jueves, 29 de agosto de 2013

Huida con retorno al punto fatídico


Para hoy teníamos preparada una vuelta que, para los mediomadelmanes, muy bien se puede considerar de las respetables. Los que son madelmanes de verdad, enteros, tipo Willou, seguramente que la calificarán de medio pelo ¡allá ellos y su conciencia!

Lo cierto es que, entre una cosa y otra, las ganas de escribir una crónica se me han ido al carajo. Después de llegar a casa y comer un poco, literalmente, ha llegado la consabida siesta, la lectura del “Diario” y rumiar la marcha de la mañana. En esas estaba y he abierto el iPad: ¡el amigo Karlos nos ha estado siguiendo el rastro!, se ha servido de nuestras señales para descubrir que éramos cinco los jinetes que llevaba por delante.

Iban ligeros de equipaje, llevaban comestibles para una única jornada y, seguramente, pararían para repostar en alguna de las posadas que hay a lo largo del camino. Esto le ha hecho recapacitar a Karlos y ha pensado que era mejor volverse hacia la city y esperarles cuando ya estuviesen cansados. El muy cabrón es perro viejo y sabe de estas artimañas para ahorrar reservas.

A las 8,30, “Los Cinco de Kansas” lucían sus monturas por el barrio de San Juan y, un poco más tarde, atravesaban Berriozar camino de Marcaláin. La subidita del puerto se hacía con lucidez y Guelbenzu no era obstáculo para pasar por Lizaso antes de que dieran “y media”.

Allí se cruzaban con Alejandro y el chaval decidía cambiar el título de la película, ahora se llamaría “Los Seis de Kansas”. Cruce de Oroquieta y la temperatura que bajaba sin cesar, seguramente que a los de Kansas, si hubieran tenido un buen termómetro, les señalaría 12º. Justamente al coronar el puerto, Alex volvía a cambiar el título y lo dejaba como al principio: se volvía a trabajar ¡qué cosas!

Si bajaban por la cuesta rompeculos de Saldías ganarían mucho tiempo con respecto a su perseguidor y podrían ascender por Ezcurra sin sentir su aliento fétido. Las cabalgaduras respondían a la perfección y ninguno de los “kansinos” demostraba fatiga alguna.

 

En Leiza, los más débiles del quinteto quisieron amotinarse para comer en la cantina del pueblo pero, los guías, sabedores de lo que se les avecinaban, lograron convencer a un donostiarra y a un aragonés de que lo conveniente era subir Huici sin lastre estomacal y saciar sus bajos apetitos en la populosa ciudad de Lecumberri.

En el Valle de Larraun daban cuenta de un surtido de viandas que se acompañaban de cervezas traídas desde la tierra de Angela y que son reconocidas en todo el territorio. La pareja de díscolos reconocerían su equivocación.

El viento del norte ayudaba al grupo en su huída hacia Pamplona y los últimos kilómetros se hacían en silencio: ¡no había tiempo para txorradas! el caso era llegar al poblado antes de que dieran las dos de la tarde.

Habían recorrido 120 millas y el “perro viejo”  les esperaba sentado en el porche de su casa: sabía que tenían que regresar, no merecía la pena correr detrás de ellos. El muy cabrón tenía en su vieja cara algo que parecía una sonrisa.

Hasta otra. Bs.

miércoles, 28 de agosto de 2013

¡Cuanto me gusta andar en bicicleta!


No hay prisa. Como casi siempre, no dejo que el despertador suene, son las 7,30 y tengo hora y media para salir por la puerta de casa. Hoy mis compañeros del Trío no han podido venir conmigo, ¡ellos sabrán!

Por el carril-bici de la Vuelta del Castillo bajo a la Rochapea, no hay gente pero un madelman vestido con mochila me adelanta, tiene ganas de demostrarme que, aunque es muy torpe tomando la intrincada curva de la cuesta de La Reina hacia el túnel del Plazaola, es más fuerte que yo. Me acuerdo de Ignacio y pienso: qué te den ¡fantasma!

Atravieso “La Rocha” y, poco a poco, llego a los cuarteles de Aizoáin. Ya estoy en la carretera de Berrioplano camino de Ollacarizqueta. No tengo ningún motivo para “picarme” con nadie, no hay moros en la costa por delante y por detrás… a ver: ¡tampoco!. Estoy solo, continuo con mi idea de pedalear con el mínimo esfuerzo. Alcanzo la primera rampa del puerto de Marcaláin y no oigo mi respiración. Ya estoy arriba y el GARMIN señala que mi casa está a 15 kilómetros de distancia ¡qué cosas!

Al bajar la cuesta de Guelbenzu me dan ganas de fotografiar el Valle de Ulzama. Aún no sé por qué no lo he hecho, era el día perfecto. Una ligera neblina ocultaba el futuro del Valle pero, cerca, las cosas estaban verdes como de costumbre. El Bosque encantado de Orgi me ha hecho señas pero no he querido hacerle caso, he seguido carretera adelante hacia Lizaso, Auza y, en la cuestecilla de Juarbe, me he dado la vuelta: kilómetro 30 desde Sancho el Fuerte y el sillín comienza a clavarse.

El viento me ayuda a conseguir una velocidad de 40 kms/hora y a mantenerla sin esfuerzo. La tentación del café es demasiado fuerte y yo muy débil, me apeo en Lizaso y los del Restaurante Orgi me saludan con sonrisa puesta. El Marca me pone al día de los problemas de Bale con el Tottenham y me aburre. Decido seguir la ruta y deseo que el viento no haya cambiado de sentido.

