Es probable que cada uno de nosotros tengamos una idea, más o menos
acertada, de la fisonomía, de las rarezas, de todo aquello que conforma a las
personas encuadradas en la palabra que las define: un perfecto MADELMAN.
Hoy, mientras oía el molesto “tac-tac” con el que el pedalier me decía a cada pedalada que, desde la última “lavada” en
la gasolinera del Seminario, estaba lleniko de agua, me ha dado por pensar si,
a grandes rasgos, coincidiría con lo que cada uno de nosotros entiende qué
significa ser, vestirse y comportarse como un Madelman. Voy a mojarme y quiero exponer mi particular idea.
Toda aquella persona que se precie de ser un Madelman, antes que cualquier otra cosa, deberá haber dejado atrás
toda idea de poder ser en un futuro un ciclista profesional. En otras palabras:
se le habrá pasado el asado, la hora o lo que queráis decir.
Deberá estar encuadrado en esa zona horaria, en cuanto a la edad se
refiere, de entre 30 a cuarenta y tantos años. Algunos habrán sido corredores
de categoría “aficionados”, o como se diga ahora; otros habrán llegado tarde al
ciclismo después de haber sido futbolistas, pelotaris, gordos reconvertidos,
montañeros, etc. La idea de seguir haciendo algo de deporte después de una
lesión de rodilla y aprovechar la condición física para recalificarse en la
categoría de Madelman nunca debe de
abandonarse.
Hay una fauna que, por su profesión, requiere estar en una buena forma
física y nada mejor que practicar nuestro deporte. Aquí encontrarán un refugio
para poder modelar su llamativa y esbelta figura a la vez que cumplen con su
sagrado mandamiento profesional.
Los madelmanes formarán un grupo
con integrantes afines a todo lo expuesto hasta ahora y seguirán fielmente con
todo lo que se dice a continuación:
-Siempre que
se tenga oportunidad, deberán colarse en alguna “grupeta” de los corredores
profesionales que habitan en nuestra querida Pamplona o en cualquier otra
ciudad del mundo. La figura del Madelman
no es exclusiva de nuestra ciudad, los hay repartidos por todo el Universo.
- - Los Madelmanes no necesitan tener otros
amigos que sus amigos; en alguna ocasión, pocas, podrán bajar de su Olimpo y
condescender a que pedalees con ellos. Si tienes la suerte de ser agraciado con
este premio, no lo desaproveches, estás a punto de entrar en el selecto mundo
del Madelman. Esto traerá consigo
una serie de obligaciones difíciles de observar, pero el premio es grande, así
que… ¡decide!
- -Los Madelmanes, dejando atrás los primeros
días de la temporada después del descanso activo invernal, en cuanto tengan
oportunidad se instalarán en entrenamientos que superarán ampliamente los 100
kms. para mantenerse en una gráfica superior a los 150 kms. cuando menos.
-
-La moda de
los profesionales de dejarse barba, ha sido aceptada en grandes sectores de la madelmanía por lo que es conveniente
tenerlo en cuenta a la hora de conjuntarse con la ropa, preferentemente de
color negro.
¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Quién fue el pionero en no llevar
guantes, Juanjo Cobo o un buen Madelman?
Respecto a esto último tengo serias dudas. Aunque, igual resulta que es un
distintivo digno de tener en cuenta y ha sido adoptado rápidamente por el mundo
madelmano y el bueno de Cobo ha sido el espejo en el que los demás se
han querido reflejar.
¡En fin! Como resulta que mi vuelta de hoy ha sido corta, no he tenido
tiempo de hacer más reflexiones sobre el asunto que me ocupa. Poco a poco
procuraré ampliarlo o, por el contrario, igual lo dejo como está, ya veré.
Hasta pronto. Bs.
Ni más ni menos. Mucho pijo hay en Madelmanía City
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