¿Cuántas veces habré dado la
Vuelta a la Montaña? No lo sé, muchas. Esta ruta que, en otros tiempos, imponía
respeto a sus visitantes, poco a poco fue perdiendo su status de marcha
importante y ahora le han colgado el rango de “poco más que la Vuelta a Ultzama”.
En esta tierra que nos ha tocado
vivir, no existen términos medios: tal vez hoy nos azote el viento o el frío
nos paralice el gesto y nos impida el habla; igual todo lo contrario y el calor
inmisericorde nos hinche las venas mientras las gotas de sudor esquiven la
punta de las zapatillas. Esto último es lo que ahora se lleva por aquí sin
apenas transición. ¡Qué horror!
Dicen los expertos que, con el
viento sur, esta vuelta venida a menos hay que encararla por Erro y, en
Espinal, parar a tomar un café. Pues no, pese a la bronca de Juanjo, la hemos
iniciado por donde casi siempre: Aoiz.
Ya tenemos aquí, en la cara, en
el cuerpo entero a nuestro querido acompañante de los últimos tiempos: el
viento caliente del sur. Al principio estaba escondido, no ordenaba moverse a
los chopos ni a los trigos. Cuando ha creído conveniente aparecer, cuando ha
sentido que estábamos metidos en la “encerrona”, entonces, ha llegado nuestro
arrepentimiento de no haber hecho caso a los expertos, esos que nunca fallan,
esos que están esperando para decir: ¿Ves? ¡Ya lo decía yo!
Bueno, ¿¡qué vamos a hacer!?
Aguanta, Víctor, y sube la cuesta de Ecay que ya has dejado atrás no sé
cuántas. Enseguida estábamos camino del primer túnel. ¡No! Esta vez no quiero
decir cuánto odio este repecho de diseño moderno adaptado a los automóviles; es
que, cuando salvas la rotonda, se adivina una interminable recta sin referencia
alguna, bueno sí, hay una inalcanzable referencia: la boca del túnel. No importa
cuántas pedaladas des: ¿cien, doscientas, tal vez más? El túnel habrá copiado
la estrategia del Arco Iris y esquivará, hasta que se canse, nuestra llegada.
Hace unos pocos años la ruta era
otra: se atravesaba el pueblo de Aoiz y jugábamos a ciclistas de los buenos
subiendo una cuesta de dos kilómetros camino de la que, años más tarde, sería
la pared de la presa del pantano de Itoiz.
Dejémonos de nostalgias y vayamos
a la realidad. El río Urrobi sigue donde siempre, en su sitio; ahora lo
alcanzamos por otro lado pero él no se ha movido. El Garmin apenas señala
porcentajes superiores al 1, 2 ó 3 por ciento y hace un rato que hemos dejado
atrás el mojón del kilómetro 16. Así seguiremos, con alguna incursión en
momentos más comprometidos, hasta que, próximos a arrojar la toalla después de
abusar del plato grande, alcanzamos el kilómetro 30 justo en el Camping.
Pocos pueblos habrá en Navarra
más cuidados como Espinal. La estrecha carretera general, con casas adornadas
hasta el insulto, está acostumbrada a ver nuestra cara de bobos admirando su
sencilla arquitectura. Por el lado norte el Puerto de Mezquíriz no puntúa y
sirve para coger impulso en la bajada. Cruce de Sorogain, Viscarret, Linzoain…
llenos de peregrinaje hacia Santiago. Si no fuera porque me gusta tanto la
bicicleta, a gusto me cambiaría por cualquiera de vosotros.
Yo creía que me tocaba subir otra
vez el Puerto de Erro, pero ¡no! alguien propuso otra cosa y toca visitar
Urroz. El viento no ha cesado en toda la mañana, viene de abajo y nosotros
vamos hacia ahí, así que gozamos cuando giramos hacia la derecha camino del
pueblo, de Pamplona.
Entre una cosa y otra, estoy en
casa. El Garmin ha ido sumando a lo largo de la mañana y el resultado ha dado
la cifra de 105 kilómetros. Esta vuelta no ha tenido nada que ver con la que
hayamos podido hacer uno o dos meses atrás. Entonces iríamos vestidos con ropa
de invierno, ahora de rabioso verano. Entonces buscando, sin éxito, algún rayo
de sol, hoy huyendo de él y bendiciendo la sombra protectora del Urrobi. El
caso es que, la vueltita de la Montaña, pese a quien le pese, sigue siendo un
camino serio, con sus apestosos repechos camino de los túneles, el frío o el
calor acechantes, los 14 kilómetros siempre “cara p’arriba” a la vera del Urrobi, la elegante bajada del puerto
de Mezquíriz y los puntos prestos al alarde en cualquiera de sus alternativas.
Me encanta esta vuelta y ahora no
sabría decir en cuál de sus vertientes me gusta más: si en la de verano o en la
de invierno ¿Tal vez en la de invierno? ¿Seré capaz de decir lo mismo cuando el
invierno haya llegado? ¡Yo qué sé!
Hasta pronto. Bs.
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