Pedaleo sin esfuerzo y con gusto, la velocidad no sé cual es pero la sensación es muy agradable: los llanos y las cuestecillas se suceden hasta llegar a Ostiz y me enfrento a la N-121 y a sus camiones venidos de muy lejos. En Sorauren me cobijo en el “camino fluvial” y descanso. Ahora los problemas son otros, están vestidos de perros y paseantes (madelmanes a pie que diría aquel).

Comparto el camino con los gimnastas, peregrinos, ciclistas venidos a menos, amas de casa con mallas ajustadas y, de repente, me veo en el parque de los ancianos de San Pedro. La tentación es demasiado fuerte como para resistirme a hacer unas cuantas “subidas y bajadas” en el aparato de gimnasia. Prosigo hacia San Jorge, Landaben y, por Barañáin, entro en Pamplona.

 

Lo cierto es que mi pretensión era darme una vueltita a Ulzama para desintoxicarme de la de ayer y me han “salido” 75 kilómetros yendo de aquí para allá sin alardes. Hoy le ha tocado a la Flash ser protagonista de todo lo que he contado y mañana, si el tiempo no lo fastidia, le tocará a la Look. Ya os contaré.

Hasta pronto. Bs.

lunes, 26 de agosto de 2013

Pequeño homenaje al deporte


Otra vez mirando al cielo con recelo, otra vez echando mano de los manguitos, otra vez sintiendo un frescor premonitorio cuando bajo por la Fuente del Hierro, otra vez las castañas están dispuestas a caer sobre los capós. ¡Amigos, esto huele a otoño!.

El banco de Cizur está húmedo y cuando le digo a Ignacio que me haga sitio, remolonea. El chaval, poco a poco, había conseguido colmar el culotte con el agüilla que absorbía de la madera y, claro, no quería repetir la operación.


Enseguida ha llegado Juanjo maldiciendo, como siempre, de la p… cuesta y, como quien oye llover, nos hemos dirigido hacia Ororbia. Hoy me he despertado con una canción de esas que, sin saber por qué, martillean el cerebro hasta que, aburridas de tanto dar la pelmada, se van por donde han venido. No me atrevo a contar cual era porque Ignacio, que se la sabe, es capaz de ponerse a cantarla desde el principio al final. Los vecinos de Cizur  la han oído, cerrando las ventanas espantados y un amigo de José María Iparraguirre también.

Por el camino se nos ha sumado un muchacho, Diego, que nos ha acompañado hasta Jaunsarás. Buena gente.

Juanjo no hacía más que repetir que se me notaba la vuelta de ayer por Oroz Betelu ya que no había manera de pedalear con garbo. A mí, sin embargo, me venía a la mente una jota de Raimundo Lanas que dice: -“Si bebo vino: borracho, si no bebo: miserable”- y es que no sé cómo acertar: -“si corro: soy un alardes, si no corro (demasiado): se nota la vuelta de la montaña”-

Así hemos llegado a casa: un poco más descansados que a la salida y con el proyecto hecho para los próximos días.

Entre unas cosas y otras, he tenido tiempo para pensar en lo egoístas y poco respetuosos que somos con todos aquellos que nos han precedido. A veces creo que hemos aparecido en este mundo por generación espontánea. Cuando vemos un partido de baloncesto de los años 60 del siglo XX, nos reímos de la pinta de catetos de los jugadores con sus pantaloncitos cortos y sus errores en el tiro a canasta. Si el partido es de balonmano nos sonreímos de sus camisas flojas y su estilo tosco. Todos vestiditos de blanco para jugar al tenis. Unos señores muy mayores jugaban a pelota mano. Otros, montados en bicicleta, subían los cuestas dando chepazos mientras arrastraban desarrollos impropios de los puertos de montaña (los mismos que suben ahora pero sin asfaltar).

Tengo muy claro que de no haber existido Emiliano y otros de su época, difícilmente habría jugadores de baloncesto como los de ahora. Los Perramón, Cecilio, Melo y muchos más hicieron posible los Aguinagalde, Entrerrios, Juanín García y mil más. Santana y los que vinieron detrás gestaron a Nadal y a todos los de ahora. Cualquier selección española de fútbol actual ganaría sin despeinarse a otras tantas de la “furia española”.

Ayer, mientras veía la etapa de la Vuelta Ciclista a España, me quedé asombrado de la velocidad con la que ascendieron el puerto de Bayona que llevaba a meta. El televisor mandaba imágenes de unos señores subiendo con una soltura desconocida en las retransmisiones de hace unos pocos años. Merck, Ocaña, Thevenet, Hinault, Delgado, Rijs… todos hasta llegar a Induráin, subían con desarrollos impensables en el momento actual pero, para hacerlo como ayer subían el Alto do Monte da Groba, ha sido necesario un siglo y pico de desconocimiento y sufrimiento de todo tipo para que los ciclistas de ahora sean capaces de pasarse por la piedra a todos los que les han precedido. Vamos, es mi impresión.

Hasta pronto. Bs.

jueves, 22 de agosto de 2013

Los Lagos de Covadonga


En este mes de agosto han sido pocos los días en los que he rodado en bicicleta por mis lugares de costumbre. He pasado dos semanas en Burgos: la primera de ellas pateando la Sierra de la Demanda. La segunda, huyendo de la posibilidad de un accidente por “esos caminos de Dios”, me he refugiado en las carreteras, casi desiertas, de los alrededores de Covarrubias.



El pasado lunes, más que otra cosa para calmar el mono que todos llevamos dentro, nos juntamos los componentes oficiales de Los Tres de Castilla y dimos una de las vueltas clásicas del trío. No quiero detallarla porque más de uno diría: -“estos tíos no saben otra cosa que repetirse”-. Es verdad, parecemos a los toros que tienen querencia al burladero, tendemos a inclinarnos por los sitios en los que más cómodos nos encontramos. Fue un reencuentro con los itinerarios más familiares y sirvió para contrastar el estado de forma de mis compañeros de viaje: lamentable.


