No estoy de acuerdo con la falta
de uniformidad en el vestuario, pero estoy seguro de que la próxima temporada
arreglaremos este asunto. Parecemos un grupo de ciclistas que se han ido
juntando a lo largo de la mañana y que cada uno de ellos se ha vestido con lo
que le ha venido en gana: unos con prendas de Etxeondo, otros con Nalini,
Sporful, Castelli… alguno con el equipo del club al que perteneció y ya no
frecuenta; por ahí aparece uno con una chaqueta que no le favorece a la hora de
ocultar sus michelines; ¡un
disparate! No es que sea el ejército de Pancho Villa, pero a no ser porque
todos mantenemos una velocidad uniforme, hablamos entre nosotros, almorzamos
juntos, nos guasapeamos, quedamos
para celebrar el cierre de temporada en un restaurante de postín y muchas cosas
más, alguno podría pensar que no nos conocemos.
Ayer fuimos siete; somos catorce. No está mal
salir el 50% del total de los componentes del Grupo Chimeneas.
Me pareció extraordinario hacerle
caso a Carlos y enfilar hacia el sur. Salir de Pamplona por la Avda. de
Zaragoza y escondernos del tráfico del sábado por la carreterita de Imarcoain.
Aparecer otra vez en la N-121 y, con la fuerza que da el grupo, enfrentarnos al
camionaje que de forma pertinaz
asalta la antigua carretera general y así ahorrarse el peaje de la autopista.
No tengo la menor idea respecto
del estado de cuentas de Audenasa; desconozco si la autopista está amortizada o
no; tampoco sé el importe del peaje para los camiones; tan sólo me fijo en la
reata de transportistas que nos acompañan en la travesía de Campanas: ¡lo
encuentro vergonzoso! ¿Cómo es posible atravesar un pueblo por la misma vía que
existe desde la eternidad con mastodontes de toda clase y condición, mientras
la autopista languidece con usuarios distinguidos a los que la única traba que
tienen que soportar es la prohibición del tope de velocidad? Podrían circular a
200 kms/hora y no encontrarían el menor de los obstáculos para hacerlo: los
problemas están un poco más abajo, en Campanas; por ahí, en medio de las casas
y entre los ciclistas, peregrinan los gigantes de la ruta en busca de unos
eurillos ahorrados a costa del vecindario.
Otra vez me he distraído y he
empezado a hablar de cosas que no tienen que ver con el ciclismo… ¿o sí? ¡Pues
claro que tienen que ver con el ciclismo, y con la salud, con la economía y con
el sentido común!
Tal vez era por la poca fuerza
del viento norte, lo cierto es que alcanzamos Barasoain sin dificultad alguna;
giramos hacia la Valdorba y ascendimos por los 15 kilómetros que llevan hasta
Uzquita. Me encantó esta ruta. La carretera no está para echar cohetes ni para
lo contrario ¡en peores plazas hemos toreado y nos hemos callado! ¿O es que la
subida de Urquiaga está mejor? El Garmin anunciaba que la tendencia era siempre
ascendente con uno, dos o hasta tres repechitos que nos obligaron a pedalear de
pie ¡nada importante! Lo bueno estuvo en el camino de regreso con velocidades
más propias de un equipo Uci Pro Team .
Lo dicho: la ruta, los compañeros
y la manera de andar me encantaron. Me gustaría volver a repetirlo, aunque esta
vez con los maillots del Club
Ciclista Chimeneas anunciando que “ahí
vamos” y circulando a toda velocidad por la carretera libre de camionazos a su paso por Campanas y por cualquier
otro sitio que sea lógico que no lo hagan. En este mundo no siempre hay que
mirar por el dinero; cuando suceden catástrofes se gasta a espuertas por culpa
de no haber solucionado situaciones como la que digo.
Hasta pronto. Bs.