sábado, 26 de octubre de 2013

¡Viva el consumismo!





Hace pocos días, no recuerdo en donde, vi una fotografía de un antepasado nuestro; muy bien podría tratarse de un familiar de cualquiera de nosotros, pongamos que de un abuelo. De él recuerdo dos cosas: tenía la cara y las manos de cuero arrugado; su ropaje, apenas pantalón y camisa, tenía muy poco de su versión primitiva;  la mayor parte de su superficie original había desaparecido o servía de entramado para soportar los sucesivos petachos que a lo largo de los años habían sido añadidos.
En tan poco espacio de tiempo, apenas 50 años, se han ido apoderando de nosotros unas necesidades de consumir que, como diría aquel, no nos conoce ni la madre que nos parió. El comercio es el rey del cotarro, el asunto se sustenta en el consumo y, en cuanto has consumido, ya no eres interesante, las miradas se fijan en el siguiente.
Durante mi vida laboral ocupé gran parte de mi tiempo en implantar nuevos y sucesivos métodos de trabajo que duraban apenas un año. Enseguida se acababa el ciclo y comenzaba otro nuevo que mejoraba el anterior. Los compañeros de trabajo se quejaban en cuanto me veían aparecer por la puerta de entrada a las oficinas; justamente cuando empezaban a dominar el viejo sistema, yo traía otro bajo el brazo mejorando lo inmejorable.
¿Os habéis fijado que vivimos bajo el yugo del consumismo ciclista? Enumeremos, por favor:
-          Bicicletas montadas desde la fábrica.
-          Normalmente no estamos conformes con el equipamiento que traen y procuramos adecuarlo a nuestro gusto.
-          Sucesivas mejoras a lo largo del tiempo hasta que compramos otra bicicleta.
-          Zapatillas.
-          Vestimenta adecuada a la moda que marcan las tendencias. Ahora se lleva el color negro, muy propio para soportar los rigores del verano y para pasar desapercibido en la carretera.
-          Cascos. Elementos muy útiles para cuando te caes de cabeza pero inútiles en muchísimas otras ocasiones, por ejemplo cuando te caes con la cadera, de rodillas, con las manos por delante, de morros. No importa, ahora los hacen de kevlar, muy resistentes y sus diseños cada vez más modernos. Este año se han empezado a ver en las grandes pruebas unos muy parecidos a los orinales, sin apenas aireación  pero que van muy bien para los sprints.
-          Prendas antifrío, antiviento (windstopper), antiagua.
-          Gafas.
-          Aparatos de medición de velocidad, revoluciones, temperatura, localización.
¿Sabéis una cosa? Todo esto no nos sirve para nada, bueno, para nada no, acaso para calmar nuestras “ganicas” insaciables, alimentadas por el boca a boca de nosotros. Insisto ¡para nada! Todo lo que compremos hoy, será superado mañana o esta misma tarde. La bicicleta nueva mañana es vieja y lo cojonudo es que, tanto la “vieja” como la “nueva”, son igual de buenas: responden a la primera, pesan nada y corren todas mucho (o poco, según).
¿Os imagináis a nuestro abuelo, el del primer párrafo de esta crónica, siguiendo los dictados de la moda? ¡En fin! No me hagáis caso, si no de qué iban a vivir tantos fabricantes y currelas del automóvil, por ejemplo, si siguiéramos utilizando el primer coche que tuvimos y que tanto humo echaba.
Lo dicho: ¡sigamos consumiendo!
 

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