Sé
que lo he comentado en alguna ocasión anterior, el grupo es fundamental. Si
estás solo y las circunstancias son negativas, el demonio, a la oreja, te
estará diciendo: no vayas a misa (en bicicleta), sigue durmiendo; el terreno
estará abonado para ceder a la tentación y… no harás lo que tanto te gusta.
Hoy me ha tocado ser el dinamizador
del grupo, todo eran excusas para seguir en la piltra, el demonio había hecho
su labor y mis compañeros sólo veían nubes negras en el cielo y amenaza
inminente de lluvia. Quiero deciros que, tanto Ignacio como Juanjo, tienen la
carne flaca, son unos veletas que, de la misma manera que ya habían caído en
las redes de Satanás, se han liberado con maestría de esas artes y para las
9,30 ya estábamos en Cizur admirando el desfile de “moda peregrina santiaguera”
con mochila incorporada que para esta temporada han diseñado los gurús del buen
gusto.
Por el camino de costumbre hemos
atacado El Perdón; los molinos indicaban que el viento venía del sur, las nubes
estaban estancadas en la cima del puerto e Ignacio y yo hemos convenido en usar
los chubasqueros que para algo los
llevamos. A propósito de esta prenda, me gustaría comentar que la considero la
número one de las más inútiles que
utilizamos los profesionales del ciclismo: normalmente nos ponemos el “plástico”
cuando ya estamos chitos, cuando ya no hay más remedio, así que conservamos la
mojadura hasta que nos los quitamos y nos secamos.
Buen ritmo por la recta de Legarda y
buena atención en La Conrada. Tomamos dirección hacia Mendigorría (Braco, en
euskera significa “monte rojo” que hay que decirte todo). Subimos y bajamos
hasta llegar a Artajona y giramos hacia “la txapela”. Por el camino “El
Escalador” nos ha explicado no sé qué acerca de los métodos de entrenamiento
que una biomecánica le recomendó, así que se ha empeñado en demostrarnos cómo
se tiene que subir “la boina” (en castellano), es decir: a tutta la oxtia. Que
conste que la culpa no es de él, la responsable es la biomecánica que le
aconsejó.
En cuanto hemos llegado al Alto del
Carrascal, las fuerzas magnéticas de la zona han empezado a jugar a mi favor, garrapator se ha agarrado a mi culo lo
mejor que ha podido y hemos cruzado Campanas, así como el tramo anterior y posterior,
a velocidades que se mantenían en 55 kms/hora. ¡Eso sí que es una maravilla! Y dos
también. Miraba hacia atrás y veía a El Escalador a diez metros de mi Flash apretando el ojete como un poseso
con la única idea de alcanzarme algún día. Conviene recordar que todavía no me
ha fichado el Sky y el Movistar tampoco por lo que he tenido que bajar el ritmo
y, claro, me ha pillado, totalmente destrozado pero me ha cogido, gran triunfo
de El Escalador (ja). El camino que resta hasta casa no tiene gran historia:
Otano, Imarcoain, Esquíroz y… ¡zas! Pamplona.
Hasta pronto. Bs.
Esa foto es de la feria del año pasado. Reconozco esa falda :-)
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