El martes me piré hacia un lugar eminentemente ciclista y reconozco que no me ha penado lo más mínimo: Asturias.

Ayer, a las 11 en punto, salía montado en bicicleta de monte con ruedas slicks de uno de los aparcamientos que tienen preparados ad hoc en los lugares próximos al Santuario de Nuestra Señora de Covadonga. El destino era la subida a “los lagos” que tantas veces hemos visto en TV y que, en alguna ocasión, hemos subido en la clásica cicloturista. Se me presentó esta oportunidad y no quise desaprovecharla.





 

Según dicen los del lugar, pocas veces se puede disfrutar en el año de un día tan espléndido como el de ayer. Para mi gusto un poco caluroso pero, nada que objetar. El aparcamiento era el P2 (bonito nombre) y está situado a 5 kilómetros del Santuario. Este primer kilometraje me sirvió para ir entrando en acción y reconocer los lugares que me han visto pasar en otras cuatro ocasiones.

En la rotonda que ahora distribuye el tráfico, justamente en el cruce del Santuario, comienza la ascensión. Bajo un túnel de arbolado, poco a poco me fui introduciendo en “harina”. Era agradable ascender, protegido por una sombra fresca, las primeras rampas de la cuesta de los Lagos de Covadonga. Cuando se sabe qué es lo que te espera, cualquier porcentaje que te señale el GARMIN inferior al 10% parece una tontería. Esto me recuerda la primera y única vez que subí el Burdinkurutzeta camino de Larrau: nadie te dice nada de que, entre medio, está el Orgambidexka, con unas rampas muy respetables pero, nada que ver con lo anterior ni con lo posterior. ¡Así somos de chulos!.

Hace unos cuantos años, uno de los antiguos componentes de UCN, el asturiano Juan Enterría, me describió la subida a los Lagos en un papel que decía: -“próximo a llegar a “la Huesera”, te encontrarás con unas casas con los tejados al mismo nivel que la carretera, a partir de ahí: sufrimiento sin descanso”- Este comentario siempre lo he tenido muy presente para esta cuesta y para otras que yo conozco. ¡Cuánta razón tenía el bueno de Juan! A partir de ese momento lo mejor que se puede hacer es dejarse de tonterías, quitarse todos los complejos, sacar tripa y… a ver cuando pasa este sagrado misterio.

Los kilómetros pasaban a una velocidad desesperante. Hacía cinco kilómetros que había dejado atrás a La Santina y, por mis cálculos, me parecía que eran veinte. Los autobuses de turistas que prefieren un medio más cómodo que la bicicleta para visitar a Enol y la Ercina, pasaban con regularidad dejando un tufo de humo que hacía aumentar la temperatura que para entonces ya era de 35 grados.

En plena Huesera estuve tentado de abandonar la carretera e introducirme en el camino, de hecho lo inicié pero, vi a lo lejos unas rampas que me asustaron y lo dejé para el año que viene con ruedas de tacos. Vuelta al asfalto y vuelta a lo de antes: cualquier cosa por debajo del 13% ya me parecía llano, así que desde el fin de la famosa cuestecilla, la de los huesos, hasta arriba fue coser y cantar.

Al llegar al Lago de la Ercina, aquello parecía Benidorm en día de fiesta de guardar. Todavía no habíamos llegado todos, faltaban muchos, pero era imposible tomarse una cerveza en el bar. Varios cordones de desaforados, a modo de guardianes de Miramamolin, esperaban impacientes su consumición y decidí echar mano de mi botellín de “Pedalier” mientras admiraba, igual que en el año 1996, el último de los lagos. Miré el reloj y eran 90 los minutos transcurridos desde que había montado en mi bicicleta en el P2, a 17 kilómetros de distancia, cuesta abajo.  

Confraternicé con unos compañeros que estaban resguardados del sol en su caravana y me comentaron que, solamente en autobuses, habían subido 4.200 personas el pasado martes. (8€ por persona).

¡Qué cosas tiene la gravedad! Nada que ver con la subida, la bajada es mucho más fácil, te hace ir a unas velocidades próximas al paroxismo. Conviene echar mano de vez en cuando a los frenos de disco si no quieres darte la consabida oxtia matinal: ¡yo no quiero!, que conste. Bajé rapidico pero con la mosca detrás de la oreja por si acaso los de los autobuses, en uno de esos viajes necesarios para acarrear cuatro mil y pico  turistas a 8 euros cada uno de ellos, me chafaban la ocasión de gozar del sol, de la luz, del calor, del paisaje, de lo contento que estaba, de las ganas que me quedaron de volver a repetir la experiencia…
 

Llegué a un bar próximo al Santuario y pedí una “caña”: -“¡no hombre, no, en ese vaso no! Sírvela en uno más grande, el doble o el triple de ese cucurucho que llevas en la mano”-



 

Dicen que la cerveza alimenta. Yo me alimenté mientras me cosquilleaba el paladar y ponía cara de pecador: Asturias patria querida, Asturias de mis amores...





Hasta pronto. Bs.

viernes, 16 de agosto de 2013

Mirando hacia atrás sin ira

Poco a poco se va acercando el momento de regresar a mi tierra y reconozco que me apetece.  Tal vez  tenga un componente de masoquismo volver a circular por los sitios en los que tantas veces te enfrentas a los de siempre, ya se sabe: camioneros, repartidores, taxistas, los de la "cara del que sabe", los que pasean por el carril bici, los que toman las rotondas por el exterior y lo avisan con un letrero en su coche (¿por qué?). Y dentro de poco tiempo con las madres que llevan a sus hijos al colegio y aparcan... donde pueden, y tal, y tal, y tal.

