¡No! Hoy no es el día más
propicio para potenciar, para hacer proselitismo a
favor del ciclismo.
Cualquier propuesta que se
hiciera para convencernos de las virtudes de la bicicleta, hoy, saldría
castigada con la indiferencia, con la risotada, con el gesto de asombro y con
el dedo índice de la mano derecha en la sien del mismo lado. –“¿Acaso habéis visto a alguien ocupar
cualquier “carril-bici” de la ciudad?”- ¡Nadie!
Esto es algo parecido a lo que
ocurre cuando las tiendas de moda ofrecen en los escaparates ropa de invierno y los termómetros señalan
treintaytantos grados o más de temperatura; nadie en su sano juicio pensaría en
lo que puede venir con la primera olita de frío.
Pues eso, está lloviendo a
cántaros, hace frío de pelotas y hoy ni Armando
sale a la calle con su bicicleta plegable. Me pregunto: -“¿Qué haríamos un día si, al salir de casa, nos encontráramos con este panorama? ¿Abandonar la
bicicleta? ¿Acudir al autobús urbano? Tengamos presente que hemos enterrado
para siempre el automóvil convencidos por los charlatanes de turno y que “la
villavesa” ha potenciado su flota con 100 buses eléctricos que atienden con
holgura a los pamploneses que no quieren o no pueden acudir al trabajo con la
bici. Los 100 susodichos no son suficientes para atender a semejante demanda de
exciclistas, los trabajadores llegan tarde a sus puestos de curro y, claro, les
quitan el plus de puntualidad. Esto sería un caos; nadie en mi pueblo está
preparado para salir a la calle a las 8 de la mañana de un día como el de hoy
con una “plegable”, nadie tiene ropa adecuada ni ánimo para helarse las manos,
los pies y el cuerpo entero.
Lógicamente, he optado por mi
plan B, el que sale a relucir cuando las cosas están húmedas: ¡me voy al gimnasio!
La sala estaba como la ciudad de
Sevilla en la Feria de Abril: 100% de ocupación hotelera. Todos los aparatos,
todos, orientados hacia los ventanales estaban ocupados; las cintas de correr
sostenidas sobre charcos de sudor; los remeros del Volga mantenían el tipo como
podían; los de las bicicletas estáticas, como siempre, pugnaban por no llegar a
ningún sitio; los de las mancuernas desgastaban los espejos orgullosos de sus
bíceps; el core hacía temblar a sus
seguidores como a cualquier osasunista esperando entrar al Sadar; gente que se
hidrataba en el chorrito de la fuente; lectores de prensa atrasada con un gesto
lejano en sus caras esperando aclarar esas letras presbícicas; estiradores de
músculos acartonados; gente joven o vieja, depende de la edad que tuviera; etc.
¡fauna gimnástica!
El reloj me tenía informado de mi
tiempo en el “templo de la salud” y mis ganas mañaneras de almacenar tanta
salud en conserva, desaparecían poco a poco. –“Decidídamente
me voy, por hoy ya está bien, necesito reencontrarme con el tráfico de un día
lluvioso en Pamplona”-.
Todo estaba como lo dejé: “las
villavesas” a tope, los automóviles también, las bicicletas en los trasteros y
mi viejo amigo Armando, desesperado,
en la Plaza del Ayuntamiento saltaba con una camiseta de Windstopper que
recordaba al uniforme de Spiderman, mientras gritaba: -“¡Pamploneses, pamplonesas! ¡Dónde cojones habéis dejado las
bicicletas!”-
Hasta pronto. Bs.
Pamplones!! y tú, qué hacías en el gym? has batido tu récord de 400, has hecho añicos las mancuernas, has navegado en la cinta o han hecho avanzar la estática? Tu relato húmedo, esta bien, pero también queremos saber de tu actividad, no te escondas entre las palabras...
ResponderEliminarPamplones!! y tú, qué hacías en el gym? has batido tu récord de 400, has hecho añicos las mancuernas, has navegado en la cinta o han hecho avanzar la estática? Tu relato húmedo, esta bien, pero también queremos saber de tu actividad, no te escondas entre las palabras...
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