Tal vez me he acostumbrado a la comodidad de andar en bicicleta por las
mañanas y desdeño otras posibilidades que ofrece el día.
¡Si! Ya sé que el domingo hubo unos descerebrados que desafiaron a los charcos
de la calle y enfilaron hacia la “autoescuela”. Fueron 12 ó 13 “drogaditos” que
no podían aguantar el calorcillo de las sábanas y guasapearon sus incontenibles
ganas de estrenar el calendario de UCN. Unos cayeron en la trampa y otros,
hartos de andar con el culo prieto, decidimos dejarlo para el lunes, martes,
mier… ¡en fin! Para otro día.
-“Cuando vi las fotos en el Facebook no me disteis envidia, ¡que lo sepáis!”-
Teníais pinta de “hombres-rana” embutidos en vuestros trajes de color negro y caras
compungidas por los pasamontañas y cascos. ¡Una verdadera desidia al borde del
mar!
El lunes amaneció con una rendija de sol y por ella, Ignacio y yo, nos
metimos. Los primeros peregrinos aparecieron por Cizur y nosotros pusimos rumbo
a las Tres Cimas del Lavaredo.
No teníamos ganas de sufrir demasiado y comenzamos con la estrategia propia
de esos días: hablar.
Poco a poco llegamos a Esparza y luego el Alto de Subiza.
El viento, como siempre, de cara. Después de Olaz decidimos subir la picarra de
Biurrun con el fin de comprobar que nuestros Polar funcionaban a la perfección. Parecía que asistíamos a las
pruebas de salto de trampolín sincronizados: cuando el aparato de uno señalaba
el 10%, el del otro también; cuando el del otro subía al 13%, inmediatamente el
de al lado hacía lo mismo; si, por casualidad, uno apuntaba el 15%, otra vez
era refrendado por el compañero. ¡Qué maravilla! Casi ni nos dimos cuenta de que
habíamos terminado de subir una cuesta de, aproximadamente, medio kilómetro
entre el 10 y el 15% de desnivel jugando, como quien no quiere la cosa.
Atravesamos Biurrun y, camino de Puente, el viento de cara sin
contemplaciones. En estas condiciones no vale para nada hacerse el gallito. El
aire es capaz de aguantar toda la mañana y, si me apuras, toda la tarde; en
cambio los madelmanes sólo podemos hacernos los importantes durante algún que
otro kilometrillo, anhelando el café puentesino.
Confiábamos en dar el culo al vientecillo subiendo Artazu y no nos
equivocamos. Aguas arriba del Arga y al rato, tres horas y pico después de las
10, llegamos a casa. ¡Cuánto cuesta mover las MTB por carretera durante 71
kilómetros! Lo confieso: me salieron agujetas.
Hoy ha amanecido de la manera que acostumbra a hacerlo por aquí: -“umbrío
por la pena, casi bruno”- pagando sin moderación el tributo necesario para “el
verde pamplonés”. Yo desisto, no tengo fuerzas para tanta mirada por el visillo
como cualquier vieja; me rindo, me voy al gimnasio. Tal vez tenga suerte y
alguna desesperada madelmana sienta la necesidad de ponerse en forma bajo
cubierto. Yo me apunto al remo “indoor”.
Hasta pronto. Bs.
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