Hace muy poco tiempo teníamos toda la temporada por delante y hoy, sin
darnos cuenta, hemos acudido por segundo
domingo a darle caña a todo lo que se menea. ¡Qué barbaridad!
¿El día? ¡Extra! Apenas cuatro trapillos para el fresco de la mañana y todo
el sol para nosotros. Supongo que los profesionales del Mediterráneo, si leen
esto, pondrán cara de asombro y pensarán “estos
compañeros de profesión de aquellos países pequeñitos de allá arriba ¡cuánto
tienen que sufrir, mientras nosotros nos bañamos en el mar!”
Así es la vida, nosotros para tener los campos verdes necesitamos regarlos
todos los días; vosotros para disfrutar del aire libre en paños menores
necesitáis del tiempo que ahora tenemos por aquí.
¡Bueno, a lo nuestro! Ponemos rumbo a Lumbier y todos los repechos que
hemos atacado durante el invierno, poniendo señales en los puntos estratégicos
a modo de referencia, han dado su fruto: no te apures si te atosigas subiendo
la cuesta de Mendióroz ¡se pasa sin problemas! No merece la pena quitar el plato
gordo en la cuesta de Lerruz y en la de Villaveta, si me apuras, tampoco. Si la
cosa se pone tiesa llegando a Murillo, alguien vendrá con mucho acierto
poniendo orden ¡no poblemo!
Cuanto más corramos, antes llegaremos al temido repechón de Sansoáin y, lo
que son las cosas, después de tanto pensar en el desarrollo idóneo, resulta que
lo he subido en un vulgar 34 x 17 sin despeinarme y sentado. ¡Esto marcha!
Nos ponemos a rodar y casi todos tenemos ocasión para aparecer en la foto
reservada a los de cabeza. Salvador ha querido probarse y se ha ido a casa con
la sensación de que tiene 25 años y que mueve el plato igualito ¡igualito! que
cuando le seguían la pista los equipos de profesionales.
¡Ya veo, ya! Por mucho que se madrugue, el grupo de los “Ibarrola” siempre
llegará antes que nosotros al Iru Bide. Calculo que habrán salido a eso de las
6 de la madrugada ¡Qué horror!
Sí, sí; todo muy bonito, lleno de color y calor, pero… ¿y el aire? Pues
mira, ahora de culo hasta Pamplona. En estas circunstancias lo único que cambia
es que se corre más y más fácil pero, como siempre, con el aliento alborotado y
con cierta sensación de que perfectamente podrías cambiar la licencia de
“cicloturista” por la de “profesional”. ¡Nada, mentira! Por mucho que estires
el pelotón, ninguno se queda ¡ah! y ándate con mucho ojo, no vayas a quedarte
tú.
Desde el Cruce de Monreal hasta Noain ha habido ocasión para confraternizar
con los que sufren hambre y sed de
justicia, es decir, todos y me he dado cuenta de lo curioso de los grupos:
en el colegio nos conocían por el apellido; en la mili por un número; en el
trabajo por el nombre; en UCN por… ¡vete tú a saber! A unos por el nombre
(Toño, Felipe, Luis, Germán, Saúl, Juanjo, Ignacio, Javi, etc.), a otros por el
mote (Cárnicas, Ancarrana, Machaca pedales, el escalador, el médico, etc.) por
el apellido (Arambillet, Vidales, Macías, etc.) también por referencias (el de
la bici Pinarello amarilla, el del maillot
de Leiza, ese que no calla, el chavalico ese del Lizarte, la del culo de
folklorica, etc. No importa, todos estamos fichados y aunque las relaciones
sean más o menos cercanas o distantes, todos nos conocemos y nos respetamos con
todos los defectos con los que nos hicieron (o al menos eso quiero creer).
Bien, ¡queda dicho! Después de tomar un Kas en Erripagaina hemos llegado a
casa. No es que el Polar se haya esmerado mucho con el kilometraje, apenas 95
señalaba la casilla correspondiente, no obstante nadie se podrá quejar de la
intensidad que ha tenido la mañana, tanto con el viento en la cara como en el
sillín. ¿La media? Esa no la quiero decir porque en el cálculo intervienen
muchas circunstancias y nosotros hemos tenido todas ellas; sólo diré que, a
veces, resultaba muy difícil seguir a los madelmanes.
¡Ah! aviso para navegantes: estoy a punto de tirar a tomar por saco todos
mis complejos; ojito, cualquier día de estos os voy a poner en fila y…
aguuuuuurrrrrrr.
Hasta pronto. Bs.
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