lunes, 9 de noviembre de 2015

Nora



Desde el pasado jueves, día 5 de noviembre, no he tocado la bicicleta. De ese día recuerdo fácilmente que salimos cinco chimeneas con las ideas muy claras: teníamos que llegar a Puente la Reina y, de paso, jugar un rato a ciclistas. Todo el mundo sabe qué significa eso, consiste en mantener un ritmo muy presentable y, en momentos favorables, hacerle la competencia al señor Cancellara. ¡Es un ciclista que me encandila!

Comimos un triángulo en La Conrada (algún día explicaré que significa triángulo; hoy sólo digo que lo almorzamos) y, por verdadera necesidad, decidimos volver a casa por el Puerto del Perdón. ¡En fin! Nada de particular; se trata de la clásica vuelta otoñal que sirve para ir aflojando la actividad de la temporada pasada y aprovechar los días del “veranillo de San Martín” que este año ha venido con adelanto. 

¡Pues sí! han sido cuatro días en los que no me he subido a una bicicleta y, qué queréis que os diga, no he sentido el menor de los remordimientos: no me he asomado a la ventana para otear el horizonte de Ezkaba ni he querido adivinar el tiempo que hacía por la Comarca de Aoiz ni tan siquiera las nubes que habría en la fachada posterior de mi casa, me daba igual.

El motivo ha sido que estos días he gozado de la compañía de mis hijos y, sobre todo, de mi nieta Nora. La nena más guapa del mundo, simpática, engañadora, pícara, besucona,… así hasta completar la página. ¡Todos los días he salido con el cochecito azul y rojo repleto de nena!  He hablado con todo el mundo que ha tenido algo que decirme o yo algo que contarle. He mirado a los abuelos que plagan las calles de Pamplona haciendo lo mismo que yo y, en más de una ocasión, me he descubierto con la cara llena de arrugas mientras pensaba: “Sé lo contentos que tiráis del carro, también sospecho que lleváis a la criatura más guapa del mundo, simpática, engañadora, pícara, besucona,…” 

Lo bueno se ha terminado. Mañana no tendré ocasión de “ligar” con desconocidos que se paren a hablar con cara amigable cuando doy un poco de vuelo al columpio o, al sol de un banco en la Vuelta del Castillo, mientras toma Nora su ración de biberón. 

¡Qué vamos a hacer! toca coger la bicicleta que sea, la de monte o la de carretera, hablar de marcas, ruedas, novedades, ropa, volver a jugar, si se puede, y retornar a la rutina de la profesión.

Hasta pronto. Bs.


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