domingo, 7 de diciembre de 2014

Primera salida invernal. ¡Frío sin descanso!



No es extraordinario lo que veo, pero hace un año que no nevaba por aquí. Desde mi ventana se divisa perfectamente el monte del Puerto de Egozcue y, a estas horas, todavía tiene rastros de la pequeña nevada que nos ha visitado.

Me pongo a callejear camino de “la chimenea” y el viento tiene prisa en ponerme en orden. Son las nueve de la mañana, apenas hay gente por la Vuelta del Castillo; me subo al “carril-bici” y por el rabillo del ojo advierto que llevo ahí abajo a un futuro “sansilvestre entrenando con ahínco; se nota que quiere medirse conmigo mientras aprieta el culo con garbo. Me introduzco en la Plaza de los Fueros y le pierdo de vista. No hay “pasos de cebra” que se me resistan ni tampoco semáforos en rojo que me molesten. ¡Si antes lo digo!... Un madrugador se planta en mitad de la calle mientras enciende un cigarrillo y me mira con sorpresa; espero que sea el último.

Todavía no son  “y media”; el Garmin señala 2º y pienso que estaría muy a gusto en la piltra, tal vez mejor que esperando en la cuesta de Mendillorri. Ya estamos todos, somos cuatro, dos de rojo y otros dos de azul, igual que Osasuna. 

Para llegar a Ororbia hay que cruzar la City: semáforos, carril-bus, ariscas avenidas, la desapacible cuesta abajo de San Jorge y los alrededores malolientes de “la Protectora”.

Sarbil, Goñi y Andía tienen el aspecto preciso para servir de fondo a cualquier película tenebrosamente invernal. El viento pega de costado y, pronto, de cara; refugio la vista en el negro de la carretera y tengo muchísimas ganas de llegar a Irurzun; espero que el desasosiego amaine en cuanto nos introduzcamos en el túnel. 

En estos días no entiendo que nos empecinemos en salir a andar en bicicleta; últimamente tengo la misma necesidad de hacerlo que, pongamos por caso, participar en la travesía a nado del puerto de Barcelona en las próximas navidades, es decir, ¡ninguna!

¡Esto está mucho mejor! Parece que la puerta del norte se ha cerrado y nos acercamos a Urriza; subimos hacia Udabe y llegamos a Jaunsarás usando el plato grande. Llegamos justo cuando los de UCN se van. Hay trasiego en la tienda del pueblo: ciclistas que vienen y se van; gente con ganas de husmear en internet; también se puede hacer la compra diaria o almorzar ¡de todo!

Por fin ha llegado nuestra hora. Sabemos perfectamente el lugar por el que nos movemos; hasta donde podemos porfiar en las cuestas para no sucumbir en el intento; está perfectamente comprobado que con el 52 y el 11, 12 ó 13  se puede atravesar Auza y aventurarse por la recta de Larrainzar sin que el trayecto se haga imposible. Los bultos lejanos, poco a poco, van tomando forma de ciclista y los engullimos sin piedad. En el Campo de Golf, atentos a los agujeros de la carretera, nos adelanta un tractor de los modernos, de los gigantescos con remolque y ternero incorporado. El muy cenutrio circula sin problema a 50 kms/hora y nos enganchamos a su empeño; hay que agradecerle que nos haya apeado en el cruce de Ciaurriz sin desgaste alguno.

Hoy es domingo y se nota en el tráfico de la N-121. La carretera no está tan congestionada como entre semana y nos aventuramos a rodar a favor del viento mientras jugamos a ser profesionales de los buenos, de los de verdad, de los que próximamente empezarán a entrenar para, a principios de año, comenzar una temporada más que nos hará disfrutar a los humildes jugadores de ciclista.

Hasta pronto. Bs.

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