En
este mundillo ciclista en el que me muevo hay ciertas cosas que no comparto
pero que no tengo más remedio que respetarlas, acatarlas o soportarlas.
En el capítulo de “respetarlas” entran todos los que
participan en las grandes marchas cicloturistas no competitivas. Ellos tienes
su manera de entender la práctica del ciclismo, que no se acercan lo más mínimo
a mi manera de pensar, pero que la respeto.
En el asunto de “acatarlas” entran las normas de circulación, por ejemplo la
obligatoriedad de utilizar el casco; ¿qué queréis que os diga? No comparto esa
necesidad de penar la no utilización de un aparejo en la cabeza. En otro
escrito detallé que había muchos puntos en el cuerpo humano para los que no
estaban reglamentados ninguna obligatoriedad de proteger, por ejemplo, los
ojos, las caderas, la piel, las rodillas, en cambio en la cabeza sí. ¡En fin,
lo acato y a callar!
En cuanto a “soportarlas” observo desde hace tiempo que, en los foros de
opinión ciclista, cuando se toca el asunto del dopaje, siempre hay algún
iluminado que echa mano de un drogadito
llamado Miguel Induráin y al que, nadie sabe por qué, nunca le pillaron cuando
iba cargado hasta las cejas (nunca mejor dicho). ¿Cómo es posible que en las
pruebas contrarreloj sacara tantas minutadas a sus rivales? ¿Quién puede
entender que un señor de 80 kilos pudiera subir los puertos de toda Europa en
cabeza del pelotón y, cuando era necesario, dejándolos atrás? Sencillamente, porque
lo supo hacer mejor que los demás y no le cazaron. Estos comentarios no los puedo soportar, me parecen de
una ruindad asquerosa hacia una persona que siempre fue, y lo es, ejemplo de
humildad, deportividad, caballerosidad y todas las palabras positivas acabadas
en dad que podamos encontrar en el
diccionario. Parece ser que ha aparecido la noticia de que Laurent Jalabert ha
dado positivo en el Tour del 98 y lo mejor que se les ha ocurrido a los
cainitas de este país de m… es “que se
vaya preparando Miguel”. ¿Sabéis
dónde está la oficina de borrarse?
Podría extenderme mucho más acerca
de los apartados que acabo de enumerar pero he aprendido que este tipo de escritos
no sea muy largo para no aburrir al personal, lo dejo en unos esbozos y que
cada cual saque sus propias ideas al respecto.
Al pasar por Oskotz he visto este viejo caserón, a diferencia de los de su alrededor, tiene color grisaceo. También un detalle que me ha llamado la atención: el número 14. Me suena a cierto carnet de identidad pero no, no creo... seguramente que se tratará de una casualidad.
A partir de
Jaunsarás no ha existido el sacrificio, han sido 40 kilómetros plenos de goce,
las coronas del 11, 12 y 13 han dado envidia a sus hermanas de arriba. Muy
pocos vecinos de Ulzama nos han visto pasar, digo esto porque había muy pocos
en la orilla de la carretera, no porque fuéramos a mucha velocidad, que
también. Lo cierto es que antes de las 12 del mediodía ya estaba colgando la
bicicleta del techo de mi trastero. Me han gustado los entrenamientos de ayer y
de hoy: he sufrido dentro de un orden y he gozado por fuera del mismo orden. La
suma de los dos días ha dado la cifra de 150 kilómetros y… tenía ganas de
contároslo.
Hasta pronto. Bs.
Parece que le falta el crucifijo, ¿no?
ResponderEliminarEsa marca parece de un crucifijo, si. Y ese número tan en boga?
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar