Después de unos días revueltos
con el viento muy presente y la lluvia a la vuelta de la próxima curva, ayer,
los “tres” enseguida nos pusimos de acuerdo. No fue necesario quitar muchos
minutos al partido de la jornada.
Las App’s pronosticadoras del
tiempo, los maldonados, los florenci rey,
todos decían lo mismo: -“temperaturas suaves propiciadas por el aire recalentado
procedente del SE”-
Si queremos volver con el aire
pegando con fuerza en el sillín, la solución es muy sencilla, sólo tenemos que
orientarnos hacia cualquiera de los “sures” de Pamplona. Al principio nos
preguntaremos de quién fue la idea de airearnos tanto y cuanto, pero después,
todos nos apuntaremos a levantar el dedo diciendo: ¡yo! ¡yo! ¡yo he sido el
listo! cuando disfrutemos de los platos
gordos y las coronas pequeñas y
se nos acerquen las imágenes de Iruña por cualquiera de los accesos de “abajo”.
Bien, la cita, para no perder la
costumbre, en Cizur. Se nota que el año camina hacia el invierno y nuestros
eternos amigos los peregrinos de Santiago ya no son tantos; apenas dos orientales
y tres o cuatro desparramados de producción nacional. Sin duda que hemos
aprendido a introducirnos en la bocanada del viento y, tras unas cuantas
miradas al negro del pavimento y a las escolleras de potasa, nos hemos encaramado
en el alto de Subiza. En Campanas hemos tenido que compartir ruta con los
habituales de la general, ya se sabe: camiones, furgonetas y automóviles
haciendo “el calamar”. Luego dicen que es malo fumar ¡peor resultan los tubos
de escape que, sin descanso, acompañan hasta el cruce de Artajona!
El viejo campamento del Carrascal
casi ni mirar; el culpable era el viento: ya no nos pegaba de cara o de costado,
empezaba a acariciarnos el jopo y, con su suave roce, hacía que por Olcoz se
adivinase que la subidita siguiente iba a ser movida. Así, con alguna que otra
bronca de algún que otro “bocas”, hemos bajado la Txapela y ya en Artajona el
aire era un amigo del alma, un querido amigo de los de toda la vida, un amigo
como Dios manda.
En Puente la Reina, justo en La
Conrada, la Federación Navarra de Ciclismo acaba de abrir otra delegación para
atender a los numerosos ciclistas que se acercan a comer los pintxos que, tan
amablemente, te sirven en la terraza del bar.
Desde el pueblo de mi padre,
subiendo a Orendáin, nos dirigimos a casa. Resulta una ruta muy amistosa,
abrigada y con la justa medida para dejar pasar el airecillo necesario para que
mires con orgullo el GARMIN y veas que los dígitos de la velocidad serían la
envidia de Míkel Azparren en su Camino de Santiago del pasado mes de Agosto.
Hemos intentado subir la cuesta
de Arguiñáriz pero, cuando apenas llevábamos un kilómetro de carretera
descarnada y un rebaño numeroso de ovejas a nuestro lado, ha empezado a
lloviznar: amiguitos ¿nos piramos de aquí?
No ha hecho falta preguntar otra
vez, hemos vuelto a nuestra velocidad de crucero y, por el Oeste (Mendebaldea) nos
han visto entrar los aficionados al ciclismo, los otros ¡no!, esos no nos han
hecho mucho caso.
¡Oye, buena vuelta! 85 kilómetros
dan mucho para contar pero ahí queda resumido.
Hasta pronto. Bs.
No hay comentarios:
Publicar un comentario