martes, 28 de mayo de 2013

En memoria de un ciclista


            Definitivamente lo mejor que podemos hacer es no darle vueltas a la cabeza y, cuando el tiempo lo permita, andaremos con la flaca. Hoy, animado por Karlos, he dado una vueltita de apenas 25 kms. por los caminos fluviales, me ha servido para desentumecer las piernas y para ensuciar la ropa; la bicicleta ya estaba sucia de antes.

            Con estos antecedentes, comprenderéis que no hay material suficiente para escribir una crónica y mucho menos marciana ciclista. Así que he decidido hablar de un chaval que se llama Miguel.

            Miguel es hijo de Ignacio y falleció hace 9 años, un 6 de julio, al inicio de los “sanfermines”.

            Era ciclista de los buenos, alto, delgado, simpático, guapo, siempre sonriente, conquistador. Cogió lo mejor de los genes de los Uriz y de los Jaurrieta.

            El primer recuerdo que tengo de él se remonta a un día de la década de los 90 en que fuimos a Larrau un grupo en el que el más revoltoso era Miguel; estábamos, además de él: Ignacio y Ana, Iñigo, Alfonso, José Antonio y yo, ¿me olvido de alguien? El recorrido consistió en subir Belagua, luego Larrau y por Lazar regresar a Isaba. Cada vez que parábamos por cualquier motivo, Miguel aprovechaba para mangar la bicicleta de uno o de otro, no tenía escrúpulos, todas le venían bien, se escapaba un rato y terminaba el juego. El chavalillo gordico entregaba la bicicleta robada y ya estaba pensando en la próxima.

            Fue creciendo y su afición al ciclismo también. No tengo recuerdos de su época de “cadete” pero sí de la de “juvenil”. El chaval de Larrau se transformó en un junco presumido que, con la ayuda de su abuela, consiguió ser el ciclista que llevaba el maillot más ajustado y elegante de todo el pelotón. Creo que un día tuvo un disgustillo a causa de ello pero nada importante. Más tarde dio el salto a la categoría de “aficionados” y no lo hizo nada mal, el chaval tenía madera y todos soñábamos en ir un día a los Campos Eliseos a chulear a su costa, abrazando a un campeón ciclista de Pamplona: Miguel.

            Tuvo algún desengaño deportivo, no le gustaron algunas cosas que veía y decidió dejarlo. Buen gesto el suyo.

            ¿Sabéis, después de lo que he contado, qué es lo que más me gustaba de Miguel? Nunca rehuyó un saludo si te veía por la calle, no tuvo ningún problema en alternar con los amigos de su padre andando en bicicleta, ¡jodé, cuanto le gustaban los bollos con nata de Irurzun!

            Pues bien, como todos los años por estas fechas, en la Cendea de Galar se celebra una carrera ciclista para juveniles que lleva su nombre. El próximo domingo desayunaremos un grupo de amigos en Eskíroz y después ayudaremos en lo que nos diga Ignacio. Ese domingo no os acompañaremos por el puerto de Sorogáin, estaremos por las rampas de Biurrun, por el El Perdón en una carrera de juveniles en memoria de un gran ciclista: Miguel Uriz.

            Hasta luego. Bs.

2 comentarios:

  1. Grande, grande, Miguel y que decir de su sonrisa, limpia y eterna. Hasta siempre.

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  2. Mi noviete a los 18.. Nunca me olvidó de el.

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