domingo, 29 de septiembre de 2013

Mientras espero a los Campeonatos Mundiales de Ciclismo.


Ahora mismo pocas cosas hay tan importantes como la marcha cicloturista que acabo de terminar. Ni el partido del Osasuna contra el Levante que se juega en estos momentos, ni el de ayer por la noche entre los dos madriles. Espero que a eso de las dos de la tarde  los Mundiales de Ciclismo, en Italia, desplacen definitivamente nuestra carrera y veamos una de las de verdad, la buena, la de los buenos, los mejores, ¡todos!

Durante esta pasada semana ha habido muy pocas noticias que comentar. Las vueltas han sido vueltitas, ligeros entrenamientos para matar el gusanillo pero sin sustancia de la que gustar. Acaso podría escribir que “el Escalador” ha mordido el polvo; en el sentido literal de la frase Juanjo probó el escozor que acarrea limpiar con las caderas la ladera de “la balsa de Zolina”. Por lo que veo se ha recuperado perfectamente: en bicicleta se desplaza como de costumbre y le sobran fuerzas para hablar acaloradamente con alguno del pelotón.

Ha pasado una semana desde el último domingo y otra vez hemos sido fieles a la cita con el club. Había buenas caras esta mañana en “Arizcuren” y no teníamos preocupación por el viento sur y tampoco de las nubes azulencas.

Ayer, cuando los participantes en la “I Marcha Cicloturista Huarte-Itaroa” nos alcanzaron a la altura de Zubiri, me quedé un tanto sorprendido e indeciso en cuanto a qué actitud tenía que tomar: ¿introducirme en el pelotón? ¡No! Esa no era mi carrera, no estaba inscrito y la velocidad que llevaban tampoco era la mía; lo mío estaba en el domingo con UCN. Hago este comentario porque lo de hoy ha estado muy movido y similar a la Marcha de Huarte-Itaroa. Desde el primer momento se ha obviado el viento de cara y hemos atravesado todo lo atravesable con la seriedad del que pone mucho esmero en su trabajo: Noáin, Beriáin, El Carrascal, cuesta de Mendívil, llaneo hasta la Venta del Maño en el más puro estilo madelman. Para llegar a Olleta es necesario discurrir por una carreterita estrecha y, como dicen los que entienden,  se llama falso llano. Son 10 kilómetros de una subida continua, muy falsa ella, muy poco llana ella, de ahí le viene su nombre. Si alguien lo duda, le invito a que haga el trayecto en sentido contrario, entonces verá que se trata de una verdadera bajada.

Luis, Saúl, Luis V., Pedro, Carlos y yo hemos formado un grupo para subir el Alto de Lerga y, junto a Fernando, llegar a San Martín de Unx de una manera bastante decente.

Hacía mucho tiempo que no nos poníamos los chubasqueros y precisamente ha sido en el territorio que normalmente podría servirnos de refugio en los días de lluvia: camino de Tafalla. Últimamente los 35 kilómetros que separan el Cidacos del Arga los hacemos a ritmo profesional, sin tapujos, contando mentalmente todas las cuestas que faltan para llegar a casa; algunas de ellas ni se tienen en consideración, son accidentes geográficos veniales. En mi caso, la que me impone preocupación mental es la que lleva al Mirador de Barasoain. Los primeros metros se hacen manteniendo la figura en perfecta armonía pero, cuando llevo un rato en plan figurín, levanto la cabeza y observo la curvatura de la Tierra ¡sí! Por esta jodida cuesta pasa la famosa curva de nuestro planeta y, como todos sabéis, ésta no tiene fin. Además se sube con desparpajo, en plato grande y, en nuestro afán de acabarla cuanto antes, ¡de pie!. Después viene otra cuestecilla que no se atraganta demasiado pero hay que dejar las risas para más adelante, si se te ocurre reír un poco, te quedas: se trata la que salva la vía del tren y que comienza nada más acabar de bajar la cuesta de Mendívil.

Una vez que alcanzamos ese punto, mi futuro se suele mostrar despejado, no me preocupa lo más mínimo el trecho que queda hasta Iturrama. Ya sé que he comentado en más de una ocasión que, en ciertos lugares de Navarra, hay puntos magnéticos especiales, algo parecido al Triángulo de las Bermúdas pero con la diferencia de que, en este caso, los objetos no desaparecen, sólo corren más deprisa ¿os habéis fijado en lo que digo?

Ha sido sin querer, me he visto obligado a ponerme en cabeza al llegar a Campanas y así hemos llegado al cruce de Urroz. Ahí llevaba a mi lado a Juan Cruz y me ha venido a la memoria la caída que tuvieron Carlos y Juan Luis el primero de mayo.

