Desde el pasado jueves, día 5 de
noviembre, no he tocado la bicicleta. De ese día recuerdo fácilmente que
salimos cinco chimeneas con las ideas
muy claras: teníamos que llegar a Puente la Reina y, de paso, jugar un rato a
ciclistas. Todo el mundo sabe qué significa eso, consiste en mantener un ritmo
muy presentable y, en momentos favorables, hacerle la competencia al señor
Cancellara. ¡Es un ciclista que me encandila!
Comimos un triángulo en La Conrada (algún día explicaré que significa triángulo; hoy sólo digo que lo
almorzamos) y, por verdadera necesidad, decidimos volver a casa por el Puerto
del Perdón. ¡En fin! Nada de particular; se trata de la clásica vuelta otoñal
que sirve para ir aflojando la actividad de la temporada pasada y aprovechar
los días del “veranillo de San Martín” que este año ha venido con adelanto.
¡Pues sí! han sido cuatro días en
los que no me he subido a una bicicleta y, qué queréis que os diga, no he
sentido el menor de los remordimientos: no me he asomado a la ventana para
otear el horizonte de Ezkaba ni he querido adivinar el tiempo que hacía por la
Comarca de Aoiz ni tan siquiera las nubes que habría en la fachada posterior de
mi casa, me daba igual.
El motivo ha sido que estos días
he gozado de la compañía de mis hijos y, sobre todo, de mi nieta Nora. La nena
más guapa del mundo, simpática, engañadora, pícara, besucona,… así hasta
completar la página. ¡Todos los días he salido con el cochecito azul y rojo
repleto de nena! He hablado con todo el
mundo que ha tenido algo que decirme o yo algo que contarle. He mirado a los
abuelos que plagan las calles de Pamplona haciendo lo mismo que yo y, en más de
una ocasión, me he descubierto con la cara llena de arrugas mientras pensaba:
“Sé lo contentos que tiráis del carro, también sospecho que lleváis a la
criatura más guapa del mundo, simpática, engañadora, pícara, besucona,…”
Lo bueno se ha terminado. Mañana
no tendré ocasión de “ligar” con desconocidos que se paren a hablar con cara
amigable cuando doy un poco de vuelo al columpio o, al sol de un banco en la
Vuelta del Castillo, mientras toma Nora su ración de biberón.
¡Qué vamos a hacer! toca coger la
bicicleta que sea, la de monte o la de carretera, hablar de marcas, ruedas,
novedades, ropa, volver a jugar, si se puede, y retornar a la rutina de la
profesión.
Hasta pronto. Bs.
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