Sabía que se trataba de un
espejismo y, aún así, seguí creyendo en él. Todos íbamos vestidos con nuestras
mejores galas de piel de cordero;
Felipe nos acompañaba con una “gorda” impresentable y nadie se lo recriminaba;
resultaba fácil seguir el ritmo de los primeros y aprovechábamos la ocasión
para hablar. Andrés llegó a creer que sus entrenamientos con bicicleta de spinning y que sus huidizas salidas de
fin de semana por el monte daban sus frutos. ¡Todos éramos muy felices!
Acaso fue un presentimiento o una
leve sensación, pero me pareció que, en cuanto dejábamos atrás Urroz, hubo un
ligero movimiento hacia arriba en la velocidad de crucero y, otra vez, miraba a
las grietas del camino con más insistencia que a cualquier otra cosa. Giramos
hacia Artaiz y estoy seguro de que el pensamiento de todos nosotros coincidía
en que teníamos que solucionar un problema:
-
1ª estación.- Subidita hasta el kilómetro 4
adornada de cortísimas bajadas e inapreciables territorios llanos. Algunos no
dejamos que bajase la cadena del plato grande. Todos poníamos mucho interés en
que la próxima cuestecilla fuese la última pero era inútil: si no has llegado
al kilómetro 4, todavía tendrás que subir alguna que otra chorradita y, como
digo, en plato grande y a “tutta la oxtia”.
-
2ª estación.- Una vez superado ese hito, los
“gigantes de la ruta” sienten unas ganas tremendas de demostrar su poderío y
nos acercan hasta Iriso. Este pueblito tiene una pequeña trampa en forma de falso llano. Esto significa que el llano
es muy falso, es decir, que tienes que subir una cuesta rápidamente. Alguno sé
que lo pasó bastante mal aunque después cazó al grupo en la cuesta abajo.
-
3ª estación.- Llegamos a un tramo en el que es
fácil rodar, no tiene ninguna dificultad. Por mucho que se esfuercen los de
cabeza nadie se queda, al contrario, todos tenemos ganas de asomar el morro.
Recuerdo que José Antonio me dio una idea para alardear en la crónica cuando me
dijo: -“luego pondrás que has ido todo el
rato tirando a costa de estos metros
que has ido el primero”- ¡Qué cabrito el Arambillet, cómo me conoce! De
todas las maneras, tengo que reconocer que, desde que formo parte del cuarto poder, observo un cierto interés
en el personal en salir bien parado en las marcianas crónicas.
-
4ª estación.- Cuanto más corramos, antes
llegaremos al inicio de la cuesta de Tabar y esto significa otro sofocón si
quieres no perder comba. Se trata de un repecho de alrededor de un kilómetro.
Desde el helicóptero de TV se observaba que todos queríamos tomar una buena
posición para empezar el calvario con garantías. Se formó un pequeño tapón al
ocupar todo el ancho de la carretera y yo hice un pequeño alarde que no era
tal, sencillamente no quería frenar y perder la velocidad que traía. Desde el
lado izquierdo crucé al derecho y ahí estaba la susodicha. Como decía hace
mucho tiempo, el peligro de la bala lo acarrea su velocidad. El peligro de la
cuesta lo trae la velocidad con la que se sube y el engaño de pensar que al
final del tramo que se ve desde abajo, se acaba; no, no se acaba, sigue
doscientos o trescientos metros más y esto suele resultar fatídico para más de
un olvidadizo.
-
5ª estación.- Bajamos hacia Lumbier sin
contemplaciones. El 11, el 12 y unos pocos el 13 se sacan a relucir y ya no se
quitan. Los pájaros a motor se animan a competir con nosotros y, al cabo de un
rato, veo que llevamos a un maromo metiendo ruido a nuestra izquierda con la
misma pinta que llevaría otro jicho montado en una lambretta pretendiendo poner
la postura más aerodinámica posible y pasarnos. Al final logró remontarnos por
encima de las cabezas. En ese punto José Antonio dio un ataque seco, pensé que
sería el definitivo porque se llevó detrás a dos rodadores de los buenos y tres
son muchos para lo poco que queda para el café. Opté por mantener la velocidad,
al fin y al cabo no corren en el Movistar y si tu equipo no es el número uno
mundial, no eres tan bueno. Si mantengo la velocidad os cogeremos. Así fue, con
una pequeña trampa de por medio, llegué el primero al Irubide.
-
6ª estación.- En cuanto hube acabado de
repostar, noté como sendas contracturas, una por cada pierna, se apoderaban de
mis muslos. ¡Qué bien! ¡Vais a ver cómo subo el puerto de Loiti! Una maravilla
con Luis y Pedro, buen ritmo y las contracturas que comienzan a evaporarse.
-
7ª estación.- Ponemos rumbo a Pamplona.
Carretera sin obstáculos, viento de sillín y cantidad de voluntarios para
“tirar del carro”. Las rotondas son una buena excusa para comprobar el agarre
de los neumáticos a la carretera y así seguimos hasta que nos entró la célebre
cordura navarra y atemperamos la velocidad un poco.
-
8ª estación. Toma de decisión: ¿ampliamos la
vuelta por Aranguren o vamos hacia casa? Pues eso, unos para la derecha y otros
para la izquierda, ¡natural!
-
9ª estación.- Andrés y yo decidimos bebernos a
cada cerveza en la terraza del “Tip Top”. ¡Muy buena idea, oye!
-
10ª estación.- Se llega a casa y el GARMIN
apenas señala 90 kilómetros.
Amén. Hasta pronto. Bs.