Desde el momento en que he pisado
la calle, me ha venido un pensamiento que, de manera recurrente, me ha
acompañado a lo largo de casi toda la mañana: ¿qué cojones hago subido encima
de mi Look?
Como decía uno, la noticia era el frío. Resultaba
evidente que circular en bicicleta daba la razón a los pocos madrugadores
“compradores del pan y el periódico” y que decían para sus adentros: ¡joder,
qué venaus están estos tíos!
La ruta escogida no es habitual
entre nosotros aunque sí para los “Tres de Castilla” en sus salidas semanales.
No se suele tener a la Universidad a la derecha ni subir la cuesta de Cizur sin
haber digerido un poco el desayuno. La Cendea de Galar estaba plena de sol y de
frío, algo muy normal en el invierno. Los números del Garmin bajaban sin
cesar en el rectangulito de la
“temperatura” y hacía un rato que delante de ellos había aparecido un guión que
señalaba que estábamos bajo cero.
Hasta -3,50º he visto ¡qué bonito!
Parecía que la cordura se había
instalado en nuestras cabezas y me dejaban marcar el ritmo en las rampas de
Arlegui. Alguien se ha dado cuenta de que faltaba gente y ahí el grupo ha
comenzado a descomponerse: igual que decía Jorge Cafrune en su poema “Peona”,
hemos empezado a ir -“uno aquí y otro
allá por las estancias; pelusa’e cardo qu’esparrama el viento”-
Nuestro pelotón abarcaba desde el
alto de Subiza hasta el cruce que lleva a Biurrun; y lo que es mejor, aún había
otros maromos que circulaban por la N-121 con la idea de –“ajuntarnos algún día en un
rancho con sol, alegre y nuevo”- (sigo con Cafrune). A la sombra de Alaiz
el rosario de desarrapados circulaba en un escenario más propio de películas de
la 2ª Guerra Mundial, con ciclistas albardados con ropas, gorros y bragas. La
temperatura seguía a lo suyo y nosotros, cosas de la vida, empezábamos a tener
calor. Habíamos recorrido 30 kilómetros y, ¡por fin!, circulábamos en “pelotón
agrupado”.
En Urroz, el de Duracell me ha confesado que iba a
acompañarnos apenas un par de kilómetros más y que después se volvería.
¡Mentira puñetera! Esos dos kilómetros los ha multiplicado por 10 y nos ha
marcado el ritmo hasta Erro. La velocidad ha oscilado entre 28 y 33 kms/hora.
No sé si daba el aire de cara o no; yo me he acurrucado entre la gente y no he
asomado la cara por “si las moscas.” Mi preocupación de la cuestecilla del
kilómetro 18 la he solucionado a costa de apretar los glúteos más de lo
aconsejable y así hasta el café de Zubiri.
La sede de la Federación Navarra
de Ciclismo estaba a reventar. El café y los minutos sin agarrar el manillar de
“la flaca” me han arreglado un poco el maltrecho corpachón con el que la sabia
naturaleza me ha obsequiado y hemos llegado a casa sacando pecho. A la altura
de Mendillorri se me han olvidado todos los malos momentos del día recordando
otros mejores con la compañía de Saúl y Luis. Buena gente, ¡sin duda!
Esto ha sido lo que ha ocurrido
hoy. Un día frío de c…..s y que espero tenerlo en cuenta a la hora de decidir
si salgo o no en bicicleta este otoño/invierno que nos ha tocado vivir en mi
pueblo.
Hasta pronto. Bs.
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