Camino de Beriáin no importa que la carretera se empine, siempre se va a velocidades más propias del llano que de la cuesta arriba. En esas estaba cuando, creo recordar, me ha pasado por la cabeza algo del nuevo Código de Circulación referente a las velocidades máximas que podemos llevar los ciclistas. En un apartado dice así:

-          Los ciclistas están obligados a circular a “tutta la oxtia” siempre. El que no pueda que lo deje, que se dedique a otra actividad, por ejemplo la pesca.

La cuesta de Noáin ha sido algo parecido al famoso Rosario de la Aurora, todos la hemos subido siguiendo las indicaciones del Código de Circulación pero cada uno por su cuenta, completamente desperdigados. La reunificación del pelotón ha venido más tarde, cuando estábamos bastante tocados (¿de la cabeza?)

Esta crónica la he terminado una vez que han acabado los Mundiales de Ciclismo. Sé perfectamente que a todos vosotros pensaréis de manera parecida a la mía: la última vuelta al circuito ha sido de lo mejor que se ha visto últimamente en TV. Muy pocos partidos de fútbol superan el espectáculo que han dado Nibali, Rui Costa, Valverde y, muy especialmente, Joaquín “cigarro puro” Rodríguez. Estos cuatro ciclistas han estado toda la temporada metidos en todas las batallas, chupando cámara como el que más y han acabado el año haciendo un mundial para enseñar en las escuelas de ciclismo. Me quedo pasmado de la fortaleza física y mental de Nibali, de la labor de equipo que ha hecho Valverde, de la zorrería de Rui Costa durante todo el año y de lo bueno que es Joaquín Rodríguez. Una persona que en estos tiempos ha perdido en el último instante dos de las “grandes” y siempre ha dado una imagen sonriente, elegante y alabando las virtudes del ganador, como hoy.

Subcampeón mundial de ciclismo 2013:         Joaquín “cigarro puro” Rodríguez

Hasta pronto. Bs.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Profesionales del pelotón navarro


Las salidas con la gente del Club tienen algo de seriedad, de cosa importante. Puedes quedar todos los días con “Los Tres de Castilla”, “Los Cinco de Kansas” o con los de “Orvina” pero no es lo mismo. No existe ese tufillo especial que adorna las marchas dominicales de UCN.

El primer punto de contacto con la marcha de hoy lo tuve ayer sábado. A las 9 de la mañana, desde la Autoescuela, salimos una docena de maromos que, sin apenas discusión, nos pusimos de acuerdo en la vuelta que íbamos a dar. Tomamos el camino de Irurzun y nos introdujimos en los túneles del Plazaola que cada día están más oscuros o ¿seré yo el que cada vez juno menos? -“Non lo so”-.

Me atrevo a decir que en la cuesta que lleva a Echalecu, fue donde se comenzó a mover el culo más deprisa que hasta entonces. Atravesamos Yaben y desembocamos en la carretera de Jaunsarás. A partir de ese momento, el cuentakilómetros se instaló en la década de los 40 con ligeros escarceos en los 50. El sudor fluía sin descanso y los alardes no cejaron hasta llegar a Arre. Los 80 kilómetros escasos de la mañana los recordé durante toda la tarde, las piernas estaban cansadas y seguramente lo notaría en la marcha del domingo.
 

Un día leí en el DN que, según una navarra residente en Dinamarca, sabía perfectamente cuando tenía que regresar a su tierra: al encontrarse a las 4,15 horas de la madrugada, parada en un semáforo, esperando a que se pusiera en “verde” para cruzar la calle. De un tiempo a esta parte, nuestro grupo ha tomado estas costumbres danesas como propias y atravesamos Pamplona parando en todos los semáforos que nos encontramos en rojo. En este comentario no encontraréis un átomo de sorna, sólo lo digo con admiración y respeto hacia los compañeros que nos han inculcado esta sana costumbre.

Ha sido en Oricáin donde se me ha olvidado que tenía las piernas pesadas por culpa de la herencia del día anterior y me he puesto en cabeza del grupo. Enseguida han relevado Toño, Felipe, Alberto y más. El ritmo era alegre y no tenía tiempo en fijarme que la niebla convertía la mañana en un color “panzaburro” que nos acompañaba camino de Ulzama.

El ejemplo de los primeros relevistas ha cundido y, poco a poco, se han ido sumando otros voluntarios para “tirar del carro”. La memoria me dice que pocos tenían ganas de bromas y el ruido de los cambios, junto con los carraspeos, era lo único que se oía cuando cruzábamos Lizaso. La cuesta de Juarbe se ha subido con seriedad, como le gusta a Ciaurriz. Arriba he decidido que no convenía relajarse y he relevado a los primeros. Poco tiempo he ocupado la cabeza del pelotón pues, enseguida, se han dado por aludidos los madelmanes y, de manera similar al día anterior pero en sentido contrario, nos hemos presentado en Jaunsarás.

