domingo, 8 de diciembre de 2013

Carrera centroeuropea por Navarra.


Desde el momento en que he pisado la calle, me ha venido un pensamiento que, de manera recurrente, me ha acompañado a lo largo de casi toda la mañana: ¿qué cojones hago subido encima de mi Look?

Como decía uno, la noticia era el frío. Resultaba evidente que circular en bicicleta daba la razón a los pocos madrugadores “compradores del pan y el periódico” y que decían para sus adentros: ¡joder, qué venaus están estos tíos!

La ruta escogida no es habitual entre nosotros aunque sí para los “Tres de Castilla” en sus salidas semanales. No se suele tener a la Universidad a la derecha ni subir la cuesta de Cizur sin haber digerido un poco el desayuno. La Cendea de Galar estaba plena de sol y de frío, algo muy normal en el invierno. Los números del Garmin bajaban sin cesar  en el rectangulito de la “temperatura” y hacía un rato que delante de ellos había aparecido un guión que señalaba que estábamos bajo cero. Hasta -3,50º he visto ¡qué bonito!


Parecía que la cordura se había instalado en nuestras cabezas y me dejaban marcar el ritmo en las rampas de Arlegui. Alguien se ha dado cuenta de que faltaba gente y ahí el grupo ha comenzado a descomponerse: igual que decía Jorge Cafrune en su poema “Peona”, hemos empezado a ir -“uno aquí y otro allá por las estancias; pelusa’e cardo qu’esparrama el viento”-

Nuestro pelotón abarcaba desde el alto de Subiza hasta el cruce que lleva a Biurrun; y lo que es mejor, aún había otros maromos que circulaban por la N-121 con la idea de –“ajuntarnos algún día en un rancho con sol, alegre y nuevo”- (sigo con Cafrune). A la sombra de Alaiz el rosario de desarrapados circulaba en un escenario más propio de películas de la 2ª Guerra Mundial, con ciclistas albardados con ropas, gorros y bragas. La temperatura seguía a lo suyo y nosotros, cosas de la vida, empezábamos a tener calor. Habíamos recorrido 30 kilómetros y, ¡por fin!, circulábamos en “pelotón agrupado”.

En Urroz, el de Duracell me ha confesado que iba a acompañarnos apenas un par de kilómetros más y que después se volvería. ¡Mentira puñetera! Esos dos kilómetros los ha multiplicado por 10 y nos ha marcado el ritmo hasta Erro. La velocidad ha oscilado entre 28 y 33 kms/hora. No sé si daba el aire de cara o no; yo me he acurrucado entre la gente y no he asomado la cara por “si las moscas.” Mi preocupación de la cuestecilla del kilómetro 18 la he solucionado a costa de apretar los glúteos más de lo aconsejable y así hasta el café de Zubiri.

La sede de la Federación Navarra de Ciclismo estaba a reventar. El café y los minutos sin agarrar el manillar de “la flaca” me han arreglado un poco el maltrecho corpachón con el que la sabia naturaleza me ha obsequiado y hemos llegado a casa sacando pecho. A la altura de Mendillorri se me han olvidado todos los malos momentos del día recordando otros mejores con la compañía de Saúl y Luis. Buena gente, ¡sin duda!

Esto ha sido lo que ha ocurrido hoy. Un día frío de c…..s y que espero tenerlo en cuenta a la hora de decidir si salgo o no en bicicleta este otoño/invierno que nos ha tocado vivir en mi pueblo.

Hasta pronto. Bs.

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