreteras e inundaciones de los barrios, pueblos y ciudades. Igual bebemos agua mineral cogida del frigorífico despreciando la del grifo, ¡somos la hostia! Con perdón, no vemos más allá de nuestras narices. Conforme escribo esta crónica más me cabreo. Nuestros congéneres no tienen qué beber y nosotros nos quejamos porque tenemos mucha agua. Me dan ganas de retirarme. Si alguno de vosotros lee esto y se le ocurre qué se puede hacer, le ruego que me lo diga. También me vale que otro, pongo por caso, me diga que no me preocupe, que todo esto está encauzado y que, de un momento a otro, se solucionará. Animo, hasta otra. Bs.

Día de estreno

Por si todavía no sabéis de qué va esto, os diré que aquí se va a hablar de ciclismo; todos los días que rinda culto al deporte del pedal, procuraré contar como me ha ido en mi salida casi-diaria. ¡Comienzo!
Decidídamente no es bueno andar en bicicleta con la obligación de tener que regresar a casa con un horario cerrado. Lo conveniente es salir y cuando se regrese, se regresa, sin prisas aún cuando se corra. A las 9 menos cuarto estábamos en la "chimenea de Mendillorri" cuatro aspirantes a profesionales: tres tíos y una tía. La lucha contra el tráfico a esas horas resulta estresante: unos van a trabajar y otros a llevar la prole al colegio, los camioneros se mezclan en esta ensalada mixta y meten el morro aportando colorido a los primeros kilómetros del día. Todo este mejunje lo hemos dejado atrás y, en la subida de Zabaldica, a Ignacio le ha tocado arreglar un pinchazo en la rueda delantera. En estos casos no hay coche de los auxiliares de carrera que vengan para cambiarte la rueda, no hay más remedio que perder cerca de 10 minutos y seguir hacia Zubiri.
Por primera vez en muchísimo tiempo hemos tenido viento de cara, viento del norte, el bueno, así que con un ruído en las orejas que atosiga, nos hemos acercado a Eugui. La cuesta del túnel recibe y encañona el viento que al otro lado, en el pantano, tenía prisa por salir hacia Pamplona. Creo que la hemos subido con nota, tal y como lo haría Philippe Gilbert cuando se pone terco y quiere dejar a sus "amigos", normalmente con éxito. La idea inicial era subir hasta el alto de Artesiaga pero, como os he dicho al principio, había prisa por regresar a casa no más tarde de las 12,30 y como el cielo se ha empezado a poner oscuro, en cuanto el POLAR ha señalado que llevábamos 37,5 kilómetros recorridos, media vuelta y: ¡tararí, tararí! viento en popa a toda vela, ¡jodé! cuanto anda mi Look  cuando le pisas el acelerador un poco, parece uno de esos coches que circulan por la autovía a 120 kms/hora al pasar por un radar y, al perderlo de vista, se alegra cantidad.
Es un verdadero regalo mover un desarrollo exigente y que las circunstancias del viento a favor y una ligera inclinación hacia abajo, te hagan pensar que lo de Gilbert no está tan lejano que el POLAR no engaña: señala con tozudez que llevas circulando un buen rato a 50 kms/hora y que el Purito Rodríguez se quejaba hace un tiempo de que en las "contra reloj" él sólo alcanzaba los 45. Antes de tomar un café en Zubiri, hemos echado un sprint Ignacio y yo, la velocidad en la recta de Saigos ha marcado 58 kms/hora. Si a alguien esto le parece poco, que nos perdone, ¡por favor!
Después del café vuelta a la rutina de la carretera: buena velocidad y saludos continuos a todos los poco madrugadores empeñados en demostrar al Gobierno de Navarra que nos merecemos algo más que una carretera repleta de camiones cargados de magnesita o de transportistas que se empeñan en transitar con mastodontes de gran tonelaje por una vía que nunca fue diseñada para ello. Además, ¿qué salida tienen? ¿van a Francia por Valcarlos? ¿por Alduides? ¡qué horror! ¡qué barbaridad!. Entiendo que para el transporte por carretera, hoy por hoy, las salidas más preparadas para salir hacia Francia son la N-1, la N-121 o la A-15, nunca la NA-135.
Hasta pronto.
Bs.