Sí,
hoy tengo un plan, y ese plan que tengo, como compañero vuestro que soy, lo voy
a compartir.
Supongamos que el verano haya
llegado a Pamplona, sigamos suponiendo que el sol entre por la ventana y que no
haya manera de seguir durmiendo, así que a las ocho menos cuarto estemos
compartiendo espacio con los escasos santos peregrinos jacobeos. Puestos a
soñar, imaginemos que todavía es demasiado pronto para que los castellanos
lleguen a Cizur, ¿qué podríamos hacer entonces? Sólo se me ocurre que sería una
buena idea acudir al banco de siempre y esperar.
Primero llegaría Ignacio y, diez
minutos más tarde, Juanjo. Este, como empresario que es, llamaría a su agente
bancario para que le solucionara un asunto urgente. La telefonía móvil se ha
convertido en un fiel aliado de los niños, de la juventud, de los hombres de
negocios, de los políticos, terroristas y de los ciclistas, cabemos todos. ¿Qué
sería de nosotros sin un iPhon 4, 5 (ó 6)?
En mi plan, no tendría más remedio
que mostrarme terco en cuanto a la ruta a seguir pero con cierta mano izquierda para esquivar todas las
propuestas saboteadoras de mis compañeros: una vez en Irurzun, adelantaría a El
Escalador y, sin ningún miramiento, decididamente encararía hacia Aizcorbe; a
lo lejos divisaríamos a un ciclista que emplearía el viejo truco de parecerse a
Macicior pero no, no cuela, tú no eres Jesús. ¿Qué tal si subimos Cía y, al
llegar a Musquiz, regateamos y nos vamos a Oskoz? En los sueños todo es posible
y como no se nos había perdido nada en Echalecu, la alternativa se presentaría
en forma de acudir a Latasa como única solución para subir la cuesta de Urriza.
Entiendo que Jaunsarás es un buen lugar para tomarse un café y, en mi ensoñación,
lo tomamos.
Basaburua y Ulzama es como El Jardín
de las Delicias, estoy seguro de que los tres nos emplearíamos de buena gana
para rodar “al gusto”, las rectas de Larrainzar nunca serían largas ni se nos
atragantarían. Por esos lugares tendríamos un momento de flaqueza y
confundiríamos a un cadete con Willou. En los sueños muchas veces nos volvemos
arrogantes y hacemos cosas que son imposibles en la vida normal: volar,
resucitar o… alcanzar a Willou.
El Valle de Ulzama lo tenemos tan
trillado que no le prestaríamos mucha atención y es que, hasta en la irrealidad,
somos capaces de obviar lo hermoso. Como de costumbre desembocaríamos en la
N-121 y nos aprenderíamos nuevas agencias de transportes de Murcia, Portugal,
Bulgaria y algunas, pocas, de Navarra.
Subiendo la cuesta de Beloso seguro
que Ignacio me diría que lo había pasado de miedo, que no esperaba haber andado
tan bien en bicicleta y que, después de haber estado una semana de golfo en la
playa, su clase estaba intacta.
Con todo lo que he imaginado,
sólo queda un final feliz, muy feliz, al fin y al cabo no trago las películas
tristes: Juanjo llegará a tiempo de ultimar todos los proyectos que, al
principio de la mañana, había iniciado con sus brokers.
Hasta pronto. Bs.
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