lunes, 4 de mayo de 2015

Entrenamiento del lunes en soledad



Me encuentro en el portal con la vecina del 8º y me mira sorprendida al verme vestido de torero con la Look al lado. Entiendo perfectamente la expresión de su cara y le pregunto: -“¿llueve?”- “¡Bueno, sí.. no! En realidad llevaba el paraguas abierto porque cae algo, pero ¡no!... aunque para salir en bicicleta no sé”

En apenas unas décimas de segundo la suerte está echada: no me importa nada que llueva ¡mejor! ¿No hay que mantener verde el color de la hierba de la Vuelta del Castillo? ¡Pues que caiga! 

Las baldosas mojadas de la acera pretenden que las visite y yo no quiero; los guardias vigilan que pase cuando los semáforos estén en verde y paro; los multicolores vecinos de Bustinzuri me acompañan por el “carril-bici” y los acepto; una imbécil porfía en circular por la izquierda con su bicicleta y no me parece mal. Por fin dejo atrás Berriozar y me acerco a Markaláin.

¡Parece mentira que apenas a 7 kilómetros de Pamplona el campo esté tan verde! La mancha es total y las nubes me respetan. Sin darme cuenta he terminado con el puertecillo de la jornada y viajo hacia Atez. Cualquiera diría que estoy en Burgos: no circula nadie, voy completamente solo y me gusta. 

No tengo decidida la ruta de hoy pero, poco a poco, descubro que el subconsciente trabaja por mí y adivino que me quiere dirigir hacia Irurzun por Cía. ¡Es la leche! El paisaje no me abandona y la circulación ni se asoma ¿estaré soñando? 



Oigo la tentación que me llama en forma de café con leche y bollo de nata y me hago el desentendido, tengo cosas más interesantes que hacer, como subir a los túneles del Plazaola. Ventas de Urriza a buen ritmo y Jaunsarás me atiza fuerte, así que no dejo pasar de largo la visita a la tiendika donde sirven café con galleta.

¡No hay duda! Hoy el viento no me va a ayudar. Me faltan unos 40 kilómetros para llegar a casa y lo tengo plantado en la cara. No sé por qué me acuerdo de un madelmán que el pasado año (y el anterior) pretendió llegar a Santiago de Compostela en menos de 24 horas y desconozco si lo consiguió, pero hoy… ¡no! Hoy con este aire, por lo menos, en 72.
Mientras circulo por los lugares cobijados de Basaburua y Ultzama mantengo una velocidad aceptable, pero en la recta de Larraintzar y por Lizaso Eolo está muy terco y pienso que es cosa de segundos que claudique.

Por el Campo de Golf porfío otra vez y así me voy acercando a Ostiz. Los camiones, dueños de la N-121, me empujan con su rebufo y aparezco en el pueblo de Induráin.

Esto es, a grandes rasgos, la vuelta que ha correspondido a un lunes de descanso: 85 kilómetros placenteros, tranquilos, verdes y con el aire de cara ¡como debe ser!

Hasta pronto. Bs.

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