martes, 7 de enero de 2014

Redimiendo nuestros pecados de gula.


Por fin han quedado atrás las fiestas de Navidad. Todos los acontecimientos que puedan suceder durante estas fechas tienen un antes o un después alrededor de una mesa. En “Noche Buena” nos movilizamos para reunirnos en grupo familiar y cenar mucho más de lo que nos conviene y estamos acostumbrados. La modorra del día de Navidad se despeja con la continuación de la cena anterior, aderezada con nuevos productos culinarios.

Contamos con una semana para arrepentirnos de nuestros pecados calificados de gula y comienza la conciencia a mortificarnos con el martilleo de los kilos que hemos cogido sin apenas mover un dedo. ¡Hay que joderse! ¡Cuánto cuesta dejar uno por las cunetas y qué fácil echas a la mochila tres o cuatro, sin despeinarse, mirando al tendido como “El Litri”!

Enseguida llega la “Noche Vieja” y vamos a ver la carrera de San Silvestre para descargar nuestras conciencias. Parece como si el ejercicio que hacen los “otros” sirviera para practicar nosotros atletismo. Otra noche plena de alimentos preparados en una mesa espectacular y cargados de colesterol. El día de “Año Nuevo” se alía con un tiempo invernal y hace imposible practicar nuestro deporte, por lo que cualquier excusa es buena para quedarse más tiempo en la cama y descansar hasta que te das cuenta de que se acerca la hora de acudir a la invitación anual de comer en casa de los sobrinos. En esta casa se come como Dios manda: entremeses, consomé, primeros, segundos y, si te atreves, terceros, postres, cafés, licores… ¡No puedo más, me retiro!
 

¡Ánimo chaval! Aún te queda el último sprint; a lo lejos se divisa el día de los “Reyes Magos” que, seguro, algo traerán. ¡Come maldito, come y calla!



Pese a todo lo anterior, el mono disfrazado de King Kong todavía no ha terminado de despertar de su letargo invernal. No siente la necesidad de destrozar todo lo que encuentre a su paso camino de las primeras vueltas del año nuevo. Por otra parte entiendo que es conveniente que se vaya “moviendo” y saque a relucir su potencial, así que hoy el “Dúo Dinámico” aprovechando el día primaveral que se ha colado sin que nadie se diera cuenta, se ha vuelto a reunir en Cizur con sus bicicletas de monte retocadas con un cierto aire “carreteril”.



En alguna otra ocasión he comentado que el deporte del ciclismo es muy “suyo”, un tanto quisquilloso, le gusta ser protagonista de las películas y no compartir cartel con ninguna otra actividad, eso lo lleva muy mal. ¡Sí! Hoy tenía un poco de miedo con mi reencuentro pues sabía de todas sus triquiñuelas. En los repechos la respiración se alborota y yo me llego a apurar. Sé que se trata de las primeras andanadas que te manda el susodicho como represalia por el olvido al que le has sometido, así que lo mejor es no hacerle caso y aflojar el paso. El puerto del Perdón se soluciona fijándote en las grietas de la vieja carretera y, sin poder “coger pedales”, se alcanza Puente para tomar un mísero café con leche como redención de los pecados navideños.

Decidimos volver por Artazu y atacamos la segunda cuesta del día. Luego llegará la tercera y los de Arraiza y Ubani no nos harán mucho caso cuando pasemos escapados de nosotros mismos. Subiremos por el Campus de la Universidad y, al llegar al trastero, el GARMIN señalará unos paupérrimos 63 kilómetros. Ya sé que parecen pocos, pero me han hecho trajinar como si fueran el doble y es que, por mucho que customices la bici de monte, sigue siendo eso, de monte, no de carretera.

El mono sigue con su siesta diaria y ¡yo haciendo planes para mañana! veremos.

Hasta pronto. Bs.

 

 

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