domingo, 9 de marzo de 2014

¡Viva La Strada Bianca, Roma Máxima y UCN!



Hace muy poco tiempo teníamos toda la temporada por delante y hoy, sin darnos cuenta,  hemos acudido por segundo domingo a darle caña a todo lo que se menea. ¡Qué barbaridad!

¿El día? ¡Extra! Apenas cuatro trapillos para el fresco de la mañana y todo el sol para nosotros. Supongo que los profesionales del Mediterráneo, si leen esto, pondrán cara de asombro y pensarán “estos compañeros de profesión de aquellos países pequeñitos de allá arriba ¡cuánto tienen que sufrir, mientras nosotros nos bañamos en el mar!” 

Así es la vida, nosotros para tener los campos verdes necesitamos regarlos todos los días; vosotros para disfrutar del aire libre en paños menores necesitáis del tiempo que ahora tenemos por aquí.

¡Bueno, a lo nuestro! Ponemos rumbo a Lumbier y todos los repechos que hemos atacado durante el invierno, poniendo señales en los puntos estratégicos a modo de referencia, han dado su fruto: no te apures si te atosigas subiendo la cuesta de Mendióroz ¡se pasa sin problemas! No merece la pena quitar el plato gordo en la cuesta de Lerruz y en la de Villaveta, si me apuras, tampoco. Si la cosa se pone tiesa llegando a Murillo, alguien vendrá con mucho acierto poniendo orden ¡no poblemo!

Cuanto más corramos, antes llegaremos al temido repechón de Sansoáin y, lo que son las cosas, después de tanto pensar en el desarrollo idóneo, resulta que lo he subido en un vulgar 34 x 17 sin despeinarme y sentado. ¡Esto marcha!

Nos ponemos a rodar y casi todos tenemos ocasión para aparecer en la foto reservada a los de cabeza. Salvador ha querido probarse y se ha ido a casa con la sensación de que tiene 25 años y que mueve el plato igualito ¡igualito! que cuando le seguían la pista los equipos de profesionales.

¡Ya veo, ya! Por mucho que se madrugue, el grupo de los “Ibarrola” siempre llegará antes que nosotros al Iru Bide. Calculo que habrán salido a eso de las 6 de la madrugada ¡Qué horror!

Sí, sí; todo muy bonito, lleno de color y calor, pero… ¿y el aire? Pues mira, ahora de culo hasta Pamplona. En estas circunstancias lo único que cambia es que se corre más y más fácil pero, como siempre, con el aliento alborotado y con cierta sensación de que perfectamente podrías cambiar la licencia de “cicloturista” por la de “profesional”. ¡Nada, mentira! Por mucho que estires el pelotón, ninguno se queda ¡ah! y ándate con mucho ojo, no vayas a quedarte tú.

Desde el Cruce de Monreal hasta Noain ha habido ocasión para confraternizar con los que sufren hambre y sed de justicia, es decir, todos y me he dado cuenta de lo curioso de los grupos: en el colegio nos conocían por el apellido; en la mili por un número; en el trabajo por el nombre; en UCN por… ¡vete tú a saber! A unos por el nombre (Toño, Felipe, Luis, Germán, Saúl, Juanjo, Ignacio, Javi, etc.), a otros por el mote (Cárnicas, Ancarrana, Machaca pedales, el escalador, el médico, etc.) por el apellido (Arambillet, Vidales, Macías, etc.) también por referencias (el de la bici Pinarello amarilla, el del maillot de Leiza, ese que no calla, el chavalico ese del Lizarte, la del culo de folklorica, etc. No importa, todos estamos fichados y aunque las relaciones sean más o menos cercanas o distantes, todos nos conocemos y nos respetamos con todos los defectos con los que nos hicieron (o al menos eso quiero creer).

Bien, ¡queda dicho! Después de tomar un Kas en Erripagaina hemos llegado a casa. No es que el Polar se haya esmerado mucho con el kilometraje, apenas 95 señalaba la casilla correspondiente, no obstante nadie se podrá quejar de la intensidad que ha tenido la mañana, tanto con el viento en la cara como en el sillín. ¿La media? Esa no la quiero decir porque en el cálculo intervienen muchas circunstancias y nosotros hemos tenido todas ellas; sólo diré que, a veces, resultaba muy difícil seguir a los madelmanes.

¡Ah! aviso para navegantes: estoy a punto de tirar a tomar por saco todos mis complejos; ojito, cualquier día de estos os voy a poner en fila y… aguuuuuurrrrrrr.

Hasta pronto. Bs.





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