Desde hace 14 días no me pongo delante del teclado; no me llama. Me apunto
a la idea de Serrat cuando decía que -“hoy
las musas han pasao de mí, andarán de vacaciones”-
Alguno de los incondicionales me lo recuerda en las marchas del domingo y
hago el propósito de contar “lo que se me ocurra” en cuanto llegue a casa. El
ánimo personal cuenta mucho a la hora de escribir y, durante estas dos últimas
semanas, me han ocupado la cabeza otras cuestiones menos deportivas.
Tenía la vaga esperanza de arrinconar el culotte largo y me animaba pensando que, seguramente, dejaría de
llover algún día, que no tendría que refugiarme nunca más en el gimnasio, que
el Paseo Fluvial sería un lejano recuerdo, que tendría que rebuscar en el
armario y desarrugar la licra de los “pantalones cortos”; todos esos
pensamientos circulaban por mi cabeza mientras pagábamos “el tributo al verde”.
Más o menos mis deseos se han ido cumpliendo y ya empiezo a tener una raya
en los muslos que delimita el blanco perenne de lo que algún día tendrá un
cierto color marrón. Las vueltas de 100 kilómetros comienzan a ser normales y
en algún momento las hemos rebasado. Las propuestas para la Semana Santa
contienen los nombres de los más afamados puertos del lugar y a mí me gustaría
oír el acento maño. Añoro llegar a Zaragoza sin haber quitado el plato grande
en toda la mañana; el viento, a poder ser, que azote el culo sin piedad y nos parezcamos
más a los rodadores belgasholandesessuizosalemanesetc que a los escaladores italoespañolescolombianosaustralianoszaireñosetc.
Pues sí; mi Pamplona querida sigue delimitada por su enorme y largo
invierno boreal; los últimos 6 meses comienzan a quedar atrás y no quiero
volver nunca más a Lumbier, prefiero merodear por Basaburua y traspasar la
línea que indica: “te vas a mojar”. Prometo no hacerle ascos a la idea de
visitar asiduamente al Río Urrobi y todos sus alrededores. También quiero
cumplir la promesa de mirar desde el Mirador el Valle del Baztán. Más adelante
no tendré inconveniente de subir Huici, ni Velate, ni de acercarme a Tafalla y,
tras rozar Estella, por Echauri volver a casa. La nota colgada en la puerta del
frigorífico de Esquíroz sabe que tendré que subir a Navarra desde la Baja
Navarra (Basse-Navarre, Nafarroa Beherea). Todo eso y más tengo que hacer en el
plazo que resta hasta que llegue Octubre.
Esto es todo por hoy. Conforme vaya desgranando el rosario de propósitos,
os lo iré contando pero, por favor, ¡no metáis prisa! Además, enseguida, la
semana próxima cambiaré la bicicleta “flaca” por la “gorda” y El Cid y su
Tierra me verán solitario.
Hasta pronto. Bs.
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