En vista de que estos días he
sido un rajado y de que todos los que han salido en bicicleta la han gozado
como pulpos, me he decidido a comprobar que más allá de la niebla hay vida.
Todo lo que se ve desde mi ventana es mentira: el frío no existe, la niebla
tampoco. Sé que todo son figuraciones mías, así que me visto de torero y, sin
un plan establecido, me planto en la Rochapea, sigo adelante y comienzo con la
popular Vuelta Ciclista a Ultzama ¿qué sería de nosotros si no tuviéramos este
valle verde a 22 kilómetros de Pamplona?
Los primeros ciclistas con los
que me cruzo no me saludan ¡bien, esto promete! Los segundos tampoco ¡mejor
todavía! Me adelanta un chaval con ritmo alegre y me dice: “¡epa!”. ¿Veis? Si yo no quiero otra cosa que esas tres letras: epa. Todo lo demás me sobra; no quiero
que me pregunten por mi familia, ni por mi salud, tampoco cuánto me ha costado
mi bicicleta o qué tal se anda con una Lefty,
sólo quiero un “epa” o un gesto con la cabeza, nada más. Otra cosa era
cuando andaba en moto; los moteros se desvivían por saludar, daba lo mismo que
llevase una mobylette o una velosolex: todos levantaban la mano y lo
curioso del caso es que era contagioso, estaba deseando cruzarme con otro
motero para saludar igualito que me había hecho el anterior ¡Pues no! En
ciclismo lo que se lleva es bajar la cabeza o mirar al futuro, escurrir el
bulto como huidizas cucarachas en busca de su cubil y pasar el mal trago.
¡Asco!
Mis pensamientos, la niebla y el
frío me han evadido de lo que cuento y me he presentado en Lizaso. Hoy no tenía
tiempo para tomar un café y he seguido la marcha. Los baches de la carretera me
han traído a la memoria la noticia de estos días: -“El Gobierno de Navarra estudia la posibilidad de implantar peaje en
las autovías como medio para financiar el adecentamiento de las carreteras”-
Cuando leí semejante notición, se
me saltaron los empastes. El otro día criticaba que, después de no sé cuántos
años, todavía existiera el peaje de Imarcoain en la A-15 (Tudela-Irurzun) y que
resulta una terrible tentación para el transporte pesado, semipesado, medio,
ligero, pluma etc. de dejarlo de lado y abarrotar la 121 que, entre otros
lugares, atraviesa la localidad de Campanas. Los de nuestro grupo casi todas
las semanas utilizamos ese tramo de carretera y resulta agobiante compartir el
asfalto con camiones de todas las nacionalidades que prefieren evitarse unos
cuantos euros y convertir a Campanas en un corredor del transporte nacional e
internacional. Pues bien, si la idea del Gobierno que apunto un poco más arriba
resulta que se aprueba, me imagino que se aproximan malos tiempos para los
ciclistas.
Alguno dirá que soy un exagerado,
pero a la vista de lo que sucede con las autopistas que tienen al lado
carreteras alternativas, no tendría nada extraño que gran parte de la circulación
se desviara, por ejemplo en la autovía de Leizarán a la altura de Irurzun, por
los antiguos túneles del Plazaola y entonces tendrían que ampliarlos o
implantar unos semáforos para dar paso alternativo a los camioncitos. La de la
Barranca acarrearía un cambio en el laberinto en que se convirtió la
carreterita que va desde Irurzun hasta Lacunza. Podrían pensar en poner peaje
en los túneles de Velate y, de paso, echar una capa de brea en el antiguo
trazado del puerto que está hecho unos zorros. Además, sería necesario crear
áreas de “peaje” como dios manda con todo lo que eso llevaría consigo: elección
de uno, dos o más lugares donde situarlas y no discriminar a las distintas
localidades dejándolas de lado u obligándolas a pagar peajes por trayectos
mínimos. Estas áreas de peaje tendrían que estar atendidas por personal, ¡por
personas, vaya! Porque no todo el mundo tiene tarjetas de Vía T y prefiere
pagar con tarjetas normales o en efectivo. Esto último tiene su parte positiva,
pues se crearían innumerables puestos de trabajo.
A la vista de todo esto, no tengo
otro remedio que pensar que cuestan más las cintas que el manto. Que se trata
de una solemne tontería y que, si todos mis augurios se cumplieran, sería
porque a los mandamases, los que deciden sobre los asuntos, les importa mucho
más una hipotética fuente de financiación que la vida de los habitantes de los
pueblos por los que pasa el abundante tráfico carroñero o la de los
cicloturistas que tienen que compartir un miserable espacio con los
trabajadores del volante.
¿Se tendrán en cuenta todas estas
“tonterías” a la hora de discutir si se pone en marcha o no la cuestión del
peaje en las autovías? ¡Ojalá!
Hasta pronto, Bs.
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