Todo eso aquí no existe y, como somos unos inconformistas, nos sumimos en sueños rumiadores echando pestes de nuestra soledad, de nuestros silencios, de nuestras moscas. ¡Así somos!

Desde que me dejó Txiki, he procurado huir de las rutas que circulan por el monte. Tengo miedo o precaución de meterme por sitios en los que, si me ocurriese algo, tardarían bastante tiempo en encontrarme. Así que desde el pasado lunes he regresado a la carretera con mi gorda y no me pesa.

Con puntualidad no programada, cada mañana a las 9 nadie me ve salir con mi sucia y crujiente Flash. Con una cierta desgana subo la primera cuesta del día y alcanzo el llano, cerca de 15 kilómetros que me llevan a Quintanilla del Agua. Por una carretera aún menos transitada, cruzo Tordueles para plantarme en Puentedura. Viene bien alejarse del terruño para sorprenderse de los nombres de los pueblos del lugar, ¡me encantan!. Hasta que llego a Cuevas, por mucho que atraviese Mecerreyes, mis únicas acompañantes son las moscas. Me imagino que son satélites que giran a mi alrededor cuan mísero planeta pues, haga lo que haga, siempre van acompañándome en el viaje.

En alguna ocasión he comentado mis hazañas en la carretera general de Soria cuyo trazado se presta  a ello: puertecillo de Mazariegos, llano, descenso y un sube y baja hasta Hortigüela. Desde aquí hasta Covarrubias tengo 13 kilómetros que son una maravilla para el profesional. De hecho, la Vuelta a Burgos pidió pasar por ahí y no me extraña.

A 4 kilómetros del pueblo está la última cuesta del día, la del pantano; la llaman así porque quisieron construir, en tiempos de Franco, el de Retuerta. Por variadas circunstancias, se quedó como está: en ruinas.

Pues bien, en esta cuesta parece ser que tienen por costumbre atacarme los profesionales de los otros equipos. Ayer fue cuando un grupo de Lerma me tomó en su punto de mira y quiso zamparme sin el menor miramiento. Sus carraspeos les delató y les faltó apenas 50 metros para devorarme. Me adelantaron en el llano y tuvieron la desfachatez de decirme que cogiera rueda. ¡La oxtia, si vais a relevos con todo metido! A falta de un kilómetro no pude más y cedí. Pocas veces me han visto sudar tanto.

Hoy ha sucedido lo mismo pero, esta vez, el grupo era de Covarrubias. Venía la gente con ánimos de comer carnaza y han mandado por delante a un muchacho para cogerme y minarme la moral. El cabroncete ha subido la cuesta del pantano a buen ritmo. De ahí en adelante, exactamente igual que ayer: ¡a tutta la oxtia! Sin compasión. Hemos cruzado el pueblo con la banda municipal saludando a los dos esforzados de la ruta. ¡Ah, el sudor...! 

Éstas son las cosas que dejaré cuando me vaya a Iruña.

Hasta pronto. Bs.



martes, 13 de agosto de 2013

Entre el recogimiento y el recreo

Supongamos que hoy salimos a dar una vuelta en bicicleta a eso de las 10,00 de la mañana. El primer problema que tenemos para resolver es responder a lo siguiente: ¿a dónde vamos? Una de las rutas más transitadas, para los que vivimos  en Pamplona, es la que va desde Huarte hasta Zubiri; para que nos entendamos, el tontódromo. 

Bien, esta opción nos ofrece cuatro alternativas: hacer caso de todas las carreteras que, a derecha e izquierda, llevan a los distintos pueblos del valle, llegar, regresar por el mismo camino y a por el siguiente. Otra podría ser que alcanzáramos Zubiri y diéramos por cumplida la tarea del día regresando a casa. A los que quisieran prolongar el entrenamiento, se les ofrece dos alternativas con una gran  cantidad de posibilidades: subir el puerto de Erro, con lo que el futuro es casi interminable o, por el contrario, optar por la izquierda dirección a Saigos, con un futuro algo más restringido pero casi tan inacabable como el anterior.

Ahora viene la pregunta del día: ¿a cuántos ciclistas veríamos en cualquiera de las alternativas que hubiéramos elegido? Imposible decirlo: ¡muchos!. ¿Sabéis con cuántos ciclistas me he cruzado hoy en mi salida de tres horas? Ahora os lo digo: cuatro. De los cuatro guardo sus características, tanto físicas como de vestuario; no creo necesario detallarlas pero, como se dice en las reuniones de vecinos: si alguien quiere más detalles, que me los pida y, gustosamente, se los daré.

Puede resultar agobiante circular por los alrededores de Covarrubias y adivinar, con poco riesgo de equivocarse, que hoy solamente te toparás con cuatro pelaus montados en bicicleta. No digo nada sobre los automóviles y camiones porque no será muy superior la cifra de estos artefactos con los que nos tengamos que pelear. Así pues, rodar bajo estas condiciones resulta ideal para la seguridad de todos nosotros.

