Hace pocos días, no recuerdo en donde, vi una fotografía de un
antepasado nuestro; muy bien podría tratarse de un familiar de cualquiera de
nosotros, pongamos que de un abuelo. De él recuerdo dos cosas: tenía la cara y
las manos de cuero arrugado; su ropaje, apenas pantalón y camisa, tenía muy
poco de su versión primitiva; la mayor
parte de su superficie original había desaparecido o servía de entramado para
soportar los sucesivos petachos que a lo largo de los años habían sido
añadidos.
En tan poco espacio de tiempo,
apenas 50 años, se han ido apoderando de nosotros unas necesidades de consumir
que, como diría aquel, no nos conoce ni la madre que nos parió. El comercio es
el rey del cotarro, el asunto se sustenta en el consumo y, en cuanto has
consumido, ya no eres interesante, las miradas se fijan en el siguiente.
Durante mi vida laboral ocupé
gran parte de mi tiempo en implantar nuevos y sucesivos métodos de trabajo que
duraban apenas un año. Enseguida se acababa el ciclo y comenzaba otro nuevo que
mejoraba el anterior. Los compañeros de trabajo se quejaban en cuanto me veían
aparecer por la puerta de entrada a las oficinas; justamente cuando empezaban a
dominar el viejo sistema, yo traía otro bajo el brazo mejorando lo inmejorable.
¿Os habéis fijado que vivimos
bajo el yugo del consumismo ciclista? Enumeremos, por favor:
-
Bicicletas montadas desde la fábrica.
-
Normalmente no estamos conformes con el equipamiento
que traen y procuramos adecuarlo a nuestro gusto.
-
Sucesivas mejoras a lo largo del tiempo hasta
que compramos otra bicicleta.
-
Zapatillas.
-
Vestimenta adecuada a la moda que marcan las
tendencias. Ahora se lleva el color negro, muy propio para soportar los rigores
del verano y para pasar desapercibido en la carretera.
-
Cascos. Elementos muy útiles para cuando te caes
de cabeza pero inútiles en muchísimas otras ocasiones, por ejemplo cuando te
caes con la cadera, de rodillas, con las manos por delante, de morros. No
importa, ahora los hacen de kevlar, muy resistentes y sus diseños cada vez más
modernos. Este año se han empezado a ver en las grandes pruebas unos muy
parecidos a los orinales, sin apenas aireación pero que van muy bien para los sprints.
-
Prendas antifrío, antiviento (windstopper),
antiagua.
-
Gafas.
-
Aparatos de medición de velocidad, revoluciones,
temperatura, localización.
¿Sabéis una cosa? Todo esto no
nos sirve para nada, bueno, para nada no, acaso para calmar nuestras “ganicas”
insaciables, alimentadas por el boca a boca de nosotros. Insisto ¡para nada! Todo
lo que compremos hoy, será superado mañana o esta misma tarde. La bicicleta
nueva mañana es vieja y lo cojonudo es que, tanto la “vieja” como la “nueva”,
son igual de buenas: responden a la primera, pesan nada y corren todas mucho (o
poco, según).
¿Os imagináis a nuestro abuelo, el
del primer párrafo de esta crónica, siguiendo los dictados de la moda? ¡En fin!
No me hagáis caso, si no de qué iban a vivir tantos fabricantes y currelas del automóvil,
por ejemplo, si siguiéramos utilizando el primer coche que tuvimos y que tanto
humo echaba.
Lo dicho: ¡sigamos consumiendo!
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