martes, 29 de abril de 2014

Ja sóc aquí; que diría aquel




Me pregunto qué llevaremos metido en la genética para que nos llame tanto nuestra tierra. Da lo mismo que hayamos nacido en Galicia, Cataluña, Andalucía, Navarra… en Chile, Argentina o en la Venta de los Cojones; lo mismo da.


He pasado diez días en Castilla, Covarrubias, y los últimos ya me sobraban. Lo mismo ocurre cuando visito Cataluña, pongo por caso, todo muy bien, pero donde esté el verde, el frío de Pamplona… ¡en fin! Cosas de la genética.

Sí;  hoy nos hemos juntado los tres de siempre y dos más. No hay tiempo para otra cosa que sonreir, hay buen “rollo”. ¿El tiempo? Como siempre amenazante; los molinos indican viento del norte y decidimos bajar hacia el sur; nos da lo mismo el regreso con el viento de cara. Nos dirigimos hacia Urroz y Eolo nos pega amablemente en el culo; es apenas una caricia pero lo notamos. Oscar decide alardear de estilo y forma y le sigo. Tenemos el camino tan trillado que sabemos perfectamente hasta donde podemos llegar, dependiendo del estado de forma en cada uno de los días del año: la cuesta de Mendióroz me atrevo a subirla en plato, lo mismo ocurre con la de Villaveta; tengo mis dudas con la del cruce de Elcoaz y en la de Rípodas decido bajar la cadena al plato pequeño. Ya estamos cerca de Lumbier y el café nos alegra el paso.

Diría que nos habituamos sin problemas a la mesa de la terraza; no se nos hace hora de levantarnos. El regreso lo decidimos por el Puerto de Loiti, la marcha es un poco más difícil que hace un rato pero pedaleo contento; la bici se desplaza fácilmente y las primeras rampas caen sin dificultad. Me sorprendo cuando, al doblar una curva, me encuentro con la recta que lleva arriba del alto. La jodida de ella tiene un diseño de esos que te hacen pensar que no falta nada para terminar con el puertecillo pero los últimos 600 metros no acaban nunca.

No importa nada lo del viento en la cara, tenemos las fuerzas magnéticas de la tierra de nuestro lado y toda la “carnaza” que vemos a lo lejos cae sin piedad. Lo mejor es que tenemos tiempo para demostrarnos que vamos “sobrados” y enseguida hemos aprendido a poner postura y cara de madelmanes cuando nos pasábamos los unos a los otros.

Se nota que “el tributo al verde” que estamos pagando durante todo el año ha sido reconocido y tenemos todo, todo y todo cubierto por un manto verde que asusta. ¡Joder, que razón tenía de tener tantas ganas de volver a casa!

Esto ha sido todo por hoy, 85 kilómetros de nada con media de 30 kms/hora. No soy partidario de poner estos datos en las crónicas porque no dicen gran cosa ni a favor ni en contra. En las salidas no todo consiste en correr y correr, hay tiempo para hablar, reir, cantar y alardear, cada uno en su estilo y especialidad, por eso dejadme opinar que el reencuentro con la bici de carretera en la tierra de Induráin ha sido acobais.

Hasta pronto. Bs.

viernes, 25 de abril de 2014

Paisaje reconvertido a convento de clausura

Me he sobrepuesto al mal tiempo y he salido. He dejado que la bicicleta eligiera el camino y, con sorpresa, he visto que en todos los cruces ha tomado la dirección opuesta a la lógica. 

Puentedura, Tordueles, subida hacia Cebrecos con desniveles del 14% para desembocar en la carretera de Silos. 

A partir de ahí ya sabía mi destino: subir al repetidor de Tejada. Después de unos kilómetros de aproximación, en el primer cruce he virado hacia la derecha. El altímetro señalaba 1109 metros, después de subir durante 2,4 kms., con una pendiente máxima del 17%, he llegado al repetidor, allí el Polar decía que estaba a 1329 metros de altitud; había ascendido 220 metros y, con una sencilla regla de tres, la pendiente media resulta de un 9,16%. 


Por estos caminos en los que me muevo, llego a la conclusión de que no me hacen falta los conventos de clausura: la soledad me ha acompañado durante las 3 horas que he ocupado en mi vuelta. Apenas he visto a una o dos personas y a media docena de automóviles. Esto es lo que hay.

Hasta pronto... desde Pamplona. Bs.

miércoles, 23 de abril de 2014

La batalla de las Ardenas. Valverde y van dos!

