miércoles, 8 de abril de 2015

El Cid cabalga... de nuevo?

Llevo unos cuantos días en el destierro castellano. Aunque por otros motivos, no me extraña nada que el Cid se fuera de aquí deprisa y corriendo. El mío se traduce en una palabra: soledad.

El pasado sábado debuté con la gente del pueblo y por los caminos de los alrededores. No tengo nada que objetar de la ruta y de la compañía, al contrario. Después de atravesar un bosque interminable de sabinas y de enebros; después de enfrentarme con una cuesta de las que hacen pupa; después de serpentear por otro bosque de encinas adornado con las fotografías gigantes de los habitantes de Hortigüela, llegamos a nuestro destino. No sé qué me llama más la atención: si el paisaje burgalés tan distinto al  navarro o la costumbre que echo en falta después de tanto tiempo sin tocar la bicicleta de monte en beneficio de la de carretera.

El domingo hubo estampida general y el pueblo, poco a poco, se fue quedando vacío. Los que nos quedamos por aquí aprovechamos para aprender los innumerables caminos que el amigo Pío se empeñó en enseñarnos en medio de una misión imposible: la ruta principal se divide en una interminable sucesión de "y griegas" que nos llevan a otro camino tan principal como el anterior y que, a su vez, comenzará a subdividirse tejiendo una maraña imposible de aprenderla en tan solo una o dos lecciones de atosigantes datos.

Con el comienzo de la semana me quedé solo. No tenía compañeros que me adentraran en el bosque, así que me refugié en la socorrida "vuelta al Cogollo". El nombrecito lo patentó hace muchos años mi hijo Adrián y me gustó. ¡Bien! Consiste en no tocar, ni por asomo, la tierra; todo discurre por asfalto. No, no penséis que es una temeridad; en los días de entre semana, puedo circular por ella con la tranquilidad de no cruzarme con más de media docena de automóviles o camiones. En esto consiste precisamente el aburrimiento que proporciona Burgos, en concreto los alrededores de Covarrubias, al sufrido ciclista. Seguridad ¡toda!, eso sí a cambio te da la oportunidad de reencontrarte contigo mismo y meditar mientras pedaleas con ahinco. 

Ayer decidí que era hora de castigar el cuerpo y no se me pudo ocurrir otra cosa que acercarme al repetidor de Tejada por la ruta de Cebrecos. La ruta es muy fácil hasta el pueblo de Tordueles; es ahí donde se toma un antiguo camino, hoy asfaltado, que te sorprende con porcentajes del 10 al 13% durante dos o tres kilómetros. La solución me la dió inmediatamente mi bicicleta de monte con tres platos. En Cebrecos hace tiempo que se paró el reloj; juraría que su apariencia actual será casi la misma que tuvo en los siglos que median desde la Edad Media hasta la actualidad, antena de TV más o menos.
En apenas un minuto atravesé sus calles y me planté en la antigua carretera de Santo Domingo de Silos. El asfalto es de los arcaicos; de los hechos a golpe de riñón y sudor, cubriendo un lecho de piedras con otro de gravilla gris y brea líquida. Todo esto, a poder ser, en verano cuando viene la calor. Enseguida llegué al cruce de Tejada y tiré p'arriba: tres kilómetros de aproximación al punto culminante de la etapa y, como decía Enterría, "sufrimiento sin descanso". Se trata una vía de tres metros de anchura y 2.317 metros de longitud y con un desnivel de 250 metros. Con estos datos, mis cálculos sitúan la cuestecilla en un porcentaje medio del 10,80%. Hay momentos en los que se descansa, al menos mentalmente, cuando en el Garmin aparecen porcentajes de alrededor del 10%. Después de esto, la vuelta hacia casa poco tiene de interés.

Hoy, como diría aquel, me ha tocado "descanso activo": trayecto corto alternando el campo y la carretera que me ha servido para sacar abundantes fotografías de buitres vigilantes de lo que acontece; destrozos de los veraneantes de "semana santa"; desahogos de los vecinos de las localidades que no tienen el menor inconveniente de tirar al campo todo aquello que les estorba en casa y tal y tal. ¡Una delicia!

Seguiré apurando las fechas que me quedan antes de regresar a Pamplona y miraré para otro lado.

Hasta pronto. Bs.

   

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