Me imagino a Carlos de Andrés y Perico Delgado retransmitiendo por TVE nuestra marcha: dirían que, -justamente en el primer cruce a la derecha del pueblo, comienza la  gran dificultad del día, la subida hacia Beruete y que convenía tomar posiciones para acometer el primer repecho duro del día. Seguramente que a alguno se le atragantaría por culpa del ritmo elevado que habían traído los corredores desde Oricáin siguiendo las órdenes de los “primeros espadas”-.

He seguido al pelotón hasta las rampas previas a Beruete. He comprendido que 81 kilos de puro músculo y un poco de grasa es mucha masa corporal para seguir a los escaladores del grupo. Algo de eso decía el otro día Juanjo Oroz, el del Euskaltel, en la Vuelta a España y todo el mundo lo entendió. Espero que en esta ocasión suceda lo mismo.

Pablo Aristu, Luis Garde, Carlos Goñi, Luis Vidales, Fernando Recalde, un chico del Lagunak y yo hemos sido los únicos representantes de UCN que han hecho el recorrido por donde venía en los papeles, así que todos los demás tenéis una penalización de 15 minutos en la clasificación general. ¡Esto os pasa por listos!

El amable Puerto de Madoz tiene un primer tramo un tanto “atragantador” sobre todo si los dolores de piernas del día anterior pugnan por darse a conocer. No hay por qué preocuparse, el dolor es algo subjetivo, casi diría que no existe, lo mejor es no hacerle caso aunque veas que comienzas a no tener ganas de asomar el casco en las primeras posiciones del pelotón.

En el cruce de Goñi ha aparecido un ruido extraño en la bicicleta y, como el miedo es libre, se me ha metido en la cabeza la idea peregrina de que el cuadro de mi Look estaba avisando de la próxima rotura. Me he apeado en Ororbia pero no se veía otra cosa que el color negruzco del carbono. De la raja nada de nada. Seguiremos informando.

El amigo Joaquín y su forgoneta se han apresurado a taparme del viento y a dejarme de manera sencilla en Orcoyen.

Con Juanjo y Andrés  la cerveza ha tenido efectos reparadores y hemos diseccionado los 92 kilómetros que señalaba el GARMIN.

Saludos a tod@s. Bs.

 

jueves, 19 de septiembre de 2013

Debutando por El Camino de Santiago


Como dice “el escalador”, después de tantos días circulando por el asfalto, tocaba cambiar de suelo.

Llega un momento en el que la cabeza se rebela y se resiste a andar por sitios tan trillados: Ulzama y sus variantes, Lecumberri, vuelta a Erro, Lumbier, vuelta a la Montaña, Artajona, Puente y tal, y tal, y tal. Es el mismo problema que se tiene a la hora de elegir la comida cuando se está de vacaciones y se acude a comer al restaurante del hotel: siempre lo mismo. En este punto me acuerdo de mi cuñado Maxi que solía contar un chiste y, como todos los suyos, me hacía mucha gracia: -“Era un tío que fue a visitar una fábrica de perfumes y, después de pegarse un día entero recorriéndola, salió corriendo a la vez que gritaba: ¡por favor! Una mierda, una mierda.”-

Pues bien, hemos dejado de lado el asfalto y nos hemos dirigido hacia Iroz por el paseo fluvial. Parece mentira la cantidad de  mujeres que acometen por segunda vez en el año la “operación bikini”. En grupos de 3 ó 4, vestidas con mallas y con caras sonrientes se cruzan con nosotros. Se nota que esta noche ha llovido pues el camino está salpicado de charcos y la Flash, poco a poco, está tomando el aspecto típico de una bicicleta de monte.




 
 

El primer problema se presenta en el mismo Iroz. El camino hasta la carretera de Ilúrdoz es estrecho, apenas tiene la anchura de una bicicleta y los peregrinos vienen sin descanso. Algunos se apartan pero otros, muy germánicos ellos, hacen valer sus “derechos” y hay que apearse, C’est la vie. Sabemos de un atajo y evitamos el contacto humano hasta Zuriain. Desde ahí hasta la próxima estación el camino es extraordinario: el río Arga a la izquierda, túnel de arboles por arriba y algún que otro impedimento por el suelo. Poco antes de la primera “semicaída” del día, dos peregrinas me hacen parar y me advierten de la próxima supercuesta que se acerca sin remisión. Hasta hace poco tiempo era un tramo de escalones delimitados por traviesas de ferrocarril, imposibles de subir o bajar, y ahora lo han convertido en una cuesta de losas supercalifragilística. "El escalador” la ha atacado con decisión y… pie a tierra; ha estado muy decente en su actuación pero, ¡pie a tierra! A lo largo de la cuestecilla se han apostado varias decenas de británicos esperando que mi actuación fuese mucho más decente que la de Juanjo pero les he defraudado ¡que se fastidien! ¡que devuelvan Gibraltar y hablaremos!

