Hoy
es domingo, día de marcha oficial, jornada especial. Desde que soy parte
integrante de mi club, he esperado a cada uno de los domingos señalados en el
calendario de UCN, con verdaderas ganas de juntarme con la mara.
Desde el 1977, año del inicio de mis
ajetreos dominicales, hemos ido cambiando las personas, los lugares de
encuentro, los materiales de las bicicletas, la vestimenta pero, en esencia,
todo sigue siendo igual.
El gusto por el pique sigue en pie,
las mediciones con cada uno de nosotros corresponden a las marcas con las que sopesamos
nuestro particular estado de forma. Desde
hace mucho tiempo sé que, en el ranking
mundial de ciclistas profesionales de
la UCI World Tour, ese que comanda Froome y le sigue Sagan, Purito,
Quintana, Cancellara, Valverde y muchos más, yo ocupo el puesto tres millones
ochocientos dieciséis mil cuatrocientos doce, así que asumo perfectamente subir
o bajar veinte puestos en un día y no pasa nada; ahora bien, eso no es óbice
para que salga casi todos los días a entrenar con los Tres de Castilla y
procure juntarme los domingos con los descendientes de aquellos cicloturistas
del siglo pasado para defender mi puesto con decoro y, si es posible, avanzar
cien lugares en el ranking.
Como dirían mis admirados Tip y Coll,
comenÇons: eran las ocho y media de la mañana y los del grupo de los
“Ibarrolas” parece que se han alegrado al verme asomar. Al poco rato ha llegado
Juan Luis acompañado por Fernando, los dos iban montados en la misma bicicleta
y no se estorbaban, tenían buena cara y su sonrisa translucía buen rollito. El
asunto es que iban sobre un tándem, Juan Luis hacía de guía de Fernando,
ciclista con problemas en la vista y con ochocientos kilómetros recorridos este
año. Bajo mi modesto punto de vista, lo han hecho muy bien: el uno se dejaba
llevar por el otro y sin problemas hemos llegado a Espinal.
Los madelman del club nos venían
pisando los talones y, tras los consabidos cafés de todos los días, hemos
puesto rumbo a casa. Siguiendo el curso del Urrobi, diría que Jesús (Maestro)
se sentía a gusto, formaba un conjunto armónico con su bicicleta y el río se
quedaba atrás sin remedio. Javi sentía ganas de integrarse en el “conjunto
armónico” y ha animado al resto de la gente a emular a Jesús. Conclusión: la
cuesta del primer túnel ha llegado antes de lo que a mí me hubiera gustado. Se
conoce que la mayoría de los integrantes del pelotón aparecen en el ranking de la UCI bastantes lugares
antes que yo pues, a pesar de que el GARMIN señalaba que subía a 18, 19 ó 20 kms/hora
y que cada instante era más difícil adivinar los datos del aparato a causa de las gotas de sudor en la pantalla,
me quedaba. El llano hasta la subida de Olaberri y la cuesta del segundo túnel,
con la compañía de Enrique, la hemos hecho a buen ritmo pero el rodillo
“madelmaniano” se había puesto a funcionar y hasta Aoiz no ha habido manera de
volvernos a ver.
Desde Urroz hasta el cruce de
Monreal otra vez han vuelto las buenas sensaciones y, como a lo lejos
adivinábamos unos bultos sospechos, no hemos parado hasta… cogerlos; eran los
Ibarrola, padre e hijo, y Fernando. Para entonces ya había tirado a la cuneta
todos sus complejos, los ochocientos kilómetros del principio de la mañana se
habían convertido en novecientos y se notaba; el tándem era un aparato manejado
con salero y resultaba bonito ver cómo las gotas de sudor de color transparente
adquirían una tonalidad blanquecina como consecuencia del calor y de la
velocidad que adquiere un pelotón cuando huele a meta.
Esto ha sido lo que ha ocurrido hoy,
no me negaréis que tiene los ingredientes necesarios para esperar que llegue,
cuanto antes mejor, la próxima salida y así 36 años.
Hasta pronto. Bs.
¡Te estás haciendo mayor!
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