La monotonía y la tristeza se han enseñoreado de Covarrubias. Desde el pasado sábado llueve casi tanto como en Pamplona y las ruedas de la "gorda" están gordísimas de barro.

El ciclismo no es el invitado especial estos días; el ambiente incita a leer los periódicos, hacer melancólicas fotografías, saludar con un escueto ¡hola! a los vecinos y esperar a la hora de comer. Las tardes son más tranquilas aún: algunos bares han copiado el horario francés y para las 7 barren las estancias y, con sonrisa fingida, se excusan  "sintiendo mucho tener que cerrar".

Como decía en el párrafo anterior el ciclismo no es el invitado especial estos días, ni aquí ni en la TVE. En la agenda tenía una anotación para hoy a las 14,00 horas: Eurosport, con el inefable Antonio García Alix, acompañado del "sonrisas" de Chozas y del nuevo fichaje Flecha, retransmitiría una de las grandes "clásicas" de la temporada, La Flecha Valona. Como un clavo, a las dos y media, estaba delante de la "tableta" dispuesto a pasar más nervios que un saco de ídem. Faltaban 25 kilómetros para llegar a meta y la incertidumbre se instalaba en la cabeza: Gilbert, Joaquín Rodríguez, Alejandro, Dani Moreno, Martin, Kwiatkowski (¡su padre!), quien ganará? 

Los locutores hablaban: Antonio el que más, Eduardo sonreía y Flecha daba datos recientes de sus conocimientos; mientras a Losada se le rompía el cambio, Purito se caía y otros probaban suerte y se escapaban sin posibilidad alguna. Angel Vicioso corría sin mirar atrás y ponía las cosas en orden. Por fin han llegado al Muro de Huy y todos hemos arrimado el hombro para que Alejandro Valverde Balaverde, atacando a 100 metros de la llegada, ganara de manera sobrada, insultante diría ¡qué maravilla! de mayor quiero ser como él ¡el mejor! Y pensar que nos lo quitaron durante dos años...

Pues bien, todo esto sucedía en Eurosport, mientras en TVE no se dignaban retransmitir un evento deportivo de primera magnitud que se produce una vez al año, tenían otras cosas más importantes que hacer, como por ejemplo dar imágenes del Torneo Conde de Godó de tenis, vamos... como siempre. Parece ser que, cuando acabe el partido de Rafa, en diferido, se dignarán emitir las imágenes de "La Flecha". ¿Qué criterios se siguen a la hora de elegir cual es el deporte que prima por su importancia deportiva y no por la económica? Me atrevería a apostar que, si se hiciera una clasificación en orden a la relevancia deportiva de las distintas competiciones, las "clásicas ciclistas de primavera" estarían en las primeras posiciones y muy por delante del partido de tenis que, desde Barcelona, Nadal y Ramos juegan en estos momentos.

La mala leche me ciega y, echando la vista atrás, veo que no queda sitio para contar mi vuelta de hoy por los alrededores del pueblo. Es una pena porque lo he pasado mal: he estado perdido durante un rato en el bosque, pero eso os lo contaré otro día. Hoy toca esperar a que Rafa gane de una vez a Ramos y los de Teledeporte se dignen a dar en diferido la llegada de Valverde con todos los demás siguiéndole.

Hasta pronto. Bs.


domingo, 20 de abril de 2014

Covarrubias en Mountain Bike MTB

Otra vez vuelve Serrat a visitarme. De nuevo lleva un rato cantándome que -"llueve, detrás de los cristales llueve y llueve, sobre los chopos medio deshojados, sobre los pardos tejados, sobre los campos llueve"- 


Sí; después de esconderme del sol, de soportar 27º y de hacer planes para hoy, ayer a media tarde todo el mundo corría por el pueblo rumbo a casa con olor a mojado. Y así continúa; no he aparecido por el "puente", creo que Pío y los demás no me estarán esperando. No tengo más remedio que mirar al pasado y recordar mi marcha de ayer; la de hoy no existe. 

Por los alrededores de Covarrubias existe una maraña de caminos que no logro desentrañar. No es que esté desorientado, lo que ocurre es que siempre aparece una bifurcación con la que no se cuenta; si se toma la anterior apareceré en una GR por la que habré andado muchísimas veces pero ¡es que se parece tanto a la otra! Las huertas y viñas rodean el pueblo; las encinas, los enebros y sabinas plagan los montes de alrededor. 