Para llegar a Ilarraz hay que subir otra cuesta de las de mucho preocupar culminada por uno de tantos portillos. Hemos tenido la suerte de encontrarlo abierto sostenido por un lugareño. El espacio es tan estrecho que he estado a punto  de llevármelo por delante. En este punto no sé cuantas “semicaídas” llevaba a lo largo de la mañana.

Después de algunas indecisiones respecto al camino a tomar hemos llegado hasta el punto más feo del recorrido: el que atraviesa el territorio de “magnesitas”. Con el fin de evitar un camino serpenteante, han construido una cuestarraca que comunica el norte con el sur, el Cantábrico con Andalucía en perpendicular, sin atajos, con dos cojones. Justo en el punto en el que he tenido que bajarme, una pareja de mexicanos me animaba para que echara “coraje” al problema (así lo decían ellos) y he mandado al carajo el orgullo patrio. Lo han entendido enseguida y me han dado la razón. Mientras, a traición, “el escalador” ha trepado por el repecho de más del 30%. Es un impresentable.

Como canta mi viejo amigo Willy Deville, Across the border line de Zubiri nos hemos plantado en el camino que baja desde el Alto de Erro y otra vez “el escalador” ha preferido ascender hasta el alto en lugar de darse por vencido y tomarse un café en el “Gau Txori”.

No voy a contar su relato porque resulta empalagoso: -“yo, yo, yo, boa, boa, boa, porque yo, etc.”-

En el camino de regreso, por carretera, el viento nos ha ayudado a presentarnos en casa a la hora de comer.

En estas vueltas por el monte los 50 kilómetros dan mucho de sí y no es necesario acumular cifras de tres dígitos para presentar un curriculum plagado de cantidades acojonantes.

Ha estado bien, a partir de ahora alternaremos carretera y monte mientras podamos y yo os lo contaré.

Hasta pronto. Bs.

 


lunes, 16 de septiembre de 2013

La Feria de la Bicicleta, Madrid.


De vez en cuando conviene hacerlo. Unos se van a Nueva York, otros a París,  Roma, Costa Rica; los de más allí se vienen para aquí y, mientras tanto, merodeamos por los sitios de costumbre.

Madrid es un destino que atrae aunque, cada vez más, haya que hacer un ejercicio de “mirar hacia otro lado”; algo parecido que con los sanfermines y su puta mugre. Alguien me decía el otro día que -“los del COI han debido pasar por aquí para decidirse a no votarla como sede de los JJ.OO. del 2020”- y es que, vuelvo a repetirlo, hay musha, musha jiña.

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Mis motivos personales o el Festibike? En mi caso, sin ninguna duda, “mis motivos personales”. Lo que pasa es que una vez que estás metido en el meollo de la villa ¿por qué no vas a aprovechar para visitar la Feria?.

Con esto me ocurre lo mismo que con la paella: soy capaz de comerme cuatro platos seguidos pero incapaz de enfrentarme con la misma cantidad si me la sirven de sopetón en un plato. Casi, casi me asusté al pasar al interior del recinto ferial. Mirase por donde mirase, la imagen era siempre la misma: bicicletas. Las había de carretera, de monte, de ciudad, plegables, tandems, eléctricas, de pista, antiguas, modernísimas, baratas, muy caras, relucientes, extrañas, con cestas en las parrillas, triciclos, bmx, de aquí, de allá, desconocidas, pesadas, ligeras. La oferta para la vista es muy amplia, más que todo lo anterior. También ofrecen “destinos” en donde poder andar en bicicleta, seguros, complejos vitamínicos, ropa, bebidas isotónicas, masajes, accesorios y complementos. ¡Pasen señores, pasen, pasen y vean! No sé cuantas horas estuve viendo todo eso, tal vez cerca de cuatro. Cuatro horas a paso cansino son agotadoras; ¡no estaba cansado, estaba dolorido!

 

¿Sabéis una cosa? Además de esta feria, en la misma ciudad y durante los mismos días, hubo otra feria dedicada al ciclismo: Expobike. Sesión continua, podías salir de una para ver otra en la que te enseñaban lo mismo que en la anterior pero con distinto nombre. ¡Estamos locos!

No estoy arrepentido de haber ido a Madrid, me gusta y mucho tendrán que fastidiarla para que me deje de gustar. ¡Ah, la feria de la “bike” también!

Hasta pronto. Bs.















jueves, 12 de septiembre de 2013

El estilo de los "Serdos"


¡Extra! ¡Extra! El grupo “Los Tres de Castilla, según fuentes generalmente bien informadas, se disuelve. Como tantas otras veces, los celos socavan el terreno y el malestar crece dentro del afamado trío navarro.