Como diría Pepe Isbert en la película "Bienvenido mister marshall": -"como cronista vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, como cronista vuestro que soy, hoy os la voy a dar"-. La jornada no ha resultado monótona, he descubierto un nuevo tramo de la Ruta del Cid y, en otra ocasión, prometo ir hasta Burgos por el campo y volver, serán unos 70 kilómetros. Otro motivo para saltar por el aire la monotonía ha sido que, un momento antes de llegar a Cuevas de San Clemente, me ha pasado una máquina agrícola enorme, con su correspondiente 4x4 de apoyo avisando que se trataba de un transporte especial. Ellos por un sitio y yo, después de avituallarme, por otro, hemos aparecido en la general de Soria con una separación de 100 metros. Desde ahí hasta el alto de Mazariegos (1.060 metros de altitud) hay una distancia de 3 kilómetros; se trata de una recta entre el 2 y 3% de porcentaje y que, pese a su diseño, contrariamente a lo que se pueda suponer, nunca se me atraganta. En la cima del puerto el armatoste habrá triplicado su distancia inicial conmigo y he pensado: -"máquina, tu suerte está echada, eres mía"-

En el llano, con mi amiga Cannondale-Flash y sus ruedecitas gordas de tacos, hemos rebasado al maquinón. Lo bueno ha sido que, a lo lejos, había otra parecida a la anterior, así que la alegría ha sido doble. El resultado de la carrera disputada en el trayecto de 15 kilometros entre Cuevas a Hortiguela  por tres máquinas, ha dado como vencedora a la humana.

El que no lo pasa bien es porque no quiere. Hasta pronto Bs.




sábado, 10 de agosto de 2013

Ciclismo en directo

Estoy echando una ojeada al GARMIN y los datos son, aparentemente, desalentadores. Las cifras no me preocupan porque sé las circunstancias por las que el kilometraje es tan escaso; la principal es la dureza del terreno, tanto por su inclinación como por el estado de las sendas; otro motivo es la temperatura que ya empieza a recuperarse y resulta atosigante andar con treinta y tantos grados. Existe otra constante a tener en cuenta: las dudas y equivocaciones. Por mucho que sepamos acerca de la zona en la que nos movemos, surgen cantidad de caminos alternativos en las estribaciones de la Sierra de la Demanda.

Ayer estuvimos montados en las bicicletas 02:29:58 horas para alcanzar 35,59 kms. Además de la consabida caída, bordeamos un trigal que nos condujo a la nada, así que tuvimos que regresar por el mismo camino para poder situarnos por encima de los 1.200 metros de altitud.

Hoy el aparato medidor ha señalado 02:22:28 horas para alcanzar 37,33 kms. Las cifras son muy parejas unas de otras y la circunstancia negativa es muy distinta a la de ayer: Txiki ha perdido el POLAR y hemos vuelto y revuelto sobre nuestros pasos sin fortuna alguna. Estará cobijado bajo el manto de hierbas, esperando que algún colega lo encuentre y vuelva a ser útil. La marcha de hoy no ha tenido la dificultad de los días anteriores porque, después de la pérdida que acabo de relatar, hemos decidido circular por carretera y hemos recuperado tiempo y kilometraje.

La etapa de la Vuelta Ciclista a Burgos circulaba por Covarrubias así que no hemos perdido tiempo en acudir al mejor sitio del pueblo y verlos venir desde "bien lejos". Estos ojitos están acostumbrados a ver las carreras ciclistas por TV y reconozco que es un espectáculo que me encanta; además gozas de la posibilidad de ver las "jugadas interesantes" al igual que en el fútbol. Pero el tufillo del directo, el color de la serpiente, las bocinas de "todocristo" y el... cocheescoba, tienen un algo especial. No digo que lo prefiera a las retransmisiones de TV, no, pero ese ajetreo de buscar un lugar apropiado y luego salir pitando para acudir por un atajo a la carretera de Santo Domingo de Silos, comer un bocadillo en la cuneta de la cuesta de Tejada, volver a sentir toda la parafernalia del ciclismo, reconocer que los verdaderos profesionales tienen un físico especial, que corren mucho sin hacer ruido, ni humano ni mecánico, que hay muchas modalidades para conseguir los botellines de agua que arrojan los ciclistas con suma facilidad, que, que, que. ¡Es una maravilla!

Mañana toca la etapa reina y, por muchos motivos, la veré desde la sala de estar. No importa, seguirá gustándome tanto como hoy.

Hasta mañana. Bs.



jueves, 8 de agosto de 2013

Desafiando a los elementos

Ayer a la noche hacía fresco, me recordaba a esos días previos al otoño en los que nos resistimos a ponernos ropa de abrigo y desafiamos al catarro saliendo a la calle como lo haríamos una esplendorosa tarde de verano.

En el Chumi tomamos un café y proponíamos de qué manera disfrazarnos para la vuelta ciclista de hoy. En la maleta sólo tengo maillots de verano y era sencillo vaticinar que hoy íbamos a sentir frío. Una vez en casa, dimos con las zamarras del equipo ciclista del pueblo y, al verlas, me negué en redondo a salir con semejantes "fábricas de escalofríos": al tocarlas se me erizaron los pelos de los brazos y todo el frío que pretendía evitar, se me adelantó en la sala de estar. Adiviné que iría como los profesionales de la Vuelta Ciclista a Burgos: luciendo tipo de verano.

Hemos atacado el monte que protege del norte desde una ruta nueva. Se trataba de bordear la Muela por su parte derecha con la esperanza de que el camino no acabase en una nogalera sin salida. Todas las preocupaciones del día anterior han desaparecido como por encanto: el suelo estaba salpicado de pinchos que convenía evitar; a cada bandazo del manillar, las ramas cargadas de agua por la tormenta de la tarde nos mojaban los brazos y piernas, limpiando ese arañazo con el que el enebro nos había saludado. Conforme más ascendíamos, más complicada era la solución, hasta que ha llegado lo que tanto temíamos: el camino terminaba en un campo removido por los hocicos de los jabalíes. Media vuelta y a por otra.

Estábamos a punto de llegar a las primeras casas del pueblo y hemos cedido a la tentación de tomar la de la derecha. Otra vez han desbrozado una antigua senda, dejándola convertida en la envidia de cualquier carretera comarcal. La pendiente del 13% no presentaba problema para ascenderla a no ser por la monotonía que enseña el tener el futuro tan despejado. De la misma manera que había empezado, ha terminado; la comarcal se ha convertido en lo que siempre ha sido: un camino estrecho, empinado, agradeciendo haberte puesto el casco pues las ramas de las encinas tocan el tambor en el que se ha convertido la cabeza. Un paisano con su perro nos ha reconfortado con la noticia de que estábamos a punto de terminar con el suplicio.

