Como dice “el escalador”, después
de tantos días circulando por el asfalto, tocaba cambiar de suelo.
Llega un momento en el que la
cabeza se rebela y se resiste a andar por sitios tan trillados: Ulzama y sus
variantes, Lecumberri, vuelta a Erro, Lumbier, vuelta a la Montaña, Artajona,
Puente y tal, y tal, y tal. Es el mismo problema que se tiene a la hora de
elegir la comida cuando se está de vacaciones y se acude a comer al restaurante
del hotel: siempre lo mismo. En este punto me acuerdo de mi cuñado Maxi que
solía contar un chiste y, como todos los suyos, me hacía mucha gracia: -“Era un tío que fue a visitar una fábrica
de perfumes y, después de pegarse un día entero recorriéndola, salió corriendo
a la vez que gritaba: ¡por favor! Una mierda, una mierda.”-
Pues bien, hemos dejado de lado
el asfalto y nos hemos dirigido hacia Iroz por el paseo fluvial. Parece mentira
la cantidad de mujeres que acometen por
segunda vez en el año la “operación bikini”. En grupos de 3 ó 4, vestidas con
mallas y con caras sonrientes se cruzan con nosotros. Se nota que esta noche ha
llovido pues el camino está salpicado de charcos y la Flash, poco a poco, está tomando el aspecto típico de una bicicleta
de monte.
El primer problema se presenta en
el mismo Iroz. El camino hasta la carretera de Ilúrdoz es estrecho, apenas
tiene la anchura de una bicicleta y los peregrinos vienen sin descanso. Algunos
se apartan pero otros, muy germánicos ellos, hacen valer sus “derechos” y hay
que apearse, C’est la vie. Sabemos de
un atajo y evitamos el contacto humano hasta Zuriain. Desde ahí hasta la
próxima estación el camino es extraordinario: el río Arga a la izquierda, túnel
de arboles por arriba y algún que otro impedimento por el suelo. Poco antes de
la primera “semicaída” del día, dos peregrinas me hacen parar y me advierten de
la próxima supercuesta que se acerca sin remisión. Hasta hace poco tiempo era
un tramo de escalones delimitados por traviesas de ferrocarril, imposibles de
subir o bajar, y ahora lo han convertido en una cuesta de losas
supercalifragilística. "El escalador” la ha atacado con decisión y… pie a
tierra; ha estado muy decente en su actuación pero, ¡pie a tierra! A lo largo
de la cuestecilla se han apostado varias decenas de británicos esperando que mi
actuación fuese mucho más decente que la de Juanjo pero les he defraudado ¡que
se fastidien! ¡que devuelvan Gibraltar y hablaremos!
Para llegar a Ilarraz hay que
subir otra cuesta de las de mucho
preocupar culminada por uno de tantos portillos. Hemos tenido la suerte de encontrarlo abierto sostenido por un lugareño. El
espacio es tan estrecho que he estado a punto
de llevármelo por delante. En este punto no sé cuantas “semicaídas”
llevaba a lo largo de la mañana.
Después de algunas indecisiones
respecto al camino a tomar hemos llegado hasta el punto más feo del
recorrido: el que atraviesa el territorio de “magnesitas”. Con el fin de evitar
un camino serpenteante, han construido una cuestarraca que comunica el norte
con el sur, el Cantábrico con Andalucía en perpendicular, sin atajos, con dos
cojones. Justo en el punto en el que he tenido que bajarme, una pareja de
mexicanos me animaba para que echara “coraje” al problema (así lo decían ellos)
y he mandado al carajo el orgullo patrio. Lo han entendido enseguida y me han
dado la razón. Mientras, a traición, “el escalador” ha trepado por el repecho
de más del 30%. Es un impresentable.
Como canta mi viejo amigo Willy
Deville, Across the border line de
Zubiri nos hemos plantado en el camino que baja desde el Alto de Erro y otra
vez “el escalador” ha preferido ascender hasta el alto en lugar de darse por
vencido y tomarse un café en el “Gau Txori”.
No voy a contar su relato porque
resulta empalagoso: -“yo, yo, yo, boa,
boa, boa, porque yo, etc.”-
En el camino de regreso, por
carretera, el viento nos ha ayudado a presentarnos en casa a la hora de comer.
En estas vueltas por el monte los
50 kilómetros dan mucho de sí y no es necesario acumular cifras de tres dígitos
para presentar un curriculum plagado de cantidades acojonantes.
Ha estado bien, a partir de ahora
alternaremos carretera y monte mientras podamos y yo os lo contaré.
Hasta pronto. Bs.
Yo quiero ir, me apunto. Ese escalador es un prepotente?
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