Hay una constante diaria: el clima. A primera hora de la mañana es inútil buscar un cielo amable. Con los atisbos del amanecer las nubes son negras, poco a poco se vuelven de color azul petróleo hasta que adquieren su color gris amenazante natural. Con este escenario y el miedo en el cuerpo se necesitan muy pocas razones para desertar y volverse a casa. En ese momento entra en acción la fuerza del grupo y obligados por el compromiso adquirido la noche anterior, todos los integrantes acudimos sumisos al lugar de costumbre.

Ayer la chimenea supo que decidimos dirigirnos hacia Urroz y allí optaríamos. Lo mismo da que da lo mismo. Tan jodido es enero como febrero. ¿Qué hacemos? La moneda salió “cara” y la elección fue Erro. Eso significaba que tendríamos el  viento de cara durante 20 kilómetros. ¡Vamos!

Enseguida nos alcanzó el madelman de turno: un jicho fuerte, con musculatura muy marcada, plato grande entre pierna y pierna y maillot de Albero. Ya se sabe lo que sucede en estos casos, tarde o temprano vas a ir a por él y cuanto más tardes en tomar la decisión, más espacio tendrás que recortar. Nuestra tardanza supuso cerca de un kilómetro de recuperación. Necesitamos pasar de 25 a 30 kilómetros hora para alcanzar a nuestra carnaza. El viento pegaba de cara pero, una vez metidos en harina, ni lo notamos. Con el nuevo integrante del trío, pegado a unos 10 metros, subimos Erro y luego enfilamos hacia Pamplona. Sabemos que cuando ayuda el viento es un problema bajar de los 45 kms/hora y no estaba en nuestra cabeza resolver el asunto, así que de ahí para arriba, jugando a profesionales de los de verdad.

El que diga lo contrario miente. Cuando se circula alrededor de 50 kilómetros a buen ritmo, da lo mismo que sean llanos o en cuesta, al final la musculatura se resiente y la chimenea adivina que no estás para muchas oxtias.

Todo esto fue una premisa para el día de hoy. Supusimos que sería una buena idea tomarnos la marcha con calma y recuperarnos, andar en torno a los 100 kilómetros en plan tranquilo y gozar del paisaje y de la conversación.

¡Todos a las 9,30 en Ororbia, en la puerta de KYB!. Ignacio y yo aparecemos los primeros y sólo toca esperar al “escalador” que llega muy cerca de “menos cuarto”… pero el muy serdo no para ni mucho menos saluda. El muy serdo sigue y sigue… y sigue.

Conforme al plan establecido, hemos “arreglado el mundo” a la vez que ascendemos Madoz. También hemos querido desentrañar el misterio de las velocidades que alcanzan los profesionales en la “Vuelta” cuando bajan los puertos: cuesta de San Migueltxo camino de Urriza, buena pendiente y apenas complicaciones técnicas, no tocamos el freno para nada, el peso corporal es de 75 y 81 kilogramos y la gravedad tira con fuerza. ¡Bien! Miremos el GARMIN: 73 kms/hora. Amigos, como no pongamos más desarrollo, difícilmente vamos a acercarnos a las cifras de las motos de la “Vuelta” ¡imposible! Estamos a 20 kms/hora de distancia.

No nos distraigamos, sigamos con lo nuestro que es, ni más ni menos, saber dónde está el “escalador”. Hemos parado en Jaunsarás y el gachó aparece preguntando: “-¿dónde os habéis metido?-“

Sin comentarios; ahí queda escrito para la posteridad lo sucedido.

Por Larrainzar hemos alcanzado a un camión y resultaba tentador seguirle, a la vez que un poco rollo andar a 55 kms/hora sin dar pedales. Creo que hemos acertado dejando que se fuera. No es ninguna fantasmada lo que acabo de escribir, quien conozca esas carreteras sabrá que hay distribuídos estratégicamente una serie de “lomos berlineses” que hacen frenar a los camiones hasta casi pararlos y, cuando quieren remontar, otra vez se encuentran con el siguiente impedimento, cuestión que no es problemática para los ciclistas.

Bien, vamos a dejar de lado la “espantada” de Juanjo y, a modo de resumen, diré que hemos sumado 100 kilómetros al ritmo suficiente para que el jopo vuelva a quejarse y suspire porque otro día tensemos un poco más la cuerda y participen otras partes del cuerpo en el quehacer diario.

Hasta la semana que viene, me espera el FESTIBIKE. Bs.

