Me encuentro en el portal con la
vecina del 8º y me mira sorprendida al verme vestido de torero con la Look al
lado. Entiendo perfectamente la expresión de su cara y le pregunto: -“¿llueve?”- “¡Bueno, sí.. no! En realidad
llevaba el paraguas abierto porque cae algo, pero ¡no!... aunque para salir en
bicicleta no sé”
En apenas unas décimas de segundo
la suerte está echada: no me importa nada que llueva ¡mejor! ¿No hay que
mantener verde el color de la hierba de la Vuelta del Castillo? ¡Pues que caiga!
Las baldosas mojadas de la acera
pretenden que las visite y yo no quiero; los guardias vigilan que pase cuando
los semáforos estén en verde y paro; los multicolores vecinos de Bustinzuri me
acompañan por el “carril-bici” y los acepto; una imbécil porfía en circular por
la izquierda con su bicicleta y no me parece mal. Por fin dejo atrás Berriozar
y me acerco a Markaláin.
¡Parece mentira que apenas a 7
kilómetros de Pamplona el campo esté tan verde! La mancha es total y las nubes
me respetan. Sin darme cuenta he terminado con el puertecillo de la jornada y viajo
hacia Atez. Cualquiera diría que estoy en Burgos: no circula nadie, voy
completamente solo y me gusta.
No tengo decidida la ruta de hoy
pero, poco a poco, descubro que el subconsciente trabaja por mí y adivino que
me quiere dirigir hacia Irurzun por Cía. ¡Es la leche! El paisaje no me
abandona y la circulación ni se asoma ¿estaré soñando?
Oigo la tentación que me llama en
forma de café con leche y bollo de nata y me hago el desentendido, tengo cosas
más interesantes que hacer, como subir a los túneles del Plazaola. Ventas de
Urriza a buen ritmo y Jaunsarás me atiza fuerte, así que no dejo pasar de largo
la visita a la tiendika donde sirven café con galleta.
¡No hay duda! Hoy el viento no me
va a ayudar. Me faltan unos 40 kilómetros para llegar a casa y lo tengo
plantado en la cara. No sé por qué me acuerdo de un madelmán que el pasado año
(y el anterior) pretendió llegar a Santiago de Compostela en menos de 24 horas
y desconozco si lo consiguió, pero hoy… ¡no! Hoy con este aire, por lo menos,
en 72.
Mientras circulo por los lugares cobijados de Basaburua y Ultzama
mantengo una velocidad aceptable, pero en la recta de Larraintzar y por Lizaso
Eolo está muy terco y pienso que es cosa de segundos que claudique.
Por el Campo de Golf porfío otra
vez y así me voy acercando a Ostiz. Los camiones, dueños de la N-121, me
empujan con su rebufo y aparezco en el pueblo de Induráin.
Esto es, a grandes rasgos, la vuelta que ha correspondido a un lunes de descanso: 85 kilómetros placenteros, tranquilos, verdes y con el aire de cara ¡como debe ser!
Hasta pronto. Bs.
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