jueves, 19 de septiembre de 2013

Debutando por El Camino de Santiago


Como dice “el escalador”, después de tantos días circulando por el asfalto, tocaba cambiar de suelo.

Llega un momento en el que la cabeza se rebela y se resiste a andar por sitios tan trillados: Ulzama y sus variantes, Lecumberri, vuelta a Erro, Lumbier, vuelta a la Montaña, Artajona, Puente y tal, y tal, y tal. Es el mismo problema que se tiene a la hora de elegir la comida cuando se está de vacaciones y se acude a comer al restaurante del hotel: siempre lo mismo. En este punto me acuerdo de mi cuñado Maxi que solía contar un chiste y, como todos los suyos, me hacía mucha gracia: -“Era un tío que fue a visitar una fábrica de perfumes y, después de pegarse un día entero recorriéndola, salió corriendo a la vez que gritaba: ¡por favor! Una mierda, una mierda.”-

Pues bien, hemos dejado de lado el asfalto y nos hemos dirigido hacia Iroz por el paseo fluvial. Parece mentira la cantidad de  mujeres que acometen por segunda vez en el año la “operación bikini”. En grupos de 3 ó 4, vestidas con mallas y con caras sonrientes se cruzan con nosotros. Se nota que esta noche ha llovido pues el camino está salpicado de charcos y la Flash, poco a poco, está tomando el aspecto típico de una bicicleta de monte.




 
 

El primer problema se presenta en el mismo Iroz. El camino hasta la carretera de Ilúrdoz es estrecho, apenas tiene la anchura de una bicicleta y los peregrinos vienen sin descanso. Algunos se apartan pero otros, muy germánicos ellos, hacen valer sus “derechos” y hay que apearse, C’est la vie. Sabemos de un atajo y evitamos el contacto humano hasta Zuriain. Desde ahí hasta la próxima estación el camino es extraordinario: el río Arga a la izquierda, túnel de arboles por arriba y algún que otro impedimento por el suelo. Poco antes de la primera “semicaída” del día, dos peregrinas me hacen parar y me advierten de la próxima supercuesta que se acerca sin remisión. Hasta hace poco tiempo era un tramo de escalones delimitados por traviesas de ferrocarril, imposibles de subir o bajar, y ahora lo han convertido en una cuesta de losas supercalifragilística. "El escalador” la ha atacado con decisión y… pie a tierra; ha estado muy decente en su actuación pero, ¡pie a tierra! A lo largo de la cuestecilla se han apostado varias decenas de británicos esperando que mi actuación fuese mucho más decente que la de Juanjo pero les he defraudado ¡que se fastidien! ¡que devuelvan Gibraltar y hablaremos!

Para llegar a Ilarraz hay que subir otra cuesta de las de mucho preocupar culminada por uno de tantos portillos. Hemos tenido la suerte de encontrarlo abierto sostenido por un lugareño. El espacio es tan estrecho que he estado a punto  de llevármelo por delante. En este punto no sé cuantas “semicaídas” llevaba a lo largo de la mañana.

Después de algunas indecisiones respecto al camino a tomar hemos llegado hasta el punto más feo del recorrido: el que atraviesa el territorio de “magnesitas”. Con el fin de evitar un camino serpenteante, han construido una cuestarraca que comunica el norte con el sur, el Cantábrico con Andalucía en perpendicular, sin atajos, con dos cojones. Justo en el punto en el que he tenido que bajarme, una pareja de mexicanos me animaba para que echara “coraje” al problema (así lo decían ellos) y he mandado al carajo el orgullo patrio. Lo han entendido enseguida y me han dado la razón. Mientras, a traición, “el escalador” ha trepado por el repecho de más del 30%. Es un impresentable.

Como canta mi viejo amigo Willy Deville, Across the border line de Zubiri nos hemos plantado en el camino que baja desde el Alto de Erro y otra vez “el escalador” ha preferido ascender hasta el alto en lugar de darse por vencido y tomarse un café en el “Gau Txori”.

No voy a contar su relato porque resulta empalagoso: -“yo, yo, yo, boa, boa, boa, porque yo, etc.”-

En el camino de regreso, por carretera, el viento nos ha ayudado a presentarnos en casa a la hora de comer.

En estas vueltas por el monte los 50 kilómetros dan mucho de sí y no es necesario acumular cifras de tres dígitos para presentar un curriculum plagado de cantidades acojonantes.

Ha estado bien, a partir de ahora alternaremos carretera y monte mientras podamos y yo os lo contaré.

Hasta pronto. Bs.

 


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