 

martes, 10 de septiembre de 2013

Otras culturas, otras gentes... parecidas


Después de tres días sin tocar la flaca parece que el culo se recupera. Los dolores han desaparecido pero una idea se ha instalado en mi cabeza: más tarde o más temprano cambiaré los sillines de mis bicicletas por algo más humano. Mandaré a tomar por saco esas espadas que se clavan sin piedad y las cambiaré por asientos que reciban al culo con cariño, que no sean ariscos con él, que lo acaricien ¡vaya!

Me gustaría saber qué sistema emplearon los meteorólogos para adivinar, con varios días de antelación, que ayer íbamos a pasar un frío similar al que sufrieron los de la Vuelta a España por Andorra. No subimos a grandes altitudes, sólo circulamos por los alrededores de Pamplona, la niebla nos quería envolver e Iñaki tiritaba. Amagó con asustarnos de verdad pero se quedó en fuegos de artificio. Dimos la consabida vuelta desintoxicante por Basaburua y Ulzama con el único fin de tomar contacto con nuestras amigas y lo conseguimos.

Hoy, a la altura de Gorráiz habiendo coincidido con el grupo que sale desde Orvina, hemos hecho los primeros kilómetros del día.  Se nos notaba un cierto aire de condescendencia en el semblante: -“somos muy superiores a ellos y podemos andar tranquilamente a su ritmo”- ¡jajaja! ¡qué risa damos!

El pedaleo era machacón, consistente; los madelmanes del grupo enseguida se han dado a conocer y, de manera similar a los machos alfa de las manadas, se han encargado de dejarnos las cosas claritas. Por el camino hacia Urroz, no se nos ha ocurrido la malsana idea de situarnos en las primeras posiciones del pelotón, en todo caso saludar a los conocidos.

No hay diferencias entre un grupo y otro, se manejan de manera parecida, todos tienen sus gallitos y enseñan sus garras desafiantes para que los intrusos sepan en qué corral ajeno se han metido. Así, los primeros kilómetros de la carretera de Artaiz a Lumbier han sido muy parejos con los de las marchas de UCN. Ligeras escaramuzas hasta Turrillas y el curveo de la carretera ha tranquilizado el jaleo, que no la velocidad, hasta que nos hemos situado al pie de la cuesta de Tabar. Cuando la carretera se empina soy de la opinión de que es mejor no meter el dedo en ojo ajeno, no joder la marrana, no meterse en camisa de once varas, no hacer el tonto, estarse quieto y si consigues llegar arriba con los escaladores ¡mejor!

Sin querer me he situado detrás del amigo Juanjo (millonetis), a su izquierda Míchel y detrás de éste Iñaki. He mirado al suelo con la esperanza de que la cima se acercara antes de que hiciera ¡ploff! y lo he conseguido. En la bajada hacia Lumbier nos han alcanzado Ignacio y un “ala pivot” del equipo de Orvina y así hasta el Iru-Bide. Si teníamos algo de frío en la chimenea, ha desaparecido por el camino, lo mismo que las ganas de seguir al ritmo que hemos traído. Hemos decidido volver por Loiti, hablar de las novedades que se anuncian para el próximo año y que se exponen este fin de semana en el Festibike de Madrid, tomarnos una caña en Eskíroz y esprintar en la rotonda de Iturrama (nada nuevo bajo el sol).

Han sido 90 kilómetros confraternizando con otras culturas y pasándolo, como siempre, “de puta m…e”

Mañana será otro día y creo que mejor que éste.

Hasta pronto. Bs.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Fernando Alonso


Poco a poco el otoño se acerca, lo noto en los castaños repletos de bolas con pinchos dispuestas a caer en la Avenida de San Ignacio. Cada vez tarda más en amanecer y la noche se adelanta un poco cada día.

Tal vez sea por la maldita perspectiva del largo invierno de Pamplona, mis ganas de subirme a una bicicleta remiten con la misma velocidad que el verano se encoge.
 

Es sorprendente el cambio que ha dado mi mente o mi físico, no lo sé; hace dos jueves que “Los cinco de Kansas” dieron una vuelta por Basaburua, Leiza, Valle de Larraun y demás. En lo que a mí respecta, lo hice con alegría, buen ritmo y con ganas de repetir la experiencia cuanto antes mejor. Pues bien, desde entonces todo se ha venido abajo: me duele el jopo, las cuestas me dan por el idem, la idea de salir a practicar el ciclismo me supone un ejercicio a superar. Tendré que sobreponerme a esta situación dejando pasar el tiempo y seguro que a la vuelta de cuatro días estoy mirando por las ventanas, oteando el norte y el este, largándome por el sur para volver por el oeste. Es lo que procede.

Con esta situación poco tengo que contar del asunto profesional, ¿tal vez que ayer anduvimos 90 kilómetros? ¿Que subimos Orendáin, Guirguillano y Arradia? ¿Que tomamos un pincho el Puente? ¿Que preferimos la ruta de Campanas para regresar a casa? ¿Que otra vez el GARMIN se puso a 60 kms/hora por el cruce en el que el 1º de mayo se cayeron Mantecón e Ibarrola II? ¡Pues dicho queda!

