martes, 25 de junio de 2013

Criticando que es gerundio


             En este mundillo ciclista en el que me muevo hay ciertas cosas que no comparto pero que no tengo más remedio que respetarlas, acatarlas o soportarlas.

            En el capítulo de “respetarlas” entran todos los que participan en las grandes marchas cicloturistas no competitivas. Ellos tienes su manera de entender la práctica del ciclismo, que no se acercan lo más mínimo a mi manera de pensar, pero que la respeto.

            En el asunto de “acatarlas” entran las normas de circulación, por ejemplo la obligatoriedad de utilizar el casco; ¿qué queréis que os diga? No comparto esa necesidad de penar la no utilización de un aparejo en la cabeza. En otro escrito detallé que había muchos puntos en el cuerpo humano para los que no estaban reglamentados ninguna obligatoriedad de proteger, por ejemplo, los ojos, las caderas, la piel, las rodillas, en cambio en la cabeza sí. ¡En fin, lo acato y a callar!

            En cuanto a “soportarlas” observo desde hace tiempo que, en los foros de opinión ciclista, cuando se toca el asunto del dopaje, siempre hay algún iluminado que echa mano de un drogadito llamado Miguel Induráin y al que, nadie sabe por qué, nunca le pillaron cuando iba cargado hasta las cejas (nunca mejor dicho). ¿Cómo es posible que en las pruebas contrarreloj sacara tantas minutadas a sus rivales? ¿Quién puede entender que un señor de 80 kilos pudiera subir los puertos de toda Europa en cabeza del pelotón y, cuando era necesario, dejándolos atrás? Sencillamente, porque lo supo hacer mejor que los demás y no le cazaron. Estos comentarios no los puedo soportar, me parecen de una ruindad asquerosa hacia una persona que siempre fue, y lo es, ejemplo de humildad, deportividad, caballerosidad y todas las palabras positivas acabadas en dad que podamos encontrar en el diccionario. Parece ser que ha aparecido la noticia de que Laurent Jalabert ha dado positivo en el Tour del 98 y lo mejor que se les ha ocurrido a los cainitas de este país de m… es “que se vaya preparando Miguel”. ¿Sabéis dónde está la oficina de borrarse?

            Podría extenderme mucho más acerca de los apartados que acabo de enumerar pero he aprendido que este tipo de escritos no sea muy largo para no aburrir al personal, lo dejo en unos esbozos y que cada cual saque sus propias ideas al respecto.

            Volviendo a lo que verdaderamente me gusta que es andar en bicicleta con mi grupo musical, me gustaría contaros que ayer fue un día muy traicionero, a la hora de la salida estuvo amenazando pero fue como esos fantasmas que se ponen farrucos y, cuando les plantas cara, se marchan con el rabo entre las piernas; porfiamos y ganamos, la Vuelta a Erro no nos mojó. En cambio hoy el problema se ha presentado en forma de viento, nos ha costado llegar al alto de Markaláin y, con menor dificultad, atravesar los municipios de Atez para llegar, por Imoz, a Basaburua Mayor.
Al pasar por Oskotz he visto este viejo caserón, a diferencia de los de su alrededor, tiene color grisaceo. También un detalle que me ha llamado la atención: el número 14. Me suena a cierto carnet de identidad pero no, no creo... seguramente que se tratará de una casualidad.
 
 
             A partir de Jaunsarás no ha existido el sacrificio, han sido 40 kilómetros plenos de goce, las coronas del 11, 12 y 13 han dado envidia a sus hermanas de arriba. Muy pocos vecinos de Ulzama nos han visto pasar, digo esto porque había muy pocos en la orilla de la carretera, no porque fuéramos a mucha velocidad, que también. Lo cierto es que antes de las 12 del mediodía ya estaba colgando la bicicleta del techo de mi trastero. Me han gustado los entrenamientos de ayer y de hoy: he sufrido dentro de un orden y he gozado por fuera del mismo orden. La suma de los dos días ha dado la cifra de 150 kilómetros y… tenía ganas de contároslo.

            Hasta pronto. Bs.

 

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