Después de tres días sin tocar la
flaca parece que el culo se recupera.
Los dolores han desaparecido pero una idea se ha instalado en mi cabeza: más
tarde o más temprano cambiaré los sillines de mis bicicletas por algo más
humano. Mandaré a tomar por saco esas espadas que se clavan sin piedad y las
cambiaré por asientos que reciban al culo con cariño, que no sean ariscos con
él, que lo acaricien ¡vaya!
Me gustaría saber qué sistema
emplearon los meteorólogos para adivinar, con varios días de antelación, que
ayer íbamos a pasar un frío similar al que sufrieron los de la Vuelta a España
por Andorra. No subimos a grandes altitudes, sólo circulamos por los
alrededores de Pamplona, la niebla nos quería envolver e Iñaki tiritaba. Amagó
con asustarnos de verdad pero se quedó en fuegos de artificio. Dimos la
consabida vuelta desintoxicante por Basaburua y Ulzama con el único fin de tomar
contacto con nuestras amigas y lo conseguimos.
Hoy, a la altura de Gorráiz habiendo
coincidido con el grupo que sale desde Orvina, hemos hecho los primeros
kilómetros del día. Se nos notaba un
cierto aire de condescendencia en el semblante: -“somos muy superiores a ellos
y podemos andar tranquilamente a su ritmo”- ¡jajaja! ¡qué risa damos!
El pedaleo era machacón,
consistente; los madelmanes del grupo enseguida se han dado a conocer y, de
manera similar a los machos alfa de las
manadas, se han encargado de dejarnos las cosas claritas. Por el camino
hacia Urroz, no se nos ha ocurrido la malsana idea de situarnos en las primeras
posiciones del pelotón, en todo caso saludar a los conocidos.
No hay diferencias entre un grupo
y otro, se manejan de manera parecida, todos tienen sus gallitos y enseñan sus
garras desafiantes para que los intrusos sepan en qué corral ajeno se han
metido. Así, los primeros kilómetros de la carretera de Artaiz a Lumbier han
sido muy parejos con los de las marchas de UCN. Ligeras escaramuzas hasta
Turrillas y el curveo de la carretera ha tranquilizado el jaleo, que no la
velocidad, hasta que nos hemos situado al pie de la cuesta de Tabar. Cuando la
carretera se empina soy de la opinión de que es mejor no meter el dedo en ojo
ajeno, no joder la marrana, no meterse en camisa de once varas, no hacer el
tonto, estarse quieto y si consigues llegar arriba con los escaladores ¡mejor!
Sin querer me he situado detrás del
amigo Juanjo (millonetis), a su izquierda Míchel y detrás de éste Iñaki. He
mirado al suelo con la esperanza de que la cima se acercara antes de que
hiciera ¡ploff! y lo he conseguido. En la bajada hacia Lumbier nos han
alcanzado Ignacio y un “ala pivot” del equipo de Orvina y así hasta el Iru-Bide.
Si teníamos algo de frío en la chimenea,
ha desaparecido por el camino, lo mismo que las ganas de seguir al ritmo que
hemos traído. Hemos decidido volver por Loiti, hablar de las novedades que se
anuncian para el próximo año y que se exponen este fin de semana en el
Festibike de Madrid, tomarnos una caña en Eskíroz y esprintar en la rotonda de
Iturrama (nada nuevo bajo el sol).
Han sido 90 kilómetros
confraternizando con otras culturas y pasándolo, como siempre, “de puta m…e”
Mañana será otro día y creo que
mejor que éste.
Hasta pronto. Bs.
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