Es curioso como recurrimos a
frases infantiles para “desarmar” a nuestro contrincante cuando queremos
situarnos por encima de él. Cuando iba a la escuela de párvulos todos los días
oía decir, y seguro que yo también las decía, amenazas de este tipo: -“¿a que se lo digo a mi padre que es Franco?
¿a que se lo digo a mi primo que es
guardia? ¿a que, a que, a que?”-
En estos tiempos en los que
vivimos, los políticos han puesto de moda otra manera de actuar que se le conoce con el “y tú más”.
Bien, yo no quiero hablar de
política; quiero referirme a las “cartas al director” que, con frecuencia casi
diaria, aparecen en los periódicos de mi pueblo quejándose de mis compañeros
los ciclistas. Aquí aprovecho otra frasecita que se dice cada día más: una mentira repetida mil veces no es una
verdad. Una clase de cartas publicadas mil veces, necesariamente no tienen
por qué definir la totalidad de las actuaciones de los ciclistas.
Tengo mis dudas respecto a la
autoría de las misivas, pues parece como si todos ellas estuvieran escritas por
la misma persona: todos los ciclistas circulan por donde se les pone en las
pelotas, no utilizan los “carril-bici”, pasan rozando a los viejecitos, se
encaran con los que les llaman la atención, no respetan los semáforos, etc. ¡En
fin! Son todos unos verdaderos “hijos de
fruta”. Estas cartas periódicamente diarias, martillean la sección de “cartas
al director” en la que han encontrado acomodo y crean un caldo de cultivo ideal
para que los peatones nos miren con cara de asco a todos; a los buenos y a los
malos; todos estamos metidos en el mismo saco.
Es entonces cuando recurro al
inicial “y tú más” y me gustaría gritar a los cuatro vientos que estoy
hasta los mismísimos cuando, circulando por un “carril bici” de esos que no
lleva a ninguna parte, tengo que esquivar a un atleta que, no contento con
haber esquilmado la hierba de la Vuelta del Castillo con sus carrilitos de
trote, necesitan una pista de cemento tal como la de los “carril-bici”; cuando
tengo que pararme para ceder el paso (mi calle de la derecha) al paralítico que
discurre con su silla de discapacitado; cuando tengo que carraspear al grupo de
“culogordos” para que me dejen pasar a mí y a mi bicicleta; a los que, abstraídos
en sus pensamientos, se dirigen a sus asuntos sin darse cuenta de nada; me
hartan los de los scooter; los de las máquinas limpiadoras que no
limpian, estas máquinas no puede absorber piedras ni cristales, a lo sumo
basura y hojas de los árboles; me fastidian los “carriles” que atraviesan
paradas de “las villavesas”; conviene
andar con los sentidos alerta para evitar las puertas de los automóviles que se
abren de manera repentina. También me tienen hasta el gorro los conductores que
hacen gala de “conocer” el código de circulación y son capaces de advertirte
con la ventanilla del pasajero bajada, mientras manejan con una mano y el
cuerpo inclinado hacia su derecha, de que debemos de circular por el “carril”
(consejos vendo y para mí no tengo).
¿Entendéis ahora por qué empleo
el “y
tú más”? El amigo de las cartas tiene una viga en el ojo y se fija en
la paja que llevamos los de las bicis. Me tiene hasta más arriba de los t…….s
¡Joder con la monserga! Parece que fuéramos los malos de la película y, a lo
sumo, llegamos a malillos. Podríamos acudir a los registros y ver la cantidad de
atropellos con resultado de muerte y otras cosas, que no sé si son peores, en
los que los ciclistas son los protagonistas pacientes.
Como siempre que hablo de estas
cuestiones, quiero relacionar someramente una serie de actuaciones que sufrimos
a diario los ciclistas y, que yo sepa, no aparecen reflejadas en ninguna “carta
al director”: la constante lucha por la “posesión”
de nuestro espacio, tanto en ciudad como en carretera; los profesionales de la ciudad; los ineptos conduciendo sus cacharritos; los listos de la
calzada; los peatones que saltan a los “pasos
de cebra” mientras investigan en su Smartphone;
la N-121 que, sin darnos cuenta, se ha convertido en una pseudoautopista
con apropiación de los camiones de transporte de Europa entera ¿acaso a estos
monstruos no se les debería obligar a circular por una autovía de verdad y
dejar esta carreterita para los humanos? Es muy bonito mejorar la carretera
desde Irún a Pamplona con sucesivos túneles, intransitables para nosotros,
eliminar gran parte de la subida del Puerto de Velate y, claro, ante tamaña oportunidad
se evitan dar un rodeo por San Sebastián y alcorzan el camino conduciendo
por la N-121 ¡Demencial!
Lo dicho, si no gritamos, si no
nos hacemos notar, los malos de la película siempre seremos nosotros, los que,
encima, pagamos con nuestros huesos o con nuestra vida.
Gritad “y tú más”.
Hasta pronto. Bs.
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