jueves, 1 de agosto de 2013

¡Paciencia, no nos pongamos nerviosos!


            Los primeros avisos no han tardado en llegar, todavía no habían sonado las siete menos cuarto cuando he descubierto que la rueda trasera estaba “baja”. Lo tenía todo preparado para no perder tiempo y llegar puntual a la rotonda de Olloqui pero…

-“venga, Víctor, todavía es temprano, puedes cambiar perfectamente la “cámara” y aún esperarás a los remolones”-

            Me he hecho caso y, un poco más allá de las siete, ya subía la cuesta de la Avda. de Galicia. Al llegar a González Tablas he oído el clásico ruido que hace la rueda trasera cuando pierde todo el aire de sopetón.
-"¡Jodé, Víctor, me parece que vas a tener que cambiar la “cámara” otra vez, sí esa, la misma que acabas de hacerlo!"-

            En estos casos conviene no blasfemar, no lleva a ninguna parte y no arregla nada. ¿Qué no voy a llegar a la cita acordada? ¡Qué más da! Seguro que encuentro remedio por otro lado. La verdad que resulta chocante para los vecinos del barrio encontrarse con un señor en pantalón corto y negro (cullotte) arreglando una rueda de bicicleta. Se sorprenden al pensar que ellos justamente han tenido tiempo de despertarse, maldesayunar y, de muy mala gana, salir a trabajar. Aterrizan en la street y ven a un profesional cambiando una rueda por segunda vez en el día.

            En el trastero me esperaba la Look sin un mal gesto, sabía perfectamente que había preparado la Rossin para poder subir el alto de Sorogáin sin demasiados ahogos y aceptaba la suplencia de buen grado. Ha entendido perfectamente la situación y nos hemos encaminado hacia Erro sin un mal reproche.

            En el cuartel de Zubiri he coincidido con José (Salvador) y, en los cinco kilómetros de subida y alguno de bajada, he quedado enterado de las noticias ciclistas del momento. El hacia Urroz y yo para el camino de Sorogáin.

            Pocas personas en la subida y muchas vacas. En los sombríos iniciales el fresco recordaba a los primeros meses del año y, exagerando un poco, echaba de menos los manguitos.
 
 

            No me canso nunca de admirar el paisaje que se divisa desde la muga con Francia: horizontes lejanos, verdes intensos y aire, mucho aire. Un bochorno bocachancla que se hace notar y empuja con fuerza, te advierte de lo qué te espera cuando regreses a casa. Serán cuarentaitantos kilómetros con Eolo en la cara y el sol centrándose en cuantas prendas negras hayas sacado del armario para rendir cuentas con la moda y diseño actual.

            A las diez y cuarto hemos coincidido allá arriba los integrantes titulares de los Tres de Castilla: Juanjo venía detrás de mí e Ignacio asomaba en el inicio del terrible costalón de 800 metros.


 

            ¿Habéis tenido la experiencia de bajar una cuesta, calzando ruedas Zipp 303 adelante y 404 detrás, con aire fuerte de costado o de frente? Os la recomiendo, es muy parecido a las sensaciones que se experimentan en la noria de Pamplona durante los sanfermines o, por lo menos, se te ponen los testículos tiesos.









            Bien, ni el viento ni el calor ha sido para tanto y hemos aparecido en Pamplona de manera muy digna.

            ¡Juanjo! el otro día Toño nos llevó a tomar una cerveza a Ripagaina, ¿vamos?...
 

 
Fotografía dedicada a Toño

            Hasta pronto. Bs.

           

5 comentarios:

  1. Podiais haber avisado de lo de la cerveza, uno se ha quedado con las ganas.

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  2. Ejem... eso de los pinchazos suena a excusa, Victorio!
    Te has escapado del cuestarrón de Sorogain o del Tourmalet navarro!

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    1. Hola Karlos, creeme, no es una excusa, es la verdad. Llevaba unos cuantos días preparando la salida, he comprado una piña con un piñón de 30 dientes para la ocasión y ahí está: RELUCIENTE!!!

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  3. Bien como de costumbre, a pesar de los contratiempos , has disfrutado! Cuantos imitadores! Creando escuela!

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  4. GRACIAS!!! bonita foto,ya sabéis a las cervezas estáis invitados cuando paséis sin prisa

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