sábado, 15 de junio de 2013

Reencuentro con el sábado.


            Hacía tiempo que no acudía a las citas sabatinas de UCN, tanto que he llegado a dudar de la hora de salida, ¿sería a las 9 ó… a las 8? Unos minutos antes de las 9 han ido apareciendo perezosamente los madelmanes del club: Chus Carlos, Cárnicas, Pedro, Luis, Pablo y Antonio. El problema de “a dónde vamos a ir hoy” lo teníamos solucionado, el destino era Lecumberri por Madoz.

            Reconozco que todo era bueno y familiar: la temperatura, la luz, la compañía, el ritmo; así que, sin darnos cuenta, nos hemos plantado en Irurzun. Por un momento ha venido un nubarrón a visitar mi cerebro, estaba próximo a subir un puerto, Madoz o Zuarrarrate, como queráis. Quiero confesarme: las cuestas en el momento que llevan antepuesta la palabra “puerto” me asustan, me acojonan. Este puerto de Madoz llevo subiéndolo últimamente con una frecuencia casi semanal, lo hago de una manera bastante presentable, pero… da igual, cualquier puerto me impone, no es lo


mío. Lo cierto es que lo hemos afrontado con alegría, habladores, el ritmo era fácil y, al llegar a la primera curva de 180º, se me ha ocurrido proponer sacarnos una foto: ni una sola nota discordante, todos “sí” a la primera, ¡fotico, fotico, fotico! Saca otra, ¡oye! Déjalo, arriba hacemos la refinitiva.


            Por poco no podemos sacarnos la foto en la cima de Zuarrarrate porque hemos coincidido con una panda de moteros, lo menos iban 1000, pero cuando es sábado, hace sol y estás a gusto, cabemos todos, les hemos saludado y los de la moto casi lloraban.

            ¿El café? En Lecumberri. A partir de este momento el viento nos pegaba en el sillín, por lo que lo peor ya estaba hecho. Al llegar a las Ventas de Urriza me he enterado de que Pablo llevaba rota la sirga del cambio trasero, así que el jicho no tenía más remedio que pedalear con el 11. No le tengáis la más mínima consideración, él ha sido el culpable de todo lo que ha venido después: Ha subido la cuesta de Urriza “a toda mecha” (no podía ni más ni menos) y nosotros, animados por él, también. En Itxaso la suerte estaba echada. He empezado a animar un poco el ritmo y Antonio se ha dado por aludido; relevo va, relevo viene, nos hemos presentado en la pueblo de Begino. La velocidad iba subiendo paulatinamente: al principio marcaba dígitos de la década de los 30, después de los 40 y, en un punto que no recuerdo, de los 50. No me pidáis más, mi cerebro no llega a todo. Antonio me ha avisado que íbamos solos y que a él le empezaba a doler no sé el qué.

            El Valle de Ulzama es un regalo, es una de las carreteras más frecuentadas por el mundo txirrindulari y no dudo en afirmar que, lo que acabo de escribir, es compartido por vosotros.

            Lo avisaba el otro día: el kilómetro 100 es muy esquivo, no es fácil alcanzarlo,  podremos acercarnos a él pero siempre tendrá un regate para dejarnos con un palmo de narices, sí, al llegar a casa el Sr. GARMIN sólo señalaba 95 kilómetros. Es una lástima que este aparato no esté preparado para recoger lo bien que lo he pasado con esa panda de desarrapados de UCN.

            Hasta pronto Bs.

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