viernes, 6 de septiembre de 2013

Fernando Alonso


Poco a poco el otoño se acerca, lo noto en los castaños repletos de bolas con pinchos dispuestas a caer en la Avenida de San Ignacio. Cada vez tarda más en amanecer y la noche se adelanta un poco cada día.

Tal vez sea por la maldita perspectiva del largo invierno de Pamplona, mis ganas de subirme a una bicicleta remiten con la misma velocidad que el verano se encoge.
 

Es sorprendente el cambio que ha dado mi mente o mi físico, no lo sé; hace dos jueves que “Los cinco de Kansas” dieron una vuelta por Basaburua, Leiza, Valle de Larraun y demás. En lo que a mí respecta, lo hice con alegría, buen ritmo y con ganas de repetir la experiencia cuanto antes mejor. Pues bien, desde entonces todo se ha venido abajo: me duele el jopo, las cuestas me dan por el idem, la idea de salir a practicar el ciclismo me supone un ejercicio a superar. Tendré que sobreponerme a esta situación dejando pasar el tiempo y seguro que a la vuelta de cuatro días estoy mirando por las ventanas, oteando el norte y el este, largándome por el sur para volver por el oeste. Es lo que procede.

Con esta situación poco tengo que contar del asunto profesional, ¿tal vez que ayer anduvimos 90 kilómetros? ¿Que subimos Orendáin, Guirguillano y Arradia? ¿Que tomamos un pincho el Puente? ¿Que preferimos la ruta de Campanas para regresar a casa? ¿Que otra vez el GARMIN se puso a 60 kms/hora por el cruce en el que el 1º de mayo se cayeron Mantecón e Ibarrola II? ¡Pues dicho queda!

En esta sensación de tristeza que me embarga, adivino dos noticias que me ilusionan y espero que acierte en mis deseos: una es el cambio de entrenador de Osasuna por otra persona que desprende un aroma más agradable que el desgastado Mendilibar y, la segunda y principal, el rescate del Euskaltel por parte de Fernando Alonso.
El campeón automovilístico mantiene un careto poco tranquilizador. Tal vez no puede ser de otra manera en una persona que se la juega metido en un aparato rojo-ferrari cada fin de semana, avanzando 6 puestos en las salidas y llegando a meta en primera, segunda o tercera posición.

Que tenga unas mandíbulas como las de Supermán, que se depile las cejas, que tenga cara de mala oxtia y demás, no significa que no sea capaz de reconocer que es todo un tío cuando se monta en el Ferrari. Después de todo esto, resulta que el jicho ha devuelto la alegría a muchas personas relacionadas con el ciclismo: primero a los profesionales del actual Euskaltel, tanto ciclistas como gente necesaria para poner a rodar un equipo UCI Pro Tour, el más antiguo del pelotón actual; y segundo a todos los aficionados a este deporte tan sufrido, tan extraordinario, tan admirado, tan gratis de ver, tan cercano, tan de siempre.
Me quedo con la esperanza de que un equipo ciclista, que hasta ahora se llamaba Euskaltel y radicaba en el País Vasco, siga vivo. Me importa poco si a partir de ahora se asienta en Oviedo o en Berriozar y se llama, pongo por caso, Asturias Patria Querida. Me alegro por los corredores del Euskatel y por todos nosotros.

Muy bien por Fernando Alonso.

Hasta pronto. Bs.

5 comentarios:

  1. Descansa chaval y todo volverá a ser como antes.
    Estoy de acuerdo con lo que dices de fernando. Suerte

    ResponderEliminar
  2. Creo que tienes astenia otoñal... Deja reposar un poco la cosa; dedícate mientras tanto a la natación, a andar, a pasar un finde en Madrid, ya tú sabeh ;-)

    ResponderEliminar
  3. Ese color del coche rojo-ferrari, lo pintará Xabigo en una bici? es muy chulo.

    ResponderEliminar