Al salir del atolladero nos hemos encaminado hacia la Ermita de la Virgen de Mamblas y allí decidir que suerte teníamos que tomar. Por culpa de papeleos que no acabo de entender, hemos resuelto volver a casa por la vía más rápida y, en coche, acercarnos hasta Lerma para rendir pleitesía a la burocracia: gestionar la Tarjeta Sanitaria de Desplazado. ¡Asco!

Si el GARMIN no miente, los kilómetros de hoy ascienden a la asombrosa cifra de 13, de los que 5 han sido de bajada; esta hazaña nos ha costado una hora y diez minutos, saliendo una media de 11,1 kms/hora. 

No esbocéis ninguna sonrisa en vuestras caras pues solamente demostraréis desconocimiento de la actividad en el monte con bicicleta.

Hasta pronto. Bs.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Hacia San Olav

      Todo el año equivocándome con la vestimenta que debo de llevar en mis salidas ciclistas. Suponía que en Castilla iba a encontrar calor del que obliga a concentrarse en los pensamientos mientras agachas la cabeza con la esperanza de que la recta interminable acabe pero, no. Hace fresco y echo de menos alguna prenda de manga larga y guantes con protecciones para evitar los golpes con las ramas de los árboles. La vida aquí es más dura, todo cuesta un poco más.
          Ya no llego tarde a mis citas, lo contrario fue una anécdota que no ha de suceder. 
         Covarrubias está situada a 885 metros de altitud y esto no es obstáculo para encontrar una cuesta apenas comienzas la andadura, aún hay que subir un poco más para situarse en la carretera de Lerma. 
          Mientras hacemos los 7 kilómetros que nos separan de Puentedura, termino de espabilarme. Creo que nos han adelantado dos coches ¡una barbaridad!. Peor será la cuesta que termina en Mecerreyes en la que sólo vemos a un mísero ciclista: no hay coches. Txiki se queja de la velocidad que hemos alcanzado en este tramo, copia de la subida por el Río Urrobi aunque más corta, apenas 6 kilómetros.
           A estas alturas necesitamos abandonar la carretera y nos introducimos en el monte que vigila la general de Soria. Las lluvias del invierno se han llevado la tierra, dejando abundante piedra suelta y bancos de arena que ponen un toque de color cuando me imagino el golpe que me voy a dar.
            Estamos circulando por la cima de un monte largo, tan largo como El Perdón cuando empieza en la cima del puerto y acaba en Campanas. El aparato medidor de altimetrías señala 1200 metros y, si buscáramos, encontraríamos restos fosilizados de animales marinos.
           Después de un descenso complicadillo por las hierbas altas y los bancos de arena, volvemos a la carretera de Soria para buscar unas señales que nos indiquen por donde debemos regresar a casa.
         Al rato divisamos un mojón de madera con un escudo extraño que me recuerda a anillos con diseños intrincados de películas de bárbaros del norte. 
        -"Por ahí es, ese es el camino"- Poco a poco vamos ascendiendo sin otra dificultad que la pendiente de la cuesta hasta que el GARMIN dice que, próximamente, tendremos que bajarnos de la bicicleta ya que un 20% de desnivel y con piedras abundantes no hay manera de atacarlo por ninguna parte, a no ser que seas el campeón olímpico de la especialidad.
          Prueba superada. Seguimos buscando los mojones de madera y nos llevan a un camino estrecho como  nuestras bicicletas. Bajamos con soltura y al rato nos encontramos con un tramo de unos 500 metros de longitud cubierto de piedras puntiagudas, deshechas por los rigores del invierno, que me obligan a echar otra vez pie a tierra.
        Los mojones nos han traído hasta la Ermita de San Olav y es que Covarrubias, por cuestiones que se remontan a la Edad Media, tiene relación con el Norte, con Noruega y aparecen vestigios de la Princesa Cristina, casada con el Infante Felipe de Castilla. Dejo este retazo porque esto es una crónica ciclista y no una lección de historia, por cierto, muy amena.
      Ruego que me perdonen los que eligieron el diseño de la Ermita de San Olav, de reciente construcción, pero no le encuentro el atractivo por ninguna parte, me recuerda a un campo de prospección petrolífera. Lo siento.
         Estas han sido las andanzas de hoy, durante tres horas hemos recorrido 45 kilómetros por estos lugares de Burgos que tienen una firme disposición: siempre hacia arriba.
Hasta mañana. Bs.