En esta sensación de tristeza que me embarga, adivino dos noticias que me ilusionan y espero que acierte en mis deseos: una es el cambio de entrenador de Osasuna por otra persona que desprende un aroma más agradable que el desgastado Mendilibar y, la segunda y principal, el rescate del Euskaltel por parte de Fernando Alonso.
El campeón automovilístico mantiene un careto poco tranquilizador. Tal vez no puede ser de otra manera en una persona que se la juega metido en un aparato rojo-ferrari cada fin de semana, avanzando 6 puestos en las salidas y llegando a meta en primera, segunda o tercera posición.

Que tenga unas mandíbulas como las de Supermán, que se depile las cejas, que tenga cara de mala oxtia y demás, no significa que no sea capaz de reconocer que es todo un tío cuando se monta en el Ferrari. Después de todo esto, resulta que el jicho ha devuelto la alegría a muchas personas relacionadas con el ciclismo: primero a los profesionales del actual Euskaltel, tanto ciclistas como gente necesaria para poner a rodar un equipo UCI Pro Tour, el más antiguo del pelotón actual; y segundo a todos los aficionados a este deporte tan sufrido, tan extraordinario, tan admirado, tan gratis de ver, tan cercano, tan de siempre.
Me quedo con la esperanza de que un equipo ciclista, que hasta ahora se llamaba Euskaltel y radicaba en el País Vasco, siga vivo. Me importa poco si a partir de ahora se asienta en Oviedo o en Berriozar y se llama, pongo por caso, Asturias Patria Querida. Me alegro por los corredores del Euskatel y por todos nosotros.

Muy bien por Fernando Alonso.

Hasta pronto. Bs.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Recuperando el jopo maltrecho


Comentaba que no era un buen día para hacer alardes y era verdad. La marcha del pasado domingo ha dejado secuelas en mi cuerpo o ¿ha sido el sábado?

No soy el único del trío que se queja del jopo. Cuando “eso” duele es difícil concentrarte en otra cosa; es entonces cuando comienza a maquinar la célebre pescadilla y no hace otra cosa que comerse la cola: si te duele el culo tiendes a relajarte, el ritmo baja considerablemente y todo el peso del cuerpo se asienta en el mismo sitio, en el sillín, hasta que llegas a casa maldiciendo la idea que has tenido de salir a dar una vuelta en bicicleta.

Por este motivo las vueltas de estos tres últimos días han sido eso: vueltitas. El lunes justamente llegaron a 50 los kilómetros que separan el ir y venir hasta/desde Zubiri. Ayer martes fueron 70 los que suman cuando te empeñas en dar la vuelta a Erro. Hoy, quien haya salido a las orillas de la carretera para verme pasar, tendrán que haberse apostado a lo largo de la vuelta a Ulzama pues por ahí he andado.

He decidido aprovechar el día tan espléndido que ha salido y hacer poco caso del dolor. Alguien dice que el dolor se puede obviar y he pensado que podía ser una buena ocasión para darle la razón.

Estamos en un periodo en el que todavía la normalidad de los horarios no se ha instalado definitivamente en Pamplona. En las horas tempranas de las mañanas sólo circulan por la Vuelta del Castillo los “footineros” y los peregrinos de Santiago. Los semáforos se pueden transgredir sin mayor peligro y los pocos desocupados que han salido a andar por el camino del Plazaola no te miran con desprecio. Por las traseras de Berriozar y del cuartel de Aizoáin los soldados, en pantalón corto y camisetas de distintos colores, se apartan con prisa en cuanto oyen el crujido de las ruedas slicks en contacto con la gravilla.

Procuro poner el ritmo adecuado para que mi trasero no se queje y avanzo contento hacia Ollacarizqueta. Apenas dejo atrás la serrería, me adelanta un ciclista con bicicleta híbrida y muy pocos kilos encima. Comienzo la subida al puerto de Markaláin y observo que mi “adelantador” se ha estancado en su progresión. Poco a poco la distancia entre los dos se va acortando  y, en la curva del kilómetro 7, le alcanzo. Arriba del puerto reconoce que se sube mucho mejor detrás de un culogordo.

Pocas cosas se comparan al gusto tan agradable que deja acercarse a la cuesta de Guelbenzu bajo la sombra de los árboles y la temperatura tan acobais del momento. Desde el inicio de la cuesta hasta el cruce de Lizaso, hemos confraternizado y me he enterado de que el de la “bicicleta híbrida” practica el atletismo y que todavía se encuentra un poco desorientado en cuanto al ciclismo. El pobre tenía prisa por entrar a trabajar.

