No es extraordinario lo que veo,
pero hace un año que no nevaba por aquí. Desde mi ventana se divisa
perfectamente el monte del Puerto de Egozcue y, a estas horas, todavía tiene
rastros de la pequeña nevada que nos ha visitado.
Me pongo a callejear camino de “la
chimenea” y el viento tiene prisa en ponerme en orden. Son las nueve de la
mañana, apenas hay gente por la Vuelta del Castillo; me subo al “carril-bici” y
por el rabillo del ojo advierto que llevo ahí abajo a un futuro “sansilvestre” entrenando con ahínco; se nota que quiere medirse conmigo mientras
aprieta el culo con garbo. Me introduzco en la Plaza de los Fueros y le pierdo
de vista. No hay “pasos de cebra” que se me resistan ni tampoco semáforos en
rojo que me molesten. ¡Si antes lo digo!... Un madrugador se planta en mitad de
la calle mientras enciende un cigarrillo y me mira con sorpresa; espero que sea
el último.
Todavía no son “y media”; el Garmin señala 2º y pienso que estaría muy a gusto en la piltra, tal
vez mejor que esperando en la cuesta de Mendillorri. Ya estamos todos, somos
cuatro, dos de rojo y otros dos de azul, igual que Osasuna.
Para llegar a Ororbia hay que
cruzar la City: semáforos,
carril-bus, ariscas avenidas, la desapacible cuesta abajo de San Jorge y los alrededores
malolientes de “la Protectora”.
Sarbil, Goñi y Andía tienen el aspecto preciso
para servir de fondo a cualquier película tenebrosamente invernal. El viento
pega de costado y, pronto, de cara; refugio la vista en el negro de la
carretera y tengo muchísimas ganas de llegar a Irurzun; espero que el desasosiego
amaine en cuanto nos introduzcamos en el túnel.
En estos días no entiendo que nos
empecinemos en salir a andar en bicicleta; últimamente tengo la misma necesidad
de hacerlo que, pongamos por caso, participar en la travesía a nado del puerto
de Barcelona en las próximas navidades,
es decir, ¡ninguna!
¡Esto está mucho mejor! Parece que
la puerta del norte se ha cerrado y nos acercamos a Urriza; subimos hacia Udabe
y llegamos a Jaunsarás usando el plato grande. Llegamos justo cuando los de UCN
se van. Hay trasiego en la tienda del pueblo: ciclistas que vienen y se van;
gente con ganas de husmear en internet; también
se puede hacer la compra diaria o almorzar ¡de todo!
Por fin ha llegado nuestra hora. Sabemos
perfectamente el lugar por el que nos movemos; hasta donde podemos porfiar en
las cuestas para no sucumbir en el intento; está perfectamente comprobado que
con el 52 y el 11, 12 ó 13 se puede
atravesar Auza y aventurarse por la recta de Larrainzar sin que el trayecto se
haga imposible. Los bultos lejanos, poco a poco, van tomando forma de ciclista y
los engullimos sin piedad. En el Campo de Golf, atentos a los agujeros de la
carretera, nos adelanta un tractor de los modernos, de los gigantescos con
remolque y ternero incorporado. El muy cenutrio circula sin problema a 50
kms/hora y nos enganchamos a su empeño; hay que agradecerle que nos haya apeado
en el cruce de Ciaurriz sin desgaste alguno.
Hoy es domingo y se nota en el
tráfico de la N-121. La carretera no está tan congestionada como entre semana y
nos aventuramos a rodar a favor del viento mientras jugamos a ser profesionales
de los buenos, de los de verdad, de los que próximamente empezarán a entrenar
para, a principios de año, comenzar una temporada más que nos hará disfrutar a
los humildes jugadores de ciclista.
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