El verde es exigente, el color que ahora tiene Pamplona no se da gratuitamente, cuanto más encapotado está el día, el tono verdoso de los parques de la ciudad se enseñorea de ella y, como dirían los locos de la “escalada”, se pone preciosa, ¡eso sí! Empleemos el léxico con propiedad y llamemos a las cosas por su nombre: Pamplona verde=preciosa, subida a un puerto=cualquier cosa menos preciosa ¿ok?
He de reconocer que la exigencia del verde es egoísta, impide o, por lo menos, dificulta las salidas a la carretera de los profesionales de la bicicleta; hace que miremos desde las ventanas de la casa oteando sin descanso el horizonte y busquemos una esperanza de cielo despejado por el este, tal vez por mendebaldea, acaso por the west o tendremos que pirarnos hacia los mares del sur. ¡Todo en vano! desde que una pequeña tregua nos permitió visitar Carcastillo, llevamos dos días a régimen severo de lluvia; como mucho tenemos permiso para pasar el trapo por la cadena o sacar el brillo al barniz del cuadro.
Hasta el día de hoy, sabía que 7 magníficos tenían la idea de dar una vuelta exigente, llegando hasta Saint Jean De Pied De Port y volver a casa después de haber subido “no sé cuantos puertos a cual más precioso”; el día ha amanecido bastante txungo, a las siete de la mañana he visto que el verde exigía su tributo en forma de lluvia abundante y he pensado -“seguro que alguno de se ha animado y nos cuenta que, quitando cuatro gotas en Mezquíriz, no nos hemos mojado”- ojalá haya sido así y estéis plenos de forma para el próximo domingo. Por cierto ¿vamos a subir Velate?
Desde hace un tiempo he tenido la sensatez de no arriesgar demasiado en esto del ojeo por la ventana y, en cuanto adivino que el recaudador de impuestos merodea por Iruña, me visto con el ternua y me harto del verdor de mi pueblo: ¡precioso!
Hasta pronto.
Bs.
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