lunes, 28 de octubre de 2013

Comienza la temporada invernal


Sabía que se trataba de un espejismo y, aún así, seguí creyendo en él. Todos íbamos vestidos con nuestras mejores galas de piel de cordero; Felipe nos acompañaba con una “gorda” impresentable y nadie se lo recriminaba; resultaba fácil seguir el ritmo de los primeros y aprovechábamos la ocasión para hablar. Andrés llegó a creer que sus entrenamientos con bicicleta de spinning y que sus huidizas salidas de fin de semana por el monte daban sus frutos. ¡Todos éramos muy felices!

Acaso fue un presentimiento o una leve sensación, pero me pareció que, en cuanto dejábamos atrás Urroz, hubo un ligero movimiento hacia arriba en la velocidad de crucero y, otra vez, miraba a las grietas del camino con más insistencia que a cualquier otra cosa. Giramos hacia Artaiz y estoy seguro de que el pensamiento de todos nosotros coincidía en que teníamos que solucionar un problema:

-          1ª estación.- Subidita hasta el kilómetro 4 adornada de cortísimas bajadas e inapreciables territorios llanos. Algunos no dejamos que bajase la cadena del plato grande. Todos poníamos mucho interés en que la próxima cuestecilla fuese la última pero era inútil: si no has llegado al kilómetro 4, todavía tendrás que subir alguna que otra chorradita y, como digo, en plato grande y a “tutta la oxtia”.

-          2ª estación.- Una vez superado ese hito, los “gigantes de la ruta” sienten unas ganas tremendas de demostrar su poderío y nos acercan hasta Iriso. Este pueblito tiene una pequeña trampa en forma de falso llano. Esto significa que el llano es muy falso, es decir, que tienes que subir una cuesta rápidamente. Alguno sé que lo pasó bastante mal aunque después cazó al grupo en la cuesta abajo.

-          3ª estación.- Llegamos a un tramo en el que es fácil rodar, no tiene ninguna dificultad. Por mucho que se esfuercen los de cabeza nadie se queda, al contrario, todos tenemos ganas de asomar el morro. Recuerdo que José Antonio me dio una idea para alardear en la crónica cuando me dijo: -“luego pondrás que has ido todo el rato tirando a costa de estos metros que has ido el primero”- ¡Qué cabrito el Arambillet, cómo me conoce! De todas las maneras, tengo que reconocer que, desde que formo parte del cuarto poder, observo un cierto interés en el personal en salir bien parado en las marcianas crónicas.

-          4ª estación.- Cuanto más corramos, antes llegaremos al inicio de la cuesta de Tabar y esto significa otro sofocón si quieres no perder comba. Se trata de un repecho de alrededor de un kilómetro. Desde el helicóptero de TV se observaba que todos queríamos tomar una buena posición para empezar el calvario con garantías. Se formó un pequeño tapón al ocupar todo el ancho de la carretera y yo hice un pequeño alarde que no era tal, sencillamente no quería frenar y perder la velocidad que traía. Desde el lado izquierdo crucé al derecho y ahí estaba la susodicha. Como decía hace mucho tiempo, el peligro de la bala lo acarrea su velocidad. El peligro de la cuesta lo trae la velocidad con la que se sube y el engaño de pensar que al final del tramo que se ve desde abajo, se acaba; no, no se acaba, sigue doscientos o trescientos metros más y esto suele resultar fatídico para más de un olvidadizo.

-          5ª estación.- Bajamos hacia Lumbier sin contemplaciones. El 11, el 12 y unos pocos el 13 se sacan a relucir y ya no se quitan. Los pájaros a motor se animan a competir con nosotros y, al cabo de un rato, veo que llevamos a un maromo metiendo ruido a nuestra izquierda con la misma pinta que llevaría otro jicho montado en una lambretta pretendiendo poner la postura más aerodinámica posible y pasarnos. Al final logró remontarnos por encima de las cabezas. En ese punto José Antonio dio un ataque seco, pensé que sería el definitivo porque se llevó detrás a dos rodadores de los buenos y tres son muchos para lo poco que queda para el café. Opté por mantener la velocidad, al fin y al cabo no corren en el Movistar y si tu equipo no es el número uno mundial, no eres tan bueno. Si mantengo la velocidad os cogeremos. Así fue, con una pequeña trampa de por medio, llegué el primero al Irubide.

-          6ª estación.- En cuanto hube acabado de repostar, noté como sendas contracturas, una por cada pierna, se apoderaban de mis muslos. ¡Qué bien! ¡Vais a ver cómo subo el puerto de Loiti! Una maravilla con Luis y Pedro, buen ritmo y las contracturas que comienzan a evaporarse.

-          7ª estación.- Ponemos rumbo a Pamplona. Carretera sin obstáculos, viento de sillín y cantidad de voluntarios para “tirar del carro”. Las rotondas son una buena excusa para comprobar el agarre de los neumáticos a la carretera y así seguimos hasta que nos entró la célebre cordura navarra y atemperamos la velocidad un poco.

-          8ª estación. Toma de decisión: ¿ampliamos la vuelta por Aranguren o vamos hacia casa? Pues eso, unos para la derecha y otros para la izquierda, ¡natural!

-          9ª estación.- Andrés y yo decidimos bebernos a cada cerveza en la terraza del “Tip Top”. ¡Muy buena idea, oye!

-          10ª estación.- Se llega a casa y el GARMIN apenas señala  90 kilómetros.

Amén. Hasta pronto. Bs.

 

2 comentarios:

  1. Y de esa visión fugaz, de un jovenzuelo triatleta, que se dio un calentón para saludarte, no escribes na??
    La próxima vez, ataque desde atrás y listo juas juas

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    1. El comentario fue para los de casa, ya sabes, Adrián y Raquel. Me gustó mucho tu detalle y saludarte.

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