domingo, 19 de marzo de 2017

Las mujeres, el ciclismo y Landa



Si tengo que ser sincero, diré que no tengo ni idea, no recuerdo si ha tenido eco o lo han mandado a tomarporsaco.


No, no desvarío, lo que ocurre es que me ha dado por pensar qué suerte habría tenido aquel comentario de Míkel Landa respecto a la costumbre de dar a los vencedores de las carreras ciclistas un trofeo, un muñeco de peluche, un ramo de flores y un par de besos.


¡Claro que sí! este es el protocolo con el que acaban todas las carreras ciclistas que se celebran en el mundo. Lo malo de este acto, según Míkel, es que toda la parafernalia del reparto de premios tiene dos protagonistas: el ciclista y las azafatas, y éstas -“sobran, no son objetos”-


Yo, en cambio, opino que las azafatas no sobran, tienen su cometido y ayudan a que el acto final de las carreras no se convierta en “no saber qué puñetas hacer” con cada una de las prendas que se imponen, los ramos de flores que se entregan a los vencedores, en definitiva a ayudar a todo el personal que sube al escenario a cumplir con el protocolo establecido. Tengamos en cuenta que las autoridades que se encargan de participar de la fiesta no tienen que saber el programa y la etiqueta que se exige.


Ocurre que las azafatas en cuestión acostumbran a ser guapas a rabiar, tienen una estatura muy superior a la mayoría de los ciclistas y, por qué no decirlo, pueden robar el protagonismo a los corredores sin que ellas se lo propongan.


En otros deportes las mujeres espectaculares son requeridas por su físico para realizar tareas que, bajo mi criterio, son tratadas como vulgares objetos; en esto, el mundo del motor se lleva la palma: las paragüeras son el mejor de los exponentes. En el mundo del ciclismo, que yo sepa, no hay mujeres objeto, sino unas personas que tienen un cometido y que, para realizarlo, se visten, se presentan y actúan con una exquisitez que es la admiración de todos los que asisten a los actos de final de etapa o de prueba ciclista. Los que no lo vean de esa manera considero que tienen un problema y, lo que son las cosas, desde hace un rato revolotea por mi cabeza la palabra talibán. 


Acabo de echar una ojeada en Google y veo que el ciclista alavés no está solo en este asunto: en Australia han penalizado a los organizadores que sigan manteniendo a las azafatas en los actos protocolarios; en Noruega, en Bélgica y en algún otro lugar se cuenta con chicos para estos menesteres (mientras sean chicos, no serán chicos objeto; las chicas sí, las chicas son “mujeres objeto”).


Todo esto desprende un tufillo de moralina, de hipocresía, de volver al pasado, de confesor dominico, de querer ser más que el que más… de talibán, ¡vaya!


Hasta pronto. Bs.

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