martes, 6 de agosto de 2013

Por el Camino del Cid

                   Parece mentira que me encuentre sentado a un lado de la calle y esté solo. La compañía de vecinos, niños jugando, conocidos, cuñados, moscas revoloteadoras, en fin mara, en este momento se ha esfumado: estoy solo.
             Había puesto mucho cuidado para que hoy no se me pasara la hora y juro que lo he conseguido. Eran las ocho menos cuarto de la mañana y estaba con el oído afilado para dar un manotazo al despertador en cuanto sonara, justo, a las ocho en punto. Con el primer rugido de la moto acelerando ¡ZAS! se acabó, ya estoy preparando el desayuno.
               Hoy nos toca otra vuelta por los alrededores de Covarrubias, en realidad es lo normal moverse en un radio de acción de 20 kilómetros por los lugares próximos al pueblo y a fé que no te aburres. Los caminos principales están plagados de tentaciones a derecha e izquierda, posibilidades todas que las recorremos tarde o temprano y que, el próximo año, volverán a presentarse plenas de novedad.
              El Cid pasó por aquí camino del destierro y no me imagino que tuviera muchas comodidades para sortear los montes que hoy hemos sudado. No voy a marear al lector detallando los 50 kilómetros de la vuelta porque nos volveríamos todos locos. En cambio me gustaría contar que circular por la sombra del río camino de la Ermita de la Virgen de Redonda, resulta sorprendente y, como el otro día en el Camino de Sorogain, recuerdas que en el armario tienes unos manguitos que serían perfectos para la ocasión. Las ruedas machacan el suelo de arena y un ruido de molienda te acompaña hasta dejar atrás la Ermita. 
               No se quien habrá construído una pseudo autopista por aquellos lugares. Me imagino que los cazadores o labradores para facilitar el acceso a los campos, pero a nosotros nos han facilitado mucho la tarea. Los nombres de Castroceniza, Quintanilla del Coco y Retuerta os dirán muy poco. Yo los escribo y, si alguno de vosotros tiene alguna inquietud por detectar mi territorio, mirad en el Google Maps y os informáis o, mejor aún, venís: no seríais los primeros.
               Hoy no puedo acompañar la crónica de datos en cuanto a velocidades, kilómetros y medias, la batería del GARMIN estaba agotada y a Txiki le ha ocurrido algo parecido con las pilas de su aparato.
               El bullicio ha regresado a la calle y la luz comienza a ser esquiva, os dejo hasta otra ocasión. Bs.

lunes, 5 de agosto de 2013

Cambio de territorio.

               Estoy en Covarrubias. Conozco este pueblo de la provincia de Burgos desde desde hace 43 años. La primera vez que vine por aquí fue con un SEAT 600D y fue una verdadera aventura, entre otras cosas por el medio de transporte para realizar los 250 kilómetros que lo separa de Pamplona.
             Desde entonces las cosas han cambiado mucho y el viaje en la actualidad apenas tardo en realizarlo dos horas y cuarto. 
                Todos los coches que he tenido a lo largo de este tiempo han tenido que cargar con algunas de mis bicicletas y es que, por muy bonito y turístico que sea mi destino veraniego, como no tenga el desfogue ciclista,  resulta muy monótono, demasiado bucólico y tranquilo. Diría que es casi obligado olvidarse de las "flacas" y recurrir a las "ruedas gordas". Asi que, durante los próximos 15 días, no podré escribir otras noticias que no estén relacionadas con asuntos propios de la Flash con salidas híbridas de carretera y monte.
            El plan de hoy tenía hora de salida para las 9. No ha podido ser, eran las 9,15 y todavía dormía como un bebé. Cuando sucede esto, lo mejor que se puede hacer es no correr, total ya llegas  tarde  hagas lo que hagas, ¡tranquilo majete!
              A las 10,20 me he juntado con Txiki, mi cuñado. Mi compañero ya había llegado a Contreras y regresado. Lo bueno de esa marcha es que se puede hacer, casi en su totalidad, por monte y el paisaje burgalés es completamente distinto al nuestro. Abundan los enebros y las sabinas y los montes te rodean con altura aproximada al Palacio Arzobispal que el amigo Gaudí se empeñó en construir en Astorga.
            Enseguida hemos propuesto otra salida e inmediatamente aceptada. Sin pérdida de tiempo nos hemos introducido en el bosque de encinas y trepado por un camino de 5 kilómetros, atravesando campos de cereal y árboles que nos golpeaban con sus ramas en casco y brazos. Cuando ya empezaba a resultar la subida un tanto pestosilla, hemos alcanzado el camino que en otras ocasiones nos llevará a Hortigüela y que hoy nos ha servido para regresar a casa.
           Por mi parte apenas he andado 15 kilómetros, pero no tengáis la más mínima duda, han sido intensos y suficientes para ensuciar la pantalla del GARMIN con goterones de sudor y es que en Castilla hace mucho frío en invierno y un calor sin misericordia en verano. Comprobadlo.
                              Hasta pronto. Bs. 
                 
                 

domingo, 4 de agosto de 2013

Cada día más sentimental.


            Hoy es domingo, día de marcha oficial, jornada especial. Desde que soy parte integrante de mi club, he esperado a cada uno de los domingos señalados en el calendario de UCN, con verdaderas ganas de juntarme con la mara.

            Desde el 1977, año del inicio de mis ajetreos dominicales, hemos ido cambiando las personas, los lugares de encuentro, los materiales de las bicicletas, la vestimenta pero, en esencia, todo sigue siendo igual.

            El gusto por el pique sigue en pie, las mediciones con cada uno de nosotros corresponden a las marcas con las que sopesamos nuestro particular estado de forma.     Desde hace mucho tiempo sé que, en el ranking mundial de ciclistas profesionales de la UCI World Tour, ese que comanda Froome y le sigue Sagan, Purito, Quintana, Cancellara, Valverde y muchos más, yo ocupo el puesto tres millones ochocientos dieciséis mil cuatrocientos doce, así que asumo perfectamente subir o bajar veinte puestos en un día y no pasa nada; ahora bien, eso no es óbice para que salga casi todos los días a entrenar con los Tres de Castilla y procure juntarme los domingos con los descendientes de aquellos cicloturistas del siglo pasado para defender mi puesto con decoro y, si es posible, avanzar cien lugares en el ranking.

            Como dirían mis admirados Tip y Coll, comenÇons: eran las ocho y media de la mañana y los del grupo de los “Ibarrolas” parece que se han alegrado al verme asomar. Al poco rato ha llegado Juan Luis acompañado por Fernando, los dos iban montados en la misma bicicleta y no se estorbaban, tenían buena cara y su sonrisa translucía buen rollito. El asunto es que iban sobre un tándem, Juan Luis hacía de guía de Fernando, ciclista con problemas en la vista y con ochocientos kilómetros recorridos este año. Bajo mi modesto punto de vista, lo han hecho muy bien: el uno se dejaba llevar por el otro y sin problemas hemos llegado a Espinal.