Pío decidió la ruta del día y remontamos el Arlanza por su margen izquierda. Al poco tiempo de echar a andar ya había desistido de memorizar los sucesivos cruces a derecha e izquierda que tomamos para llegar hasta el alto del "Manto". Las cuestas todavía no son empinadas y nos movemos en porcentajes que no superan el 7%; la temperatura andará por los 10º y debemos ser los primeros en visitar las viñas.

Poco a poco nos introducimos en el bosque y al llegar a la GR opino que será lo mejor esperar al guía pues, seguramente, habrá que tomar algún cruce que nadie había visto. ¡Premio! Apenas a unos cinco metros a la izquierda descubrimos un camino estrecho como una longaniza que nos llevará a otro más ancho que, a su vez, nos subirá a donde ya habíamos estado hace un rato y que luego nos acercará hasta el famoso vértice geodésico. Me alegro de ir bien acompañado pues, aunque ya había estado con Txiki por estos lugares el día anterior, los árboles tienen vida y cambia mucho el paisaje en una jornada.

Visitamos el pueblo de Retuerta y, tras un rodeo por los sotos, tomamos una senda siguiendo el curso del Arlanza hasta que, poco a poco, se convierte en una vereda que justamente acoge la anchura de las "gordas". De vez en cuando hay que "meter todo" pues el sentido horizontal se convierte en vertical. Aprieto el culo, los riñones y los pies y triunfo. Prueba superada. Así continuamos hasta que, en una de esas paredes, me confundo con el grip shift y, en lugar de subir al 36, bajo al 24. Subo el repechón dando chepazos; arriba, en ángulo de 90º, me salgo del camino y comienzo a bajar la correspondiente cuesta hermana de la anterior con la bici completamente desbocada; siento que la rueda trasera no toca el suelo y que me voy a dar una oxtia soberana. Si no domino la bicicleta me está esperando el amable Arlanza a unos 3 metros más abajo. No, no me caí pero se me quedó un cuerpo que paqué

Esta vuelta tenía truco, al llegar a Covarrubias la organización había programado una vuelta para el regocijo de los aficionados que consistía en volver a las andadas y subir hacia el camino de Hortigüela. Calor, moscas y porcentajes superiores al 10º hasta que llegamos a una pared que nunca sabré de su dureza subido en una bicicleta: me tuve que bajar. Ante el comentario que hizo Pío de que no conocía a nadie que la hubiera subido montado, me quedó la idea de proponérselo al "Escalador" y esperar... a que se baje una y otra vez.

Esto fue lo que ocurrió ayer; fueron cerca de 3 horas para recorrer 30 kilómetros.

Hasta pronto. Bs.


viernes, 18 de abril de 2014

Estribaciones de La Demanda

Aquí suele hacer un frío soberano. Me gustaba fotografiarme con las barbas heladas después de haber subido a la ermita de Mamblas. 


Hoy ha cambiado el tiempo; las aplicaciones me informaban de que estábamos a 2º y he tenido fe en creer lo que no sentía: frío. ¡Mentira, era todo mentira! He salido vestido con culotte largo y zamarra de entretiempo y enseguida he caído en la cuenta de que era una burda patraña; me habían engañado las modernas aplicaciones meteorológicas, mi fiel amigo Polar decía toda la verdad: estábamos a 13º y yo de invierno.

En el primer kilómetro del día ya había superado dos cuestas y las piernas han salido con bullicio a recordarme que ayer había visitado Guipúzcoa en bicicleta y que hoy venía bien dar una vueltita desintoxicante. Todo esto mi cuñado Txiki no lo sabía y, claro, ha puesto ritmo saleroso. En menos que canta un gallo hemos ascendido de los 890 metros de altitud de Covarrubias a los 950 de las huertas. Después de un corto tramo por carretera, hemos llegado a Puentedura. La gente todavía no anda por la calle y no nos ve. A Txiki el asfalto le produce urticaria y otra vez nos cambiamos al camino. Tengo una vaga idea de saber por dónde me muevo y sospecho que tenemos que tomar el camino de la derecha. La ruta es dura de cojones; no sé cuántos kilómetros tiene esta cuesta pero no tiene fin. El camino está lleno de raíces por la limpieza que han hecho para ampliarlo pero no es problema para las ruedas de tacos de la Flash