Lectura de la prensa en el Restaurante Orgi y con un café en el cuerpo vuelvo hacia casa con las mismas sensaciones que traía. Las rectas de Ulzama las devora a buen ritmo la Flash y, pese al ligero viento de cara, el GARMIN señala cerca de 40 kms/hora.

Un momento antes de Oricáin comienzo a sospechar que alguien con bicicleta de montaña está a punto de pasarme y acierto. El jicho hinca los riñones con esmero y llega mucho antes que yo al cruce con la antigua N-121. Lo siento Ignacio, no puedo reprimirme y ese tío tendrá que caer ¡seguro!

En el cruce de Endériz lo alcanzo y prosigo sin preocuparme. Tras un par de relevos llegamos a Sorauren y nos despedimos. Prefiero adentrarme por el camino fluvial y hacer el trecho que queda hasta el trastero “soltando piernas”.

Ha sido una buena mañana, he podido gozar del paisaje, de la temperatura, de la compañía, del café, del periódico y el culo no me ha dolido demasiado.

Mañana veremos. Bs.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Hoy no era un buen día para alardes


Al salir del restaurante no apetecía hacer planes para andar en bicicleta. Hacía mucho aire, nuestro Osasuna, como de costumbre,  había perdido y la hora de levantarse de la cama la veía demasiado cerca. ¡En fin! Mejor no comerse el coco y dejar la decisión para cuando suene el despertador.

¡Muy pronto para salir del “pulguero”! -“el caso es que, si no me levanto, voy a estar todo el santo día rumiando, ¡qué cojons, vamos p’arriba!”-

Mis paisanos todavía no se han levantado y atravieso Pamplona como si la calle fuera mía (esto hace tiempo que lo pronunció un gallego y suena muy mal, estoy por borrarlo). Son las nueve menos cuarto y alcanzo la rotonda de Orcoyen; todavía no hay gente pero, ¡ya vendrán!

José se ha ofrecido a llevarnos hasta el cruce de Anoz para que nosotros no nos cansásemos demasiado, la razón era que no iba a hacer nuestra marcha. El veteranazo ha debido de sacar del archivo interior alguna de sus carreras más veloces y nos ha llevado a treintaitantos kms/hora hasta que se ha despedido. Pronto hemos alcanzado a Ignacio y Eugenio y el grupo ha transitado por los alrededores del Araquil sin mediar palabra.

En esa recta interminable de Arbizu que sirve para acercarse hasta el puerto de Lizarraga, hemos cruzado nuestras primeras palabras del día y, de paso, tranquilizar el ritmo del quinteto. Os lo voy a presentar: Ibarrola, Úriz, Almárcegui, Eugenio y yo.

El ritmo de subida, bajo mi punto de vista, ha sido muy elegante. Nada que ver con el que, seguramente, habrá llevado el grupo de los buenos de UCN pero, muchísimo más saludable. Según me ha comentado Javi, ha dejado un año y medio de su vida en la subida al puertito de los c…s.

Tanto hoy como la última vez que atravesé el túnel de Lizarraga, al desembocar en su vertiente sur, parece como si alguien hubiera “dado la luz” y otro hubiese puesto en marcha el ventilador. Los primeros compases de la bajada no me resultan placenteros: parece como si  me hubiera montado en un simulador de vuelo y mi Look, mejor aún, mis Zipp fuesen las encargadas de hacer el acopio de aire necesario para sentir un cierto acojono cuando notas una querencia hacia el suelo. Los que iban delante de mí no sé cómo lo estaban pasando mas no me sacaban ventaja, así que sospecho que andarían por el estilo: mal.

El cruce de Lezáun ha sido muy tentador para Ignacio y ha desertado. Pronto hemos llegado al Monasterio de Iranzu y, poco a poco, los madelmanes también.

No era agradable circular con el aire en los oídos mientras nos acercábamos al inicio de Echauri el grupo primitivo más Urrizola. Nada más cruzar Salinas, hemos sentido que alguien nos iba a pasar sin remedio, eran los escaladores de UCN que no desaprovechaban la ocasión para vaciar sus más bajos instintos comiéndose a un grupito de amigos que no hacían daño a nadie.

Personalmente me ha resultado muy agradable que nos alcanzaran. En los últimos kilómetros de la ascensión nos han sacado de la modorra que traíamos y hasta nos hemos animado en la última recta a participar del jolgorio.

El viento ha seguido de compañero hasta casa y Javi ha gastado sus fuerzas en tirar del carro desde Ororbia hasta Orcoyen.

Esto ha sido lo que ha dado de sí la marcha cicloturista del día: 125 kilómetros con viento continuo y la gente, según he podido comprobar, con las luces rojas encendidas.

Hasta pronto. Bs.