En
el estado gravitatorio en el que me muevo, madrugar no supone ningún problema.
Estoy pensado en retirar el despertador pues, antes de que suene, ya me he
levantado de la piltra, así un día tras otro, sospecho que será debido a que mi
trabajo actual no cotiza a la S.S. o que no me espera un jefe con cara de mala
oxtia en ninguna oficina; si acaso, algún munipa
o repartidor listo con furgoneta que, a su vez, ya se han visto las caras
con su jefe: el que yo no tengo.
Desde hace unos cuantos días me
viene rondando una idea en la cabeza, nada grave, se trata de dar una vuelta
con la “fixie”, así que, aprovechando que el Trío se ha disuelto temporalmente
y que los sustitutos no han dado la cara, me he decidido a desempolvar mi renovada
VITUS, hinchar las ruedas, recordar cómo funciona su cuentakilómetros y salir
de casa. Después de los sanfermines los
currelas de los jardines trabajan a presión y, a este paso, es muy probable
que, para el próximo mes de agosto, ya podamos presumir otra vez de la Vuelta
del Castillo; enseguida la he dejado atrás y, respetando todos los semáforos en
rojo, me he presentado en la Rochapea. La salida hacia Berrioplano la tomo por
la senda del Plazaola y encaro Marcaláin.
En Ollacarizqueta alcanzo a una
veterana de la carretera que, por lo que se ve, le quema la cama más que a mí,
le saludo y, del susto, por poco se cae. Durante la subida de Markaláin
aprovecho a sacar unas cuantas fotografías y la susodicha me alcanza con
sonrisa de profiden. A estas
ciclistas es muy fácil tenerlas contentas, sólo tienes que dejarte alcanzar
subiendo un puerto para que se les plante en la cara la satisfacción de haberlo
pasado muy bien. Nos hemos separado en Aróstegui, yo he seguido hacia Guelbenzu
para tomar tranquilamente un cortado con hielo en el Aitona.
Los ocho kilómetros que quedan hasta
Ostiz los he hecho totalmente desorientado: con un 39x20 se llevan las piernas
muy revolucionadas y, en cuanto superas los 25 por hora, resulta muy difícil
coger pedales, así que lo mejor es que lleguen los pequeños repechos de la ruta
para sentir la pedalada.
Ya en la general me ha alcanzado uno
de los veteranos del club, Martínez de Lizarrondo, a la mayoría de los
integrantes actuales de UCN no os sonará (vuestra memoria histórica es muy
corta chavales) y, como referencia, os diré que trabaja en la autoescuela en la
que quedamos los fines de semana. Me ha acompañado hasta Arre y ahí me he
cobijado en el camino fluvial. La montura de hoy me lo ha agradecido, me ha
dicho que no está hecha para andar por carretera, que ella se mueve con soltura
por las calles y alrededores de Pamplona y que, si quiero hacer ciclismo de más
altas miras, acuda a la Look o a la Flash y que a ella la deje en paz. Amén.
Entre una cosa y otra me han salido
58 kilómetros, ya sé que la Vuelta a Ulzama no tiene tantos pero, si te metes
por caminos fluviales y los abandonas en Landaben, el cuentakilómetros
alcanzará ese número. La vueltita ha estado divertida y he comprobado que la vieja VITUS,
después de las mejoras que ha introducido el amigo Ignacio, funciona de
maravilla.
Hasta pronto. Bs.
Te ha quedado una bici muy bonita. Tendremos que vencer la pereza y cambiar los pedales para poder probarla.
ResponderEliminarComo es que llevas los dos frenos??? Miedo a los munipas o a los repartidores, jajaja.
ResponderEliminarMuy guapa la Vitus.
Temgo una Razesa en casa esperando ser fixeada. a ver cuando me pongo a ello.
Un abrazo.
Hola Mario: la respuesta a lo de los frenos es que llevo rueda libre, no voy a piñón fijo. Hasta hace poco todavía estaban los tres platos y 9 coronas hasta que me harté de llevar estorbos, sobre todo en los pulgares.
EliminarAyer viendo el "sacacorchos" me acordaba de tí, ¡acojonante!
Saludos y a por la Razesa.
Has visto cómo va la Razesa??? Poco a poco, cuando llegue el invierno ya la tendré terminada, jajaja.
ResponderEliminarV'sss