Por fin se acaba el repecho y, por el camino, me he acordado sin remedio de Olaverri: los porcentajes han oscilado entre el 7 y el 18%. Arriba decidimos girar a la derecha y circulamos sin preocupación por un camino de subidas y bajadas agradables. Algo me dice que la cosa va a cambiar radicalmente. El futuro ha desaparecido y es que la cuesta que tenemos que bajar acojona. Txiki poco a poco me deja y pienso que los frenos de disco tienen que estar rusientes. No tengo tiempo y tampoco me acuerdo de mirar al Polar, me imagino que el porcentaje habrá superado con creces los veintitantos por ciento. En medio de mi acojono he creído conveniente bajar de la bici pero los frenos no han sido capaces de parar a Ancarrana, así que no he tenido otra salida que continuar bajando hasta el final.

Desembocamos en la carretera de Ura y otra vez giramos hacia el camino de la izquierda. Nos espera otra subida que, cuando comienza a convertirse en pelma..., acaba. Me ha parecido extraordinario, hay que saber cuando es tiempo de retirarse para que nadie te diga que eres un pesado. 

A punto de sonar las 11 de la mañana, el termómetro señalaba 27º y los goterones de sudor no alcanzaban a golpear en mis zapatillas por poco. Estamos en la carretera de Silos y decidimos enfilar hacia la cerveza del "Puente".

Esto de la MTB tiene estas cosas: apenas hemos recorrido 30 kilómetros y la media ha sido de 15 kms/hora. Para mañana tenemos el plan hecho, saldremos con los correcaminos del pueblo y nos llevarán por... ¡y yo qué sé!

Hasta pronto. Bs.

miércoles, 16 de abril de 2014

Proyecto de futuro



Desde hace 14 días no me pongo delante del teclado; no me llama. Me apunto a la idea de Serrat cuando decía que -“hoy las musas han pasao de mí, andarán de vacaciones”-

Alguno de los incondicionales me lo recuerda en las marchas del domingo y hago el propósito de contar “lo que se me ocurra” en cuanto llegue a casa. El ánimo personal cuenta mucho a la hora de escribir y, durante estas dos últimas semanas, me han ocupado la cabeza otras cuestiones menos deportivas.

Tenía la vaga esperanza de arrinconar el culotte largo y me animaba pensando que, seguramente, dejaría de llover algún día, que no tendría que refugiarme nunca más en el gimnasio, que el Paseo Fluvial sería un lejano recuerdo, que tendría que rebuscar en el armario y desarrugar la licra de los “pantalones cortos”; todos esos pensamientos circulaban por mi cabeza mientras pagábamos “el tributo al verde”.


Más o menos mis deseos se han ido cumpliendo y ya empiezo a tener una raya en los muslos que delimita el blanco perenne de lo que algún día tendrá un cierto color marrón. Las vueltas de 100 kilómetros comienzan a ser normales y en algún momento las hemos rebasado. Las propuestas para la Semana Santa contienen los nombres de los más afamados puertos del lugar y a mí me gustaría oír el acento maño. Añoro llegar a Zaragoza sin haber quitado el plato grande en toda la mañana; el viento, a poder ser,  que azote el culo sin piedad y nos parezcamos más a los rodadores belgasholandesessuizosalemanesetc  que a los escaladores italoespañolescolombianosaustralianoszaireñosetc.
 
Pues sí; mi Pamplona querida sigue delimitada por su enorme y largo invierno boreal; los últimos 6 meses comienzan a quedar atrás y no quiero volver nunca más a Lumbier, prefiero merodear por Basaburua y traspasar la línea que indica: “te vas a mojar”. Prometo no hacerle ascos a la idea de visitar asiduamente al Río Urrobi y todos sus alrededores. También quiero cumplir la promesa de mirar desde el Mirador el Valle del Baztán. Más adelante no tendré inconveniente de subir Huici, ni Velate, ni de acercarme a Tafalla y, tras rozar Estella, por Echauri volver a casa. La nota colgada en la puerta del frigorífico de Esquíroz sabe que tendré que subir a Navarra desde la Baja Navarra (Basse-Navarre, Nafarroa Beherea). Todo eso y más tengo que hacer en el plazo que resta hasta que llegue Octubre.




Esto es todo por hoy. Conforme vaya desgranando el rosario de propósitos, os lo iré contando pero, por favor, ¡no metáis prisa! Además, enseguida, la semana próxima cambiaré la bicicleta “flaca” por la “gorda” y El Cid y su Tierra me verán solitario.








Hasta pronto. Bs.