Desde el primer momento estuve
desconfiado con las predicciones de los sucesores de Mariano Medina. Me lo tomé
como un reto en el que, de salir ganador, se lo restregaría por los morros a
semejante panda de alarmistas.
Parece ser que, desde hace una
semana, los ordenadores de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET)
comenzaron a vaticinar que este weekend
la cuestión de andar en bicicleta iba a estar bastante chunga. Los hombres del
tiempo, y las mujeres también, se encargaron de ir metiendo el miedo en el
cuerpo y así, poco a poco, ir haciéndonos a la idea de que el sol que
disfrutábamos era cosa pasajera, que lo verdaderamente importante no era el
presente sino el futuro. Poco importaba que en el Valle de Ultzama la temperatura
era la ideal; que la hierba creciera sin descanso; que los árboles, sin darnos
cuenta, cogieran un tono verde que asombra; que subiendo el puerto de Velate el
sol nos comiera los brazos cuando atravesaba las mangas negras del maillot de moda. ¡No! Lo verdaderamente
guay era saber que una borrasca, negra como un pecado mortal, iba a jodernos
vivos este fin de semana. Esto me hace caer en la cuenta de lo conveniente que
resulta no saber la hora ni el día en la que se muere el personal. ¿Os imagináis
lo chusko que resultaría oír en el telediario, con una semana de antelación, la
hora del fallecimiento de cualquiera de vosotros? ¿Saber que, por mucho que
fueseis alegres por la vida, el viernes por la tarde comenzaríais con un dolor
en el costado y que el domingo por la mañana… RIP? ¡Pues eso!
A lo que vamos; los sosos han
acertado. ¡Si supieseis lo bonito que resultaba ver caer los copos de nieve por
el barrio de Iturrama! Igual que en San Juan, Mendillorri, Rochapea, San Jorge,
Chantrea, Echavacoiz, Mendebaldea, Azpilagaña, Ermitagaña, Bustinzuri, La
Milagrosa, Casco Viejo… ¿Tal vez me he dejado alguno? Me imagino cuántos
estábamos mirando a través de los visillos como cualquier vieja con el corazón partío, dilucidando si seguir
con la cara de bobo pegada al cristal o largarse al gimnasio a oler un ratillo
a sudor ajeno.
Poca gente se ha decidido por la
segunda opción; apenas 20 humanos estábamos dándole al músculo. El amigo
“escalador” suele decir a las del paseo
fluvial que “el andar engorda” y tiene razón: a la mayoría de los que
estábamos allí (hablo en género neutro) les sobraba una catarbada de grasa, así
que lo mejor será no acercarse a esos lugares, no vaya a ser que el sobrepeso
se coja yendo al gym y no al revés.
Estiramientos, algo de pesas,
levantamiento de peso con las piernas, hay que trabajar los abdominales, un
poco de bicicleta y bastante más de remo. El momento glorioso de la mañana ha
venido cuando he conseguido dejar atrás a una coetánea de Los Brincos luchando
en el banco de la trainera de Orio ¡glorioso! ¡ahí te quedas, montón de humo!
Todo esto lo he pensado sin acritud, no seais malos.
A la salida del horno he creído
conveniente ir a visitar a las chicas de la Rochapea y tomarme un café con
palmera mientras me enteraba de que hoy mi querido Real Madrid se las verá con
el equipo del país chiquitín de ahí arriba a la derecha. ¡Cuánto meacolonias
hay por el mundo!
Hasta pronto. Bs.