 
 

            Los madelman del club nos venían pisando los talones y, tras los consabidos cafés de todos los días, hemos puesto rumbo a casa. Siguiendo el curso del Urrobi, diría que Jesús (Maestro) se sentía a gusto, formaba un conjunto armónico con su bicicleta y el río se quedaba atrás sin remedio. Javi sentía ganas de integrarse en el “conjunto armónico” y ha animado al resto de la gente a emular a Jesús. Conclusión: la cuesta del primer túnel ha llegado antes de lo que a mí me hubiera gustado. Se conoce que la mayoría de los integrantes del pelotón aparecen en el ranking de la UCI bastantes lugares antes que yo pues, a pesar de que el GARMIN señalaba que subía a 18, 19 ó 20 kms/hora y que cada instante era más difícil adivinar los datos del aparato  a causa de las gotas de sudor en la pantalla, me quedaba. El llano hasta la subida de Olaberri y la cuesta del segundo túnel, con la compañía de Enrique, la hemos hecho a buen ritmo pero el rodillo “madelmaniano” se había puesto a funcionar y hasta Aoiz no ha habido manera de volvernos a ver.

            Desde Urroz hasta el cruce de Monreal otra vez han vuelto las buenas sensaciones y, como a lo lejos adivinábamos unos bultos sospechos, no hemos parado hasta… cogerlos; eran los Ibarrola, padre e hijo, y Fernando. Para entonces ya había tirado a la cuneta todos sus complejos, los ochocientos kilómetros del principio de la mañana se habían convertido en novecientos y se notaba; el tándem era un aparato manejado con salero y resultaba bonito ver cómo las gotas de sudor de color transparente adquirían una tonalidad blanquecina como consecuencia del calor y de la velocidad que adquiere un pelotón cuando huele a meta.

            Esto ha sido lo que ha ocurrido hoy, no me negaréis que tiene los ingredientes necesarios para esperar que llegue, cuanto antes mejor, la próxima salida y así 36 años.

            Hasta pronto. Bs.

jueves, 1 de agosto de 2013

¡Paciencia, no nos pongamos nerviosos!


            Los primeros avisos no han tardado en llegar, todavía no habían sonado las siete menos cuarto cuando he descubierto que la rueda trasera estaba “baja”. Lo tenía todo preparado para no perder tiempo y llegar puntual a la rotonda de Olloqui pero…

-“venga, Víctor, todavía es temprano, puedes cambiar perfectamente la “cámara” y aún esperarás a los remolones”-

            Me he hecho caso y, un poco más allá de las siete, ya subía la cuesta de la Avda. de Galicia. Al llegar a González Tablas he oído el clásico ruido que hace la rueda trasera cuando pierde todo el aire de sopetón.
-"¡Jodé, Víctor, me parece que vas a tener que cambiar la “cámara” otra vez, sí esa, la misma que acabas de hacerlo!"-

            En estos casos conviene no blasfemar, no lleva a ninguna parte y no arregla nada. ¿Qué no voy a llegar a la cita acordada? ¡Qué más da! Seguro que encuentro remedio por otro lado. La verdad que resulta chocante para los vecinos del barrio encontrarse con un señor en pantalón corto y negro (cullotte) arreglando una rueda de bicicleta. Se sorprenden al pensar que ellos justamente han tenido tiempo de despertarse, maldesayunar y, de muy mala gana, salir a trabajar. Aterrizan en la street y ven a un profesional cambiando una rueda por segunda vez en el día.

            En el trastero me esperaba la Look sin un mal gesto, sabía perfectamente que había preparado la Rossin para poder subir el alto de Sorogáin sin demasiados ahogos y aceptaba la suplencia de buen grado. Ha entendido perfectamente la situación y nos hemos encaminado hacia Erro sin un mal reproche.

            En el cuartel de Zubiri he coincidido con José (Salvador) y, en los cinco kilómetros de subida y alguno de bajada, he quedado enterado de las noticias ciclistas del momento. El hacia Urroz y yo para el camino de Sorogáin.

            Pocas personas en la subida y muchas vacas. En los sombríos iniciales el fresco recordaba a los primeros meses del año y, exagerando un poco, echaba de menos los manguitos.
 
 

            No me canso nunca de admirar el paisaje que se divisa desde la muga con Francia: horizontes lejanos, verdes intensos y aire, mucho aire. Un bochorno bocachancla que se hace notar y empuja con fuerza, te advierte de lo qué te espera cuando regreses a casa. Serán cuarentaitantos kilómetros con Eolo en la cara y el sol centrándose en cuantas prendas negras hayas sacado del armario para rendir cuentas con la moda y diseño actual.

            A las diez y cuarto hemos coincidido allá arriba los integrantes titulares de los Tres de Castilla: Juanjo venía detrás de mí e Ignacio asomaba en el inicio del terrible costalón de 800 metros.


 

            ¿Habéis tenido la experiencia de bajar una cuesta, calzando ruedas Zipp 303 adelante y 404 detrás, con aire fuerte de costado o de frente? Os la recomiendo, es muy parecido a las sensaciones que se experimentan en la noria de Pamplona durante los sanfermines o, por lo menos, se te ponen los testículos tiesos.









            Bien, ni el viento ni el calor ha sido para tanto y hemos aparecido en Pamplona de manera muy digna.

            ¡Juanjo! el otro día Toño nos llevó a tomar una cerveza a Ripagaina, ¿vamos?...
 

 
Fotografía dedicada a Toño

            Hasta pronto. Bs.