Definitivamente mi profesión es
la de ciclista. Humildemente confieso que, desde que tenía 14 años, he
procurado trabajar en las dos únicas empresas en las que he “laburado” lo mejor
que he podido y también confieso que se me ha reconocido.
Suelo andar en bicicleta una
media de 4 ó 5 días a la semana. A veces siento que soy un integrante del
equipo Movistar y otras, misterios de la naturaleza, a la vista de la
vulgaridad de la pedalada, la idea de que formo parte de un humilde saco de
patatas recolectado en el Valle de Salazar se apodera de todo mi ser.
Durante este mes de agosto he
trajinado en bicicleta de monte por la provincia de Burgos y, una vez en mi
tierra, he cogido “la de carretera” y no la he dejado quieta. En Castilla me
integré en una grupeta de Covarrubias y no hay en el mundo un grupo de enanos
que haya gozado tanto como nosotros. Por aquí ando con “los Chimeneas” o con “los
Tres de Castilla+1”; reconozco que hay muy poca diferencia entre unos y otros,
casi somos los mismos integrantes. Nos insultamos, nos alabamos, nos reímos,
sonreímos, nos picamos, nos ayudamos, llaneamos a velocidades más propias de
los profesionales de los de verdad y escalamos a ritmo vergonzoso. Para mañana
tenemos proyectado hacer una “Larra-Larrau” sin programación oficial. Saldremos
de Isaba a las 9 de la mañana y llegaremos a Isaba ¡qué cosas! justo cuando acabemos
de dar la vuelta. En nuestro ánimo está la idea de hacerlo lo mejor que
podamos, no hay sitio para las pachangas. Como contaba el extremo izquierdo del
Real Madrid Paco Gento, hablando de Alfredo Di Stefano, -“este equipo es muy serio, aquí no se ríe nadie”-
Esta es mi profesión desde hace
cuatro años: ciclista.
Tengo que confesar que soy
seguidor del blog “El mirador de Luisgui”. Como todo en esta vida, a veces me
gusta y otras no, es natural. Recuerdo, mientras asoman en los laterales de mis
ojos las arrugas propias de la sonrisa, un post (creo que se dice así) en el
que hablaba de sus vecinas las “ruskys” que tenían la insana costumbre de abrir
las puertas de su casa a cualquier hora del día y de la noche para intercambiarse
“apuntes” con la clientela. Sé de su costumbre de entrenarse muy duramente para
correr la QH todos los años con Butini. También sospecho que le gusta el
deporte de la pelota y que todas sus entrevistas mantienen un respetuoso trato
con sus entrevistados. Pues bien, una vez dicho esto, quiero hablar un poco del
último escrito que realizó acerca de la “peregrinación” de Míkel Azparren a
Santiago de Compostela.
Todas las penurias que el
mencionado Míkel sufrió el pasado fin de semana me parecen propias de cualquier
deportista que se marca semejantes metas tan descomunales, tan inhumanas. Yo ni
le adoro por sus gestas ni le detesto. He oído comentarios sobre su actividad
deportiva en los que no queda muy bien parado, pero, ante el desconocimiento
del tema, me callo. No me extraña lo más mínimo que haya tenido que retirarse a
falta de 95 kilómetros para llegar a Santiago. Estaría bueno que yo tarde 10
días en completar semejante “javierada” y el giputxi pretenda hacerlo en 24
horas y no esté contento porque el año pasado lo hizo en 25. Eso es lo que no
comprendo ni comparto.
¿Por qué no elegís otro destino
para pavonearos de vuestras gestas deportivas? ¿Por qué no dejáis a los
peregrinos que utilicen sus reglamentarios 30 días para llegar al Obradoiro o a
Fisterra? ¿Por qué no os vais al velódromo
de Tafalla y dais un millón de vueltas al anillo en un día?
¡Pues eso!
Hasta pronto. Bs.
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