En la década de los 80 del pasado
siglo, jugaba en Yugoslavia al baloncesto un muchacho que se llamaba Petrovic, Dracen Petrovic.
En una edición digital del Diario
As del 10-10-2014 publican una entrevista en la que el entrevistado dice que -“(Dracen) vino a España a base de sobornar
y corromper”- ¡Bien! Esa es otra
historia, no nos desviemos del asunto que nos ha traído hasta aquí. El tal
Petrovic jugaba como los ángeles; caía mal a todos los seguidores de los
equipos rivales; tenía “cara como de bobo”, pero entre una cosa y otra el
muchacho encestaba una y otra vez, entonces él se crecía y ¡zas! ¡canasta al
canto y personal para el contrario!. Daba igual que jugase con la selección
yugoslava o con el Cibona de Zagreb, el resultado no variaba: Dracen se erigía
en el amo de la cancha y los demás acordándose de su padre. Un día, antes de
fichar por el Real Madrid, jugó contra el club blanco y al cabo de un buen rato
fue expulsado por “cinco personales”. Aquello resultaba una liberación para el
personal: se iba el cacique de la cancha, el que nos había estado jodiendo
durante todo el partido; aún había tiempo de dar la vuelta al resultado; ¡adiós,
cabronazo!
Le sustituyó otro paisano y
resultó una copia corregida y aumentada del susodicho: otro tipejo que
encestaba hasta con el culo y cargaba de personales a los “blancos”. Se fue al
vestuario un conocidísimo Petrovic y salto al campo un desconocido tan bueno
como él pero que no tenía sitio en el “cinco”.
Después de esta lección de
baloncesto, me gustaría hablar del ciclismo que lo encuentro más divertido.
Acaba de terminar la edición del “Tour” del 2015 y Froome ha ganado con suficiencia ¿En algún momento
lo ha pasado mal? ¡Seguro! A juzgar por su constante cabeceo propio de los
perritos que los cursis llevan en la ventanilla posterior de los coches, lo ha
pasado muy mal desde la primera etapa hasta la última, pero debe ser una pose
del muchacho porque, con su estilo deplorable, ha despacienciado a más de uno.
Se corría la penúltima etapa del
“Tour”, la que acababa en la cima de Alpe D’huez, y los escaladores del Sky se
habían quedado atrás subiendo la “Croix de Fer”. Esto se ponía bueno, Froome se
encontraba sin sus escuderos Roche y Porte. Por el camino hasta la base de Alpe
D’huez hubo reagrupamiento y nuestro gozo en un pozo. Pronto empezaron a subir
como locos, dando lecciones a todos los madelmanes de pacotilla de por aquí.
Los del Sky eran tres: Porte, Froome y… Poels “¿Poels? ¡Sí, Poels! Y ¿quién es ese? Un escalador holandés que no lo he
visto hasta hoy”. ¡Yo que estaba
esperanzado con Quintana y Valverde porque había desaparecido el expistard
Geraint Thomas! No sé si tuvo algo que ver con su desaparición la caída que
tuvo el otro día en el puerto donde por poco la palma Beloqui hace años, pero
Petrovic no estaba ¡perdón, Thomas no estaba! Igual podían ganar el partido (la
carrera) los del Real Madrid (los del Moviestar) ¡No sé en que estoy pensando!
Resumiendo, este año me ha dejado
con la boca abierta el ciclista del Sky Geraint Thomas; parece que hasta hace
poco practicaba la “pista”, pero ha aprendido pronto y sube como el que más. El
pobre ha desaparecido y su lugar lo ha ocupado Wouter Poels; lo reconozco, no tenía
el gusto de saber de él, pero me he quedado con su cara: no se me olvidará
fácilmente que hizo casi toda la ascensión del puerto tirando de Fromme sin
despeinarse, sin ponerse nervioso, a su tren, pero ¡qué tren! No se trataba de
un Alvia, era un TAV o, mejor aún un TGV.
Termino como he empezado: se va
al vestuario Petrovic y sale a la cancha otro que lo hace como él. Desaparece
Thomas y Poels le deja medio enano. Ahora resulta que los franceses y sus
locutores están con la mosca detrás de la oreja en lo que se refiere al
rendimiento del Sky. Yo también o… ¡no!, y ¡yo que sé!
Hasta pronto. Bs.
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