martes, 8 de noviembre de 2016

Todo depende del color del cristal con el que se mira



¡No! Hoy no es el día más propicio para potenciar, para hacer proselitismo a favor del ciclismo.


Cualquier propuesta que se hiciera para convencernos de las virtudes de la bicicleta, hoy, saldría castigada con la indiferencia, con la risotada, con el gesto de asombro y con el dedo índice de la mano derecha en la sien del mismo lado. –“¿Acaso habéis visto a alguien ocupar cualquier “carril-bici” de la ciudad?”- ¡Nadie!


Esto es algo parecido a lo que ocurre cuando las tiendas de moda ofrecen en los escaparates  ropa de invierno y los termómetros señalan treintaytantos grados o más de temperatura; nadie en su sano juicio pensaría en lo que puede venir con la primera olita de frío.


Pues eso, está lloviendo a cántaros, hace frío de pelotas y hoy ni Armando sale a la calle con su bicicleta plegable. Me pregunto: -“¿Qué haríamos un día si, al salir de casa, nos encontráramos con este panorama? ¿Abandonar la bicicleta? ¿Acudir al autobús urbano? Tengamos presente que hemos enterrado para siempre el automóvil convencidos por los charlatanes de turno y que “la villavesa” ha potenciado su flota con 100 buses eléctricos que atienden con holgura a los pamploneses que no quieren o no pueden acudir al trabajo con la bici. Los 100 susodichos no son suficientes para atender a semejante demanda de exciclistas, los trabajadores llegan tarde a sus puestos de curro y, claro, les quitan el plus de puntualidad. Esto sería un caos; nadie en mi pueblo está preparado para salir a la calle a las 8 de la mañana de un día como el de hoy con una “plegable”, nadie tiene ropa adecuada ni ánimo para helarse las manos, los pies y el cuerpo entero.


Lógicamente, he optado por mi plan B, el que sale a relucir cuando las cosas están húmedas: ¡me voy al gimnasio! 


La sala estaba como la ciudad de Sevilla en la Feria de Abril: 100% de ocupación hotelera. Todos los aparatos, todos, orientados hacia los ventanales estaban ocupados; las cintas de correr sostenidas sobre charcos de sudor; los remeros del Volga mantenían el tipo como podían; los de las bicicletas estáticas, como siempre, pugnaban por no llegar a ningún sitio; los de las mancuernas desgastaban los espejos orgullosos de sus bíceps; el core hacía temblar a sus seguidores como a cualquier osasunista esperando entrar al Sadar; gente que se hidrataba en el chorrito de la fuente; lectores de prensa atrasada con un gesto lejano en sus caras esperando aclarar esas letras presbícicas; estiradores de músculos acartonados; gente joven o vieja, depende de la edad que tuviera; etc. ¡fauna gimnástica!


El reloj me tenía informado de mi tiempo en el “templo de la salud” y mis ganas mañaneras de almacenar tanta salud en conserva, desaparecían poco a poco.  –“Decidídamente me voy, por hoy ya está bien, necesito reencontrarme con el tráfico de un día lluvioso en Pamplona”-.
 

Todo estaba como lo dejé: “las villavesas” a tope, los automóviles también, las bicicletas en los trasteros y mi viejo amigo Armando, desesperado, en la Plaza del Ayuntamiento saltaba con una camiseta de Windstopper que recordaba al uniforme de Spiderman, mientras gritaba: -“¡Pamploneses, pamplonesas! ¡Dónde cojones habéis dejado las bicicletas!”-


Hasta pronto. Bs.






2 comentarios:

  1. Pamplones!! y tú, qué hacías en el gym? has batido tu récord de 400, has hecho añicos las mancuernas, has navegado en la cinta o han hecho avanzar la estática? Tu relato húmedo, esta bien, pero también queremos saber de tu actividad, no te escondas entre las palabras...

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  2. Pamplones!! y tú, qué hacías en el gym? has batido tu récord de 400, has hecho añicos las mancuernas, has navegado en la cinta o han hecho avanzar la estática? Tu relato húmedo, esta bien, pero también queremos saber de tu actividad, no te